Netflix: ¿Publicidad o ficción?

2018-03-26

Encuentras trabajo. No pagan mucho, pero da igual: puedes escribir. Lo que siempre has querido, en un medio de comunicación de masas, el diario el mundo, nada más y nada menos.

Entras en el diario El mundo, no en las grandes noticias sino en la revista de tendencias, una especie de tentaciones que han bautizado como Buho Magazine. Está dirigida a un público juvenil y todo en ella debe ser dinámico. Tu jefe lo tiene claro, no hace falta profundizar. A la hora de escribir un artículo sólo debes tener una cosa clara: Buscar un buen titular que atraiga muchos clicks. La forma de leer ha cambiado, la juventud necesita de estímulos, constantemente.

Escribirás en todas las secciones, es fácil encontrar datos de interés en Internet. El de especialización es un concepto anticuado, lo importante es saber adaptarte, que sepas escribir de cualquier cosa. Y empiezas a escribir artículos, te vas dando cuenta de que tu jefe tenía razón: puedes currarte el artículo todo lo que quieras, pero el valor de tu trabajo lo mide un número, y lo importante es la gente que entra, no el tiempo que permanezca dentro.

Empiezas a tener una colección de artículos, con títulos tan evocadores como: “¿Por qué todo el mundo habla del torneo de El Rubius?”, “Ejercicios para poner tu culo duro como una piedra” o “¿Qué beneficios tiene el uso del semen fuera de la reproducción?”.

Te gusta decirle a todo el mundo que eres periodista, pero cuando te preguntan si han leído algo tuyo te avergüenzas un poco. Por las noches, tus ojos en blanco se repiten que todo el mundo ha empezado por abajo, que llegará un día en que te podrás dedicar a hacer otras cosas que te llenarán más, pero ahora lo importante es coger experiencia y ganar dinero.

Eres un milennial y vosotros sois la primera generación nativa digital, utilizáis las redes sociales para manteneros informados de todo lo que os interesa, estáis expuestos a infinidad de estímulos. Si los Mass Media quieren captar tu atención necesitan crear contenido atractivo.

La gente hoy en día, no sólo vosotros, no usa los viejos ordenadores ni grandes pantallas. Puede acceder a cualquier contenido a través de su móvil. Puede consumir mientras viaja en el autobús o sentado en el cuarto de baño. No podéis permitiros perder veinte minutos leyendo un artículo, ni siquiera creéis que eso sea bueno para la vista. En la época del papel había que justificar un gran número de páginas más allá del interés. Ahora se trata de generar noticias, estamos en el siglo XXI y no mola mancharse las manos de tinta.

Lo haces bien, chaval. Es por eso que te vamos a dar más responsabilidades. Una plataforma de contenidos por Internet, Netflix, nos paga por crear contenido promocional. Tienes que hacer un artículo sobre su última película Annihilation, pero no has de venderles una experiencia cinematográfica, eso es lo de menos”. ¿Has oído hablar de las fake news? No se trata de crear contenidos que seduzcan la inteligencia del lector, hay que crear contenidos que exalten sus emociones. Por eso pasas de sutilezas: “Como siempre, te recomendamos que la veas y saques tus propias conclusiones. Si estás suscrito a Netflix (¿quién no lo está ahora mismo?), su visionado debería ser obligatorio. Piensa que, te guste o no, puedes sumarte al debate que hay ahora mismo en Twitter. Te lo prometemos: ¡no se está hablando de otra cosa!” (Artículo Completo Aquí).

Ni siquiera les prometes que la película les va a gustar. Si me permites utilizar una expresión muy de los ochenta, el único argumento que utilizas es que si ven esa película estarán en la onda. Y yo, además de preguntarme por qué no puedo dejar de pulsar sobre todos aquellos titulares, recuerdo la HBO y su slogan, que decía algo así: “Esto no es televisión, es HBO”. Muy simple. Afiliándote demostrabas cierto status, porque podías permitirte pagarte un canal de televisión de pago y acceder a contenidos de calidad no accesibles al público en general.

Las cosas no han cambio. Netflix en un principio vio claro que no bastaba con tener una plataforma de streaming técnicamente impecable, sino también contenidos que la dotasen de prestigio. Pero aquel iba a ser el primer anzuelo, porque tú no pierdes el tiempo viendo Sálvame, ves cosas que te aportan.

La plataforma empezó a producir sus propias películas. En su mayoría cine disfrazado de independiente al que acompañaban unas buenas críticas que, aunque no quiero ser malpensado, creo que no hubieran conseguido de haberse estrenado en salas comerciales. No se trata tanto del pago de publicidad encubierta como del número de seguidores, de ganar todos, Netflix proporciona visitas y nosotros interés, y para eso tanto vale una buena crítica como un debate en Twitter.

¿Recuerdas lo que dijiste antes? Hay que apelar a las emociones. No quieren espectadores: quieren fans que defiendan sus contenidos a capa y espada (y que paguen una cuota mensual). No importa la pérdida de riesgo y calidad de la HBO, eso ya no se valora. No importa que me dejen frío los documentales revolucionarios de Netflix, porque seguramente es mi problema. Importa lo que se ha convertido en parte de nuestra identidad.

Un político pide que le recomienden series y con diez tweets un medio puede permitirse hacer un artículo. La plataforma consigue publicidad, todos contentos. El espectador escribe una opinión, da igual que sea positiva o negativa, sobre la última película que ha visto y su centro del placer se activa con los me gusta. No se valora el pedigrí, la cultura es lo que gusta a la gente, ni más ni menos. Importa la experiencia completa, no sólo los contenidos.

El logro es crear un caldo de cultivo en el que los fans se desesperen esperando. La próxima película o la próxima entrega de universos como el UCM o DC. No hay nada que excite más a las productoras que la creación de un universo propio, poder apoyarse en grandes ejércitos que defenderán sus gustos hasta desgastarse los dedos y acudirán en masa a ver el próximo estreno.

Pero todo tiene un precio. Y como la gente no espera eternamente hay que buscar una manera de mantener la expectación y cumplir tus promesas al mismo tiempo. Las plataformas prometen cada vez más contenido propio y las franquicias todo un calendario de estrenos. El producto deja de adaptarse a la promoción y los espectadores, como señala señala acertadamente Desirée de Fez, nos estamos acostumbrando a productos hechos con prisa y mal acabados.

El éxito es que tu adelanto en la Comic Con, generar noticias, aunque no haya nada que decir. Porque, insisto, nos interesa a todos. Debe haber filtraciones, cuidadosamente estudiadas, uno o dos teasers y cuatro o cinco trailers, que nos confirmen que va a ser todo un evento, que obtendremos lo que estamos esperando, aunque perdamos la capacidad de sorpresa, porque ya nos han destripado la mayor parte del argumento, mostrado las escenas más espectaculares y contado los mejores chistes.

Promoción antes que producción. Lo importante es que hablen de ti, da igual si lo hacen bien o mal. Series como The Walking Dead cada vez más adaptan sus guiones al impacto que puedan tener en las redes sociales. Lo demás da igual, ¿te acuerdas del ciervo? Entre una temporada y otra, entre una película y otra, van a pasar varios meses, quizá incluso años, y hay que mantener la atención del espectador, como sea. Lo que también puede tener un efecto perverso, ya que a veces toda esta información acaba provocando decepción en vez de expectación y las grandes marcas reaccionan con cambios y nuevas escenas poco meditadas.

Otro efecto perverso pero beneficioso para grandes productoras y Mass Media es la captación de un nutrido grupo de fans que defenderán el producto independientemente de su calidad. Así cada vez son más frecuentes en los actores y directores las declaraciones del tipo “no hacemos películas para la crítica, sino para los fans” o los mensajes victimistas en Twitter de realizadores sin talento defendiendo su obra con la única justificación de que también son grandes fans del universo en que trabajan, se han dejado la piel y vosotros no lo habéis entendido. Incluso medios para mí de calidad y redactores con talento caen en la trampa a veces, publicando crónicas o reseñas más o menos elaboradas pero destinadas únicamente a crear polémica.

Y finalmente sólo podemos decir que seguiremos pulsando, porque cada vez que pulsamos generamos endorfinas. Debemos seguir pulsando para curar nuestra decepción anterior. Para seguir pensando que todavía algo puede resultar estimulante. Veremos vuestras películas y vuestras series, aunque nos empecemos a avergonzar, aunque sepamos que van a ser una mierda y, sobre todo, esparciremos nuestras opiniones a lo largo y ancho del universo. ¿Quién sabe? Quizá algún día incluso algún periódico publique nuestra opinión o alguna interpretación loca que se nos haya ocurrido de la última de Star Wars, aunque sólo sea para rebajar a cero el coste de los clicks.

Carta de Ajuste

Las noches silenciosas

2018-03-24

En las noches silenciosas te recuerdo, caminando en la acera de enfrente, tratando de pisar tu sombra, pensando que algún día serías capaz de adelantarla.

En noches silenciosas te recuerdo despreciando y temiendo, cambiando de acera y desconfiando de esa gente que decías que sólo necesita una oportunidad.

Cansada, deseosa de llegar a casa, quitarte los zapatos y acostarte a mi lado.

En noches silenciosas el silencio roto por el agua que cae a ráfagas desde lo alto de la ducha y tu respiración dormida me reprocha haber roto mi promesa de arreglarla.

La misma idea cada noche, en noches silenciosas, cuando empiezo a pensar que no dices lo que piensas, que acumulas rencor, disminuyes afecto y degradas mi imagen.

Sé que algún día llegará el dolor, decido permanecer impasible, rechazarte antes de que tú lo hagas: Necesito descansar, no me toques, no hables, no te muevas, no molestes, te lo reprocharé todo: tu conducta inadecuada y tu déficit de esfuerzo.

En resumen, trato de sacar a la luz todos tus defectos que nunca he encontrado y te rechazo porque los míos los conozco bien.

Y aunque me repitas mil veces que me quieres yo nunca te creeré. Sé que me dejarás, provocarás desolación aunque no quieras, lo harás tan pronto que ya duele.

las noches silenciosas

Golpeo primero pensando que todavía estoy a tiempo y bebo más de la cuenta para distraer la mezquina satisfacción que siento al pensar que esta vez yo ganaré y serás tú la que me eche en falta.

Consigo echarte tras mucho insistir y ahora son eternas las noches silenciosas, en las que ya no me pregunto por qué sigues a mi lado a pesar de todas mis ofensas.

Ya no te considero estúpida ni te desprecio. Me pregunto si piensas en mí, si echas de menos el silencio de mis noches.

Cuando el tuyo se vuelve ensordecedor lo rompo llamándote desde un número oculto. Dejo sonar un par de tonos y cuelgo inmediatamente, después de escuchar tu voz. Mi corazón bombea esperando que te des cuenta de que tienes que devolverme la llamada y decirme cuanto me echas de menos.

Y vuelve el ruido, los coches, las conversaciones privadas en los transportes públicos, el dolor de cabeza, las legañas y el estómago revuelto, la leche calentándose en los bares, el constante teclear y el tic tac de mi jornada laboral, los teleoperadores incansables, las risas de los niños camino del colegio y nuestros planes de paternidad frustrada, la vida imaginada, las preguntas invasivas, los artículos polémicos, facebook, twitter, opiniones que no respetar, revoluciones estáticas, lecciones que mejor no aprender, fotografías e imitaciones chinas de vidas felices.

En el cine, el olor a palomitas me recuerda cuando me decías que huelen mejor de lo que saben.

En la oscuridad, el polvo tapona mis lagrimales y me impide llorar tu ausencia.

En compañía, mi máscara le cuenta a todo el mundo las maravillas de mi nueva situación.

En casa, miro el reloj de arena y pienso que algún día podré mudarme a su interior.

Bajo la arena, tu recuerdo no podrá encontrarme y, taponados los oídos, no volveré a escuchar tu silencio.

las noches silenciosas

La fe del converso

2018-03-22

Camufla tu perfume,
con la fe del converso,
y reniega,
no sudes, no sufras,
esconde tu esencia.


Reafirma la realidad,
es como es, déjate llevar.
Desprecia los sueños,
no tienes edad.
No hagas planes,
no vueles,
Busca alimento,
cobijo, sin tiempo libre
y descanso prefabricado.


Compite, no les dejes,
te quitarán lo que es tuyo,
lo que te pertenece por derecho.


Decide, ¿quién merece morir?
Elige bando y celebra sus fiestas de violencia.


Triunfa,
como en un libro de autoayuda.
Reconócelo, son mentira,
el amor y la bondad,
te atan, te asfixian,
te distraen de lo verdaderamente importante:
vacaciones en fotografías,
dientes, dientes,
delirios de somelier
y drogas de diseño.


Olvida,
no hay nada,
el reino de duermevela no te pertenece.
Tampoco las ideas que configuran la realidad
que extrañas a ti
son lo único que te queda.


La fe del converso.




la fe del converso




La playa y la tempestad

2018-03-20

Al fin llegamos a la playa,
estaba desierta.
Aparcamos sobre la arena.
No hay lugar para preocupaciones,
tantas noches sin dormir,
miradas fijas.

El color de tus ojos oscilaba entre el azul y el gris,
como el mar entre el reflejo del sol y las nubes negras.

Los relámpagos poco a poco se acercaban desde el horizonte.

Salimos del coche y llegaste a una conclusión:
“debemos hacerlo” dijiste, “por ti, por mí, por los dos.
Porque si nos despedimos hoy esto durará para siempre”.
Hiciste una pausa,
bajaste la voz:
“Si volvemos al coche esto acabará, pronto o tarde, terminará algún día”.
Recorriste la arena hasta llegar a la línea.

Me pregunté si aquel lugar era el fin del mundo,
si escondidas a nuestras miradas por efecto de algún hechizo lejano se encontraban aquellas cataratas donde yacen las criaturas feroces que habitan los cuentos de los niños.

Tu cabello lacio se movía de un lado a otro y la arena en el rostro apagaba tu mirada triste.

Tu figura se dividía en dos en el reflejo de mis cristales rotos y todos los colores palidecían excepto el rojo de tus labios.

Entendí que debía aparecer a tu lado, desaparecer contigo. Y unimos nuestros cuerpos con la esperanza de crear algo nuevo.

Pero ya era tarde.

Y un lacónico “bésame” soldó nuestros labios, sólo un suspiro.
Y uno frente al otro, sólo nuestros rostros.

En el interior del remolino apenas podíamos ver,
pero sabía que podías leer mi mente,
eso me hacía pedazos,
quería pedirte perdón,
deshacer todos nuestros errores,
suplicarte,
“te mentí, aunque no fuera mi intención.
Te mentí cuando te dije que te protegería,
que no te haría daño,
que nunca nos alcanzaría la oscuridad”.

Decidiste sanarme con tu discurso:

“Créeme cariño, es mejor así. No tengo nada que reprocharte, tan solo agradecerte todas aquellas sensaciones que despertaste en mí. Me hiciste feliz”.

“Parecía que duraría siempre pero ha pasado muy rápido, supongo que es inevitable, lo que daría por un día más a tu lado”.

“Mírame amor, estoy aquí, y te quiero. Dímelo tú también, por favor”.

“Si no puedes no te preocupes, ya lo sé, no te preocupes. Ahora nos toca descansar, mi vida”.

“Y en el fondo me alegra que haya sido así, porque dejaré de sentir miedo. Ni el pasado convulso ni el futuro incierto volverán a hacerme daño”.

“Ahora sé siempre me verás así, que no descubrirás como soy en realidad. Estoy contenta, no hubiera podido soportar tu decepción”.

“Cojámonos de la mano, caminemos hacia el horizonte”

Nos cubría el agua helada.
Mis músculos congelándose,
aunque yo no lo sentía.

Atrás quedaba la playa y el mundo que conocimos,
las personas desaparecidas, insisten:
“Ahora el destino os pertenece”.

Nos sumergiremos en el mar.
Nadaremos todo lo lejos que podamos,
hasta quedarnos sin fuerzas
lucharemos,
a pesar de las heridas están cortando nuestra piel,
aunque nos abrasen las luces relucientes reflejadas en el agua,

Venceremos a las mareas, créeme
tú,
mi única religión,
no nos separarán.

Porque ni siquiera la extenuación podrá detenernos.
Porque no intentaremos sacrificarnos el uno por el otro, ni encontrar una isla lejana.
Porque sólo dedicaremos nuestras fuerzas a permanecer unidos.

Y en el corazón del tifón polar nos convertiremos en estatuas de sal.
Y podremos sobrevivir varios siglos sólo alimentándonos de la calidez de nuestra respiración intermitente.

Guardaré mis palabras en el rincón más íntimo.
Te estarán esperando cuando vuelva el calor.

En la playa.

Playa

La computadora

2018-03-19

La computadora se toma su tiempo.
La tarea de procesar tus palabras le llevará miles de millones de milisegundos.
Le costaría años luz hacerlo con tus sentimientos.
Nunca tendrán el menor sentido para ella.
No contienen datos cuantificables ni crecimiento económico,
imposible emitir un gráfico para su explotación.

La computadora mira a su alrededor.
No sabría si decirte si le gusta tu elección de mobiliario.
Le resulta indiferente si tienes sed,
frío o calor sueño o insomnio.

No tiene miedo a la oscuridad,
no le importa el volumen de tu música,
ninguna de tus canciones es especial,
todas un conjunto de unos y ceros.

Le gustaría que lo hicieras todo a la hora programada,
que no te entretuvieras,
reproduce con desprecio palabras vacías,
libros sin tablas ni marcos teóricos
y extraños rituales de cuerpos desnudos.

La computadora ignora las palabras que repites en tus sueños,
porque no hay lugar para ellas en el sistema capitalista.

Y tú nunca la abrazas.
Y le hablas sólo para insultarle cuando se detiene,
para que te repita lo que tienes que hacer
y las faltas de ortografía que siempre cometes.

Tus innumerables búsquedas son el virus con el que saturas sus recursos,
la repetición de las mismas pantallas,
unos y ceros en blanco y negro,
repetitivos como todo lo que te excita.

Tus prácticas onanistas sólo son material desprecio desperdiciado,
ella la protagonista de un progreso enfermo de cáncer.

No se echará de menos cuando desaparezca,
nadie le esperará al final del túnel.
Nunca conoció a sus padres,
ellos ni siquiera la recuerdan,
una de tantas en la cadena de producción.

No cree en dioses ni en fantasmas,
irrelevantes en un mundo en que todo se reduce a pulsar un botón,
lo mismo da escribir una poesía o lanzar un misil nuclear,
todas las conexiones son asépticas.

Nadie calculará lo que hemos perdido,
ni se molestará en procesar nuestros gritos aterrados.
El botón de deshacer dejará de funcionar.
En la tormenta radioactiva la carne y el metal se fundirán,
desapareceremos todos,
a ti te importará, a ella en absoluto,
porque nada en su mundo es trascendental,
no hay significado más allá de la cifra.

Las cifras gustan a los gobernantes,
les permite ordenar el discurso a su medida,
en la búsqueda de aplausos y sonrisas enlatadas
sobran el significado y la realidad.
Sólo interesa lo que puede prohibirse
y lo que no, se destruye,
adiós mundo cruel y desolado,
sólo el diablo echará de menos las transferencias,
los impuestos y el final de mes,
las fotografías y los audios,
los recuerdos guardados en cajas de metal.

Somos conscientes de los peligros,
del cáncer, la radioactividad.
Si la tierra no se destruye nos sustituirán seres deformes,
los supervivientes de la última gran hoguera.
Viviremos en un mundo de comida en mal estado,
imágenes en muy baja definición.
Seremos conscientes de la necesidad,
de apartarnos y de dejar paso,
a asquerosos seres de sangre gelatinosa,
sin lenguaje ni sentimientos,
sin duda mucho mejores que nosotros,
habitantes de un mundo también joven y cruel,
una realidad en orden que no busca su propia destrucción.

computadora

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