Hermenéutica del Deseo

2018-04-19

¿Nos conocemos? Prométeme que nunca me abandonarás. ¿De qué color son mis ojos? Mándame un mensaje cuando llegues. Cuelga tú, no: cuelga tú. Alucinará cuando le propongas echar un polvo en los baños de su restaurante favorito. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Es la mujer de mi vida. Será el padre de mis hijos. En la felación: si te corres te mato, cariño. Me he leído todos los libros necesarios para comprender tu apariencia. Hueles a perfume. Me sentía cómodo en relaciones de plástico, hasta que te conocí. ¿Cuánto me quieres? Te quiero de aquí a la luna y volver. ¿Tanto? Seré mejor, sólo por ti. Este cura está para hacerle un pájaro espino. Bodas de oro. Bodas de plata. Bodas de bronce. Cada semana visita la tumba de su mujer y le lleva flores. Nos haremos pareja de hecho, nosotros no necesitamos un papel que diga que nos queremos. Triángulo de Amor Bizarro. Lo que más me gusta de él es que parece que no va a quedarse calvo. Enséñame a besar. Me basta con que me roces para correrme. La respuesta es sencilla: el gato de Schrödinger. Cómo alguien como tú se pudo enamorar de alguien como yo. Él es más guapo, pero tú eres más atractivo. Me ha guiñado un ojo. ¿Qué estará pensando? Si te mira a los labios es que le atraes. Perdí la virginidad a los trece años. Mi corazón late más fuerte cuando te veo. Me gustaría que tuviera la personalidad de éste y el cuerpo de aquel. Sexo y conversación. Me estoy carteando con un preso que mató a 30 personas. ¿Podrías enviarme un vídeo haciendo globos de chicle? No te regales, pero asegúrate de que él ve lo que quiere ver. Transmite seguridad en ti mismo. Hazla reír. Cinco paja, diez mamada, veinticinco completo. No soporto a tu madre. Cómo puedo estar enamorado de ti si no entiendes la música que me gusta. No te pongas ese avatar en facebook, tenemos amigos comunes. Nunca seré lo suficientemente bueno para ti. Qué pasa, ¿es qué tienes la regla? Carbura, nena, carbura. Diez cosas que las mujeres creen que atraen a los hombres y como que no. El amor es frágil como el cristal. Tener un hijo tal vez pudiera ser la solución. Vamos a engañarnos, y dime mi cielo que esto va a durar siempre. No sé cómo pude enamorarme de él, no le gusta leer. Prefiero la playa, tú la montaña. En los viajes de trabajo siempre aprovecho para ir de putas. Lo mejor es perder la virginidad cuanto antes. La nuestra es una relación platónica. Sí, estoy casado, pero nos vamos a divorciar, te lo prometo. Le preguntó qué era lo que más le gustaba de ella, y él le respondió que eran sus ojos, días después los recibió por correo, en una caja de cristal, envueltos en papel de periódico. Te quiero, pero no te deseo. Siempre podemos quedar como amigos. Amor significa no decir nunca lo siento. No lo volveré a hacer, te lo prometo, esta vez tienes que creerme. Tía, no te ralles. No todo el monte es orégano. Sorpréndele con una cena romántica. No repetiremos los errores de nuestros padres. No quiero perderte. No puedo olvidarte. No comas con la boca abierta, eres un cerdo. Todas las mujeres sois unas histéricas. Yo me casaré por la iglesia y tú por el juzgado. Me he enterado porque entré en su correo. A mi novio no le gusta que quede contigo. Me han dicho que duermen en camas separadas. El amor sólo es química, no decidimos de quien nos enamoramos. No le denuncia porque está enamorada de él. Si no estás celosa es porque no me quieres lo suficiente. No es lo mismo follar que hacer el amor. Hay hombres que en la marcha atrás no se retiran a tiempo para demostrarte que ellos tienen el control. Llegas muy tarde últimamente, ¿estás viéndote con alguien?. Encontrarás el amor cuando dejes de buscarlo. Hay mucha hipocresía entre las parejas vainilla. Los hombres pensáis con la polla. Te marchaste y ahora me siento melancólica, y no estoy bien. Algún día se superarán los prejuicios respecto al amor a los niños, como en su día se superaron los relativos a la homosexualidad. Mi vida eres tú y solamente tú. Siempre nos arrepentimos demasiado tarde. El día de la boda es el más importante en la vida de una mujer. Yo primero miro el físico pero después en lo que más me fijo es en la personalidad. Prefiero los vídeos de dominación femenina. Prefiero los vídeos de sexo anal. Es una locura que te vayas a vivir a Alemania por amor, vas a arruinarte la vida. Los jóvenes viven el sexo más libremente de lo que lo vivíamos nosotros: prefieren el sexo virtual al real. Me da vergüenza decirlo, pero no perdí la virginidad hasta los veintiún años, vivía en un pueblo pequeño. Le echaba nuez moscada en el café que le hacía cada mañana. Esos hombres tienen derecho a hacer con su vida lo que quieran pero no deberían besarse en público, y menos si hay niños mirando. Las dos maestras vivían juntas en una casa a las afueras, eran la comidilla del pueblo. Jesusito de mi vida, eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Aquel cura me tiró al suelo, se puso encima y me violó. La maté porque era mala, la maté porque era mía. No puede dejarle porque no se puede mantener por sí misma. Este vestido cuesta 15000 dólares pero podemos hacerte un descuento del 2%. Desde aquel día fatal todo me parece mal, nunca más volveré a querer sentirme bien. La persona que crees que soy no existe. Busco compañera de piso, posibilidad de reducir la cuota de alquiler a cambio de favores sexuales. Inglaterra ha decidido crear un Ministerio de la soledad para paliar una de las mayores plagas de las sociedades modernas. El otro día me crucé con ella y tenía un moratón en el ojo. Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse. El amor es mentira. Sé lo mucho que has rezado por mi alma, pero es tarde, yo ya estoy condenado. Él le preguntó si sería capaz de matar y ella respondió: “sólo si me dejas”. El lugar más seguro del mundo es a tu lado. Me has hecho mucho daño. Sin ti no soy nada. No me quieres, nunca me has querido. Te odio. Me has destrozado la vida. Nunca te perdonaré. Amarte significa siempre sentirme inferior, estar siempre triste, dejar que me hagas daño. Perdí la virginidad a los once años, con un pederasta en un baño público. Echo de menos a la persona que eras antes. Me mataré si me dejas. No llores cariño, todo saldrá bien.

deseo

Bañeras cavadas en la nieve (ausencia de sentido)

2018-04-15

Te extrañé,
en mis largos viajes,
entre charcos de lefa y bosques encantados,
entre sus habitantes violetas,
más allá de la aurora boreal,
tendido en un vacío de sentido,
entre brumas de melancolía y recuerdos pornográficos,
donde los osos blancos ya no podrían hacerme daño,
en los lugares donde nunca estabas,
empujado por una ausencia total de orgullo.

Te encontré
al sentir mis manos apretar mi cuello.
Estaba tan cansado,
pensé que ya nunca volvería
y me vi reflejado en el espejo,
una imagen que parecía capaz de conseguirlo todo.
Y te pensé,
volviendo a la civilización,
iniciando revoluciones tan sólo con mis palabras,
levantando a los muertos de sus tumbas,
haciendo desaparecer la enfermedad y el sufrimiento,
abriendo en canal a millones de cerdos con mi espada
para liberar de sus malos recuerdos
a todos los niños que alguna vez fueron explotados.

Te olvidé,
aquella misma noche,
entre los cincuenta y cinco y los noventa grados bajo cero,
intentando entrar en calor,
emocionándome para después eyacular
sobre el rostro de mi soledad.

Después caí rendido.

Y comprendí que sólo al final,
cuando no me queden fuerzas,
todo cobrará sentido.

Bañera - sentido

Michel Foucault

2018-04-15

No existe una lengua común; o mejor dicho, ha dejado de existir: la constitución de la locura como enfermedad mental, a finales del s.XVIII, levanta acta de una ruptura de diálogo, plantea la separación como cosa ya hecha y sume en el olvido todas esas palabras imperfectas, sin sintaxis fija, un poco balbucientes, con las cuales se llevaba a cabo el intercambio entre la locura y la razón. El lenguaje de la psiquiatría, que es un monólogo de la razón sobre la locura, sólo pudo integrarse sobre ese silencio. No he pretendido hacer la historia de aquel lenguaje; sino la arqueología de este silencio

Michel Foucault

Palabras sencillas

1
2018-04-15

Palabras sencillas

 

Palabras que envidio

 

Palabras ajenas

 

Palabras propias

 

A veces las palabras más sencillas son las más difíciles de conseguir. Damos millones de explicaciones, cuando lo difícil es hacerte entender que detrás de mis errores sólo existen dos palabras: te quiero.

 

Y no pido perdón, o lo pido a destiempo, demasiadas veces, y te alejas, y yo sólo pienso en tener la razón, aunque todo será una mentira y la única verdad que te necesito.

 

Gran ola de nubes - Palabras sencillas

 

 

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Palabras sin voz

2018-04-12

Los textos banales. La cotidianidad. Aquellos que sus profesores de literatura en el instituto comentaban con un entusiasmo nada contagioso. La descripción pormenorizada de la mujer amada, los sitios abandonados, los campos de castilla o las narices superlativas. Lecturas que no eran épicas, que estábamos seguros de que nunca nos podrían cambiar, viejos que miraban al mar sin la esperanza de encontrar una isla del tesoro, santos inocentes que nunca visitarían nuevos planetas o amantes rudos como el de Lady Chatterley.

De niño supongo que muchos querían ser como D’Artagnan. Lo cierto es que yo prefería la profunda melancolía de Athos. Soñaba con enamorarme de una mujer como Milady de Winter, y lo hice: de sus encantos y de sus oscuras artimañas. Leí su historia tumbado en la cama, despreciando el sueño, buscando desesperadamente una nueva línea, batiendo mi récord de páginas.

El blanco y negro de La Ley de la Calle me aburría tanto como la voz melosa de Mickey Rourke. En Rebeldes había un rescate, una gran pelea donde se diluían la decepción y las aspiraciones de los protagonistas. Había realismo, sí, pero se disfrazaba de grandilocuencia, como también lo disfrazaba Monseñor Escrivá de Balaguer en El Camino, sean sinceros, no nieguen que estas líneas animarían a cualquiera a entregar su vida a Dios: “Voluntad. —Es una característica muy importante. No desprecies las cosas pequeñas, porque en el continuo ejercicio de negar y negarte en esas cosas —que nunca son futilidades, ni naderías— fortalecerás, virilizarás, con la gracia de Dios, tu voluntad, para ser muy señor de ti mismo, en primer lugar. Y, después, guía, jefe, ¡caudillo!…, que obligues, que empujes, que arrastres, con tu ejemplo y con tu palabra y con tu ciencia y con tu imperio”.

Monseñor habla de despreciar la cotidianidad, los pequeños placeres, buscar la trascendencia, abrazar la fantasía con la misma determinación con la que lo hacíamos cuando éramos niños. Siempre hemos despreciado el realismo, con la misma intensidad con la que odiamos nuestras limitaciones, porque creemos que la vida no debería ser una repetición en plano fijo. Los enamorados deben serlo hasta la muerte, como en Romeo y Julieta, como Athos y Milady teñidos en la tragedia.

Insistimos en que el amor es la fuerza irrefrenable que mueve el mundo, pero no se engañen, eso no nos convence, porque muchas veces nuestras decisiones dicen lo contrario, y dejarse llevar por una pasión incontrolada suele ser una buena excusa para arruinarnos la vida. En el cine americano siempre pasan cosas, en los funerales siempre hay alguien que da un discurso exhortando a los asistentes a derramar ríos de lágrimas o alguien que les recuerda que siguen vivos y que han de vivir la vida con gran intensidad, como contagiados por un hechizo de locura, otra fuerza irrefrenable que les lleva a adquirir incluso responsabilidades penales.

Por eso solemos despreciar a los realistas. No nos sumergimos en las páginas de un libro ni entramos en una sala de cine para ver lo mismo que vemos todos los días. Un funeral en que pocos lloran en silencio y muchos conversan acerca de cosas cotidianas, en el que vuelven a casa pensando en la jornada laboral del día siguiente, en los sueños que el difunto ya no podría realizar o en mejorar su dieta porque él era muy joven para que le diera un infarto. Permítanme decirlo de manera clara: No mola en absoluto.

Sin embargo, acabamos llegando un punto en que nos damos cuenta de las cosas a las que damos verdadero valor. Y aunque a veces se salgan de la rutina otras están perfectamente insertadas en ella.

Cuando visitamos a tu abuela en el hospital, aquel sitio no era gran cosa, una habitación sin ventanas y mínima luz artificial. Le había dado una embolia, no estaba para darnos discursos acerca de lo fugaz que es la vida, ni para revelarnos ningún terrible secreto. Sólo se expresaba con la mirada, pude ver en sus ojos incomprensión y el miedo al final trágico para el que nunca estamos preparados. Y tú no le soltaste ningún discurso, ni le dijiste cuanto le querías, sólo le acariciaste con suavidad, le sonreíste y le arropaste. No te tumbaste junto a ella, no derramaste toda tu sal en su almohada. Sólo le hablabas con una dulzura que no necesitaba ser acompañada de ninguna música que la resaltara.

Y cuando le temblaba el labio te diste la vuelta o con tus ojos húmedos y una voz menos decidida me preguntaste: “No se morirá ahora, ¿no?” y yo sentí la fragilidad de siglos y siglos de literatura.

Y supe que nunca más me querría separar de ti.

Después volvimos al coche. En el camino hablamos de cosas triviales. Preparamos la cena y vimos algo en la televisión para despejarnos un poco. Nunca hablamos de ese momento, no es una anécdota que nos venga a la cabeza para compartir con las visitas. Y no es que sea desagradable, no es que no sea especial o trascendente. Es simplemente que, a pesar de su importancia, nunca hemos creído que sea una historia que vaya a enganchar a nuestro público.

Clown Paul Klee

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