El hilo invisible (Paul Thomas Anderson, 2017)

2018-03-01

Si le gusta el cine, si le gusta de verdad, estoy seguro de que sin duda sabe quién es Paul Thomas Anderson. No necesitará ninguno de esos instructivos artículos que se han puesto tan de moda, del tipo Diez cosas que (quizá) no sabías de Paul Thomas Anderson o Te vamos a contar un secreto sobre Paul Thomas Anderson que (seguramente) te dejará helado. Y, por supuesto, podrá saltarse varios párrafos de esta crítica ya que no le aportarán lo más mínimo. Me disculpo por adelantado, en mi defensa sólo puedo decir que el redactor jefe de este blog da demasiada importancia a eso de ubicar al lector, y además es un tirano. Me temo por tanto que tendrá que recorrer todavía varias estaciones antes de llegar a El Hilo Invisible.

Tras un debut sin duda estimable, Paul Thomas Anderson pasaría a ser mundialmente conocido gracias a Boogie Nights. Película que sin duda se adaptaba muy bien a aquello que en los noventa se consideraba innovador. Deudora del estilo de todos esos grandes directores a los que ahora se agrupa bajo la etiqueta New Hollywood, recuperaba a otrora una gran estrella en horas bajas (Burt Reynolds), abusaba de movimientos de cámara al más puro estilo Casino o Uno de los Nuestros, trataba un tema quizá transgresor como la industria del porno, incluso colaboraba en ella alguna de las estrellas más rutilantes del sector, y contaba asimismo con la presencia de Julianne Moore, actriz de la que, si de verdad le gusta el cine, seguramente esté enamorado (no se preocupe, le guardaré el secreto).

Debo decir, sin embargo, que aquella película, a pesar de contener escenas por las que siempre daré gracias a Dios me resultó un pelín larga e insulsa como, dicho sea de paso, viene siendo tradición en la mayoría de películas comerciales decididas a introducirse en el mundo del porno.

Después de Boogie Nights vino Magnolia, una de esas películas que salen en artículos del tipo Las cien películas que deberías ver antes de morir, o aquellos otros del tipo Grandes películas que (quizá) no conozcas. Para no alargarme sólo diré que es miel y que esta escena es magistral, como también lo son ésta y ésta. Paul Thomas Anderson disipaba cualquier duda acerca de su talento y demostraba tener el valor necesario para rodar escenas que quizás algunos pudieran considerar, ejem, en exceso arriesgadas (o no).

Con Magnolia se cerró el siglo XX y el XXI no empezó hasta el estreno de There Will Be Blood, película imprescindible en todas las listas del tipo Los críticos dicen que estas son las mejores películas del nuevo milenio ¿estás de acuerdo?

Años después, de una nueva colaboración con Daniel Day Lewis surge Phantom Thread (El Hilo Invisible). He suplicado durante semanas a mi redactor jefe que me dejara escribir una crítica sobre esta película, de verdad, nuestro blog no debería limitarse a la pseudoliteratura, existen otros placeres que también alimentan nuestras almas. Creo que es, aludiendo al tópico una de esas películas de las que sales del cine quizá no siendo otra persona, pero sí sintiéndote diferente. Hablaré de ella, por supuesto, pero el tirano insiste en que siga ubicándoles.

Para mí, serían estas tres sus mejores películas, sin embargo, debo decir que el cine de Paul Thomas Anderson, guste o no, siempre merece una especial atención. Si dirige alguna película hay que ir a verla, así de simple.

Aun reconociendo que algunas de sus películas se podrían calificar como de digestión pesada. No me alargaré, sólo diré que Punch-Drunk Love me aburrió enormemente, Puro Vicio acabó con mi paciencia y, dicho sea de paso, también con la del segundo mejor crítico cinematográfico de este país del mismo modo que nos encandiló con The Master.

Y vayamos a lo que nos ocupa. Podría ir a ver El Hilo Invisible cada día hasta que la quiten de la cartelera sin temor a equivocarme. Es una película de factura clásica y contenido transgresor, en la que cada escena se abre a infinidad de interpretaciones.

(Antes de empezar a hablar permítanme OTRA pequeña digresión: No sé lo que escribiré a partir de ahora cuando me centre en la película, pero debo advertirles que este blog es indiferente a los SPOILERS. Si siguen leyendo ésta o cualquier otra crítica literaria o cinematográfica futura lo harán bajo su propia responsabilidad).

Si pertenecen a ese grupo de personas a las que les encanta llorar en el cine, discúlpenme, pero ésta no es su película. Es una historia de amor, sí, y quizá una de las más tristes jamás contadas, pero estamos ante una película de Paul Thomas Anderson y no tras el efectismo estudiado de otros directores como Juan José Campanella (al que no menosprecio, pero es lo que hay).

Dicho esto, la película me decepcionó en sus primero minutos. Observaba aquellos vestidos, aquellos salones, aquellos paisajes, y pensaba que el director o el encargado de la fotografía se habían equivocado con el objetivo, considerando que si yo hubiera sido el hombre sentado en la silla hubiera escogido otro que proporcionara más profundidad a las escenas. Me hubiera recreado más en la belleza de las imágenes, los trajes, los decorados y me habría equivocado. Sobre todo porque todavía no sabía de qué iba de verdad la película.

Esos primeros planos tan agresivos, los viajes nocturnos en coche a la velocidad de la luz, las habitaciones que se acortaban, tenían un objetivo claro: introducirnos en la psicología de los personajes, en pequeños mundos de objetivos a veces indispensables, a veces inenarrables y siempre opresivos. Donde para él cada día de rutina sin sobresaltos es una victoria y su trabajo una religión. Donde ella lucha constantemente por encontrar su lugar en un universo rendido a las rutinas de Reynolds Woodcock, en una casa llena de gente que trabaja para hacer su voluntad. Trata de encontrar un hueco entre las infinitas rutinas y obsesiones a las que Reynolds vive entregado gracias a la fe del converso, las mismas que le atrapan y le hacen tremendamente infeliz.

El hilo invisible

En el apartado interpretativo, Daniel Day Lewis está perfecto en el papel de un hombre tremendamente desequilibrado que sólo encuentra la paz en un orden perfecto y cuyo único camino a la liberación conduce directamente a la enfermedad. Su personaje evoluciona a lo largo de todo el metraje, primero seduciéndonos, después descolocándonos hasta llegar un momento de odio supremo en el que deseamos que ella salga corriendo sin mirar atrás. Y, sin embargo, después aquel dictador empieza a mostrar sus deseos, sus debilidades y acaba conduciéndonos a la empatía, deseando que logre obtener la catarsis que tan desesperadamente niega necesitar.

Se dice que la desazón que le provocó interpretar este papel es uno de los motivos que le ha llevado a tomar la decisión de retirarse, algo que no resulta extraño dada la intensidad con la que el actor interpreta siempre sus papeles. La etiqueta de mejor actor de su generación siempre me ha parecido una boutade, no obstante hay que reconocerle una trayectoria intachable, no siendo capaces en esta redacción de recordar título alguno que no sea relevante.

A pesar de la lección dada por su compañero de reparto, su labor no eclipsa la de la para mí hasta ahora semidesconocida Vicky Krieps. Interpreta un personaje fuerte, a pesar de estar atrapada por la admiración, el amor y demás circunstancias dañinas, lucha durante todo el metraje por destacar sus opiniones, su aportación, la originalidad de su personalidad y, finalmente, también por encontrar el modo de comunicarse de una forma única y sincera con la persona que más ama en este mundo.

Al contrario de lo que ocurre con él, del pasado de ella apenas conocemos nada. Nada que nos haga entender el motivo por el que se entrega a ese amor descorazonador y mínimamente pasional. Sin embargo, la actriz consigue crear un personaje fuerte, que a pesar de haber entregado todo su ser a su gran amor es incapaz de conformarse con ser solamente un maniquí, de ocultar su personalidad, sus opiniones, sus aportaciones y su manera suicida de resolver los problemas. A destacar también el tour de forcé que mantiene con Leslie Manville, el tercer pilar, la hermana de él, a quien domina y por quien hace esfuerzos sobrehumanos para mantener el orden de su universo.

Finalmente, no me queda claro si el amor triunfa o quizá sólo se trata de las últimas reacciones químicas de dos almas moribundas. No lo sé, me encuentro indeciso, vean la película y saquen sus propias conclusiones porque yo no puedo ayudarles.

El Hilo invisible

Habitaciones blancas

2018-02-27

Habitaciones blancas.

Desperté en habitaciones blancas,
paredes blancas,
sábanas blancas,
luz fría
y tormenta en el exterior.

Hoy no estás
y no sé si volveremos a vernos.
Si nos atreveremos a enfrentarnos a la tormenta
o si ella, quizá acabe devorándolo todo.

Habitaciones blancas

Sólo tu presencia me calmaría ahora,
sólo tu voz asusta a los rayos y los truenos,
sólo tus abrazos me curan,
sólo tus labios me hacen sentir,
tantas cosas.

Vuelves a hacerme sentir inseguro,
como cuando era un adolescente.

Vuelves a hacerme recordar
los portales oscuros,
los abrazos
y los besos robados.

Habitaciones blancas

Rozas mi chaqueta,
me dices que esté tranquilo,
sólo somos dos personas,
dos que pasean,
siempre haciendo el mismo recorrido,
que toman café,
visitan mercadillos
y ven películas en el cine.

Somos dos personas,
unidas,
quizá podríamos hacer tres o cuatro
y no siempre nos mostramos lo mejor de cada uno.

Somos palabras sobre fondo blanco,
cenas y ritos cotidianos,
de incierto futuro,
trastornados,
ilusiones nunca vanas,
destructores de mundos,
justicia imaginada,
ansiedad descontrolada,
música pegadiza,
tardes de nada,
habitaciones llenas,
tacto en un sofá,
risas desenlatadas,
no desencantadas,
cadáveres valientes
o actos cobardes,
resiliencia o fin del mundo,
tormenta o calma,
magdalenas con pepitas de chocolate o agua de mar embotellada,
confusión o claridad.

habitaciones blancas

Habitaciones blancas

Soy el amante de Lady Chatterley y su marido impedido,
celebro homenajes en tu honor y escupo sobre la tumba de aquellos antepasados
que tanto nos perturban,
y a veces decido olvidarte,
porque las noches me derrumban
y ya no necesito tu sonrisa,
y puedo sentirme triste,
y sentirme libre de ti,
y necesitarte.

Necesitar tu calor cuando el sudor empapa mi cuerpo
y siento frío al soplar el viento de la mañana.
Eres el rayo de sol que no sé si llegará a quemarme,
eres la redención de millones de cielos que optaron por derrumbarse,
eres la ausencia que desespera,
las palabras que nunca llegan,
mi ilusión matutina,
y mi mallor pesadilla

Eres tan dulce.

¿Por qué no quieres aparecer en mis sueños?

Habitaciones blancas

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Poesía

Eutanasia

2018-02-26

Eutanasia

Existo, tal vez. No logro recordarlo. ¿Me recuerdas tú? Estoy seguro de que apenas. No miras en mi dirección, entre los caminos que crean las ruinas y las luces que proyectan sombras.

Trato de no estar en ningún lugar, de ocultarme de las miradas de los extraños. Trato de no ser nadie, de caminar hacia el infinito. Así, de esta manera, me aseguro de que mi presencia constituya ausencia.

Y me muevo en la duermevela, entre imágenes que no son reales. Recordando aquella persona que fue feliz pero nunca lo fue. Una persona que apenas recuerdo, en cuya sonrisa no me reconozco.

Eutanasia

Eutanasia

Viví intensamente nuestros planes de futuro. Ilusiones de una realidad que nunca llegará. Y vuelco a despertarme aquí, en la pesadilla.

Las pesadillas despiertan al amanecer y, para huir de ellas, paso el resto del día enganchado al narcótico sabor de la eutanasia.

Camino de la autodestrucción. Ahora que estoy solo no es tan divertido. La existencia sólo es cuando hay testigos. Entonces, pienso en salir a la calle y empezar una nueva vida. Pero, antes de atravesar la puerta, mi aliento es de metal.

Eutanasia

Y te escribo una hagiografía satánica. Mi baile ya es torpe, desesperado. Hace siglos que no sonrío y las lágrimas no calientan mi rostro. Me siento en un rincón fumando un eterno cigarrillo y caigo en la cuenta de que te has convertido en parte del mundo exterior.

Tal vez, si salgo a la calle te vea disfrutar con ellos y la única verdad será clara para mí: No nací en la posibilidad de redención y ahora me encuentro solo, vacío de ilusiones y de futuro, mi pesadilla es tener que enfrentarme constantemente a la realidad y estoy asustado, y sé que tú no te molestarás en venir a salvarme.

Eutanasia

Cuadernos de viaje lunar

Las luces alternas (Always)

2018-02-26

Las luces alternas

Las luces alternas

Las luces alternas

Ha pasado el tiempo
y han aumentado las responsabilidades.
La madurez me agota,
pero cuando estoy contigo me siento joven.

A veces me miro al espejo,
raramente me gusta lo que veo,
tengo demasiada barriga,
tantas marcas en mi rostro…
Cuando posas tu mirada en mí,
sonríes,
haces que me sienta atractivo.

Digo demasiadas estupideces,
ninguno de mis chistes ha tenido gracia,
¿Por qué he dicho eso?
No debería haberlo dicho.
Sin embargo,
tú te ríes con mis historias
y todas mis teorías te parecen interesantes.
De repente soy inteligente y divertido.

Las luces alternas

Me planteo metas y soy incapaz de cumplirlas.
Mis pensamientos se desordenan constantemente.
Mi seguridad se diluye.
Pero contigo a mi lado me convierto en un derroche de talento.

Al despertar
veo tu rostro.
Mis pesadillas se desvanecen.

A tu lado pienso:
muéstrame todos tus defectos,
deja que disfrute de ellos.
Grítame,
insiste en que me tienes que ir detrás,
quizá algún día no vuelva a sentirme solo.

Los amores de tus libros no resisten comparaciones.
Tus personajes literarios aman en blanco y negro.
Nuestra historia será así,
quizá la más simple,
pero hemos habitado este mundo
y quedará escrita en el horizonte.

Las luces alternas (Always)


Poesía

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