Sabes hablar bien (con tesón)

2021-03-13

Sabes hablar bien (con tesón)

Siempre quedarán sus canciones, pero eso no es excusa para no echarle de menos. Su voz rasgada se apagó a los 58 años, el ocho de enero, de un cáncer de laringe. Él componía canciones y yo las escuchaba mil veces. Algunas todavía consiguen ponerme la piel de gallina. Sobre todo aquellas que componen los discos de la que considero es la trilogía esencial de Barricada: Pasión por el ruido, Rojo y No sé qué hacer contigo.

Podría poner tantas, incluso varias que no aparecen en estos tres discos. ¿Quién no recuerda No hay tregua o Lentejuelas? Quien no lo haga desconoce parte de mi universo. Escojo ésta, porque en ella Boni nos explica cómo funciona y cómo funcionará siempre nuestra sociedad.

Sabes hablar bien (con tesón)

Quizá la pena no se deba tanto a la muerte en sí como al hecho de darnos cuenta de que parte de nuestro mundo se está desvaneciendo y algún día todo él desaparecerá para siempre. Que tuvimos la suerte de que ellos vivieran con nosotros aquellos días y que aquellos días ya nunca volverán.

Y, sin embargo, siempre quedarán las canciones, haciéndonos estremecer, sentirnos capaces de cualquier cosa, acompañándonos de momentos más oscuros o recordándonos quienes somos.

Y, lo más importante, que nunca hay que dar un paso atrás. Porque nadie evita la paliza por salir corriendo.

Sabes hablar bien (con tesón)


La canción del día


Midsommar (Ari Aster, 2019)

2021-03-12

Midsommar es una película de horror que convierte lo insólito en cotidiano. Se cuece a fuego lento para acabar en un incendio, después de una sucesión de imágenes construidas bajo un prisma diferente donde no se muestra al espectador lo obvio, lo que está ocurriendo, mientras construye un escenario donde todo puede pasar.

Crea una constante sensación de peligro en un mar de calma cuyas aguas se vuelven a veces turbulentas y teñidas de sangre. Mientras tanto, entre impacto e impacto, nada. Tranquilidad, seres cocinando y tomando el sol de noche, en el solsticio de verano, en los límites de nuestro mundo. La naturaleza en todo su esplendor. Gente vestida de blanco repitiendo rituales sin prisa, donde nadie se sienta hasta que llega el momento preciso y nadie come hasta que empieza a hacerlo quien tiene que empezar. Aunque nunca sepamos quién es ni por qué le han escogido.

Midsommar

Ari Aster construye su holocausto caníbal desde una perspectiva totalmente opuesta. No se trata de los occidentales que se encuentran con una comunidad salvaje que se rebela contra el estado sino de una comunidad de gente culta, nacida en Suecia, summum de la civilización occidental, donde los asesinos no odian ni pretenden dar una lección al turista del primer mundo, sólo siguen un sencillo ritual que tiene todo el sentido en su interior.

Midsommar

Sólo es un oso. Sólo son drogas que te hacen perder el sentido de la realidad. El coito como un ritual aceptado y escoltado por toda una comunidad que mira y participa de manera activa. Pequeños toques numinosos que nos indican que lo que está pasando es cierto, nada más que lo que tiene que pasar, la naturaleza sigue su curso. El suicidio como ritual familiar. La vida y la muerte supeditadas a un ritual macabro. Sacrificio que se entrega al sol de la medianoche.

Midsommar

No hay porno de torturas ni escenas no aptas para estómagos sensibles. Porque estamos ante un director que sabe que estamos de vuelta de todo. Yo todavía no, pero empiezan a surgir las generaciones que se han criado en Internet, una herramienta que nos brinda a acceder a todo tipo de imágenes, por macabras que sean, y desincentiva nuestra imaginación. Todo lo contrario que esta película en la que una casi eterna luz del día esconde terribles secretos que sólo podemos recrear en nuestra mente porque nunca sabremos lo que ha pasado exactamente. Porque lo más importante es lo que no se muestra.

Midsommar

Lo mejor: Florence Pugh.
Lo peor: La forma en que se plantea la relación entre la pareja protagonistas.

Midsommar


Cine


Brote psicótico

2021-03-12

Brote psicótico

Oigo vuestras voces en el silencio.
Mis miedos y complejos
rellenan los huecos que hay
entre vuestras palabras.

Intentáis aparentar normalidad,
como si algo en mi mundo pudiera serlo
o si hubiera en mi un rastro de cordura.

Confesadlo,
tenéis miedo.
Nadie sabe
como puedo
reaccionar.

Ni siquiera yo.

Preferiríais que no estuviera ahí,
que hubiera muerto
en el útero de una mujer
flotando en estricnina.

No sé si lo viví,
pero aún recuerdo su sabor amargo.
Es extraño este veneno,
tan amargo como la vida.

Ven aquí,
abrázame.
Es insoportable
el silencio
de tu cuerpo
cuando intenta huir
de mi dolor.

Vuelve,
antes de que me descomponga
metido en una bolsa de plástico
en algún vertedero de residuos orgánicos.

Sólo tú me hiciste daño
y necesito matar a todos
para castigarte.

Ellos lo saben
y evitan mirarme a los ojos.
Piensan que, si no me ven,
dejo de existir.
Y sólo los más valientes
repiten tres veces mi nombre
reflejados en el espejo
del ascensor.

Brote psicótico

Soy extraño,
siento como se remueven
mis entrañas.

Es mi cuerpo,
rebelándose,
intentando detenerse,
intentando evitar
lo que está por venir.

Sólo quiero abrazarnos
en un incendio.
Poder arrancarme el corazón
para que no me hagas daño.

Sólo ver tus ojos derretirse
para que ya no puedan
mirarme de aquella manera.

Que nuestro sudor
sea gasolina
que avive las llamas
de nuestros recuerdos perdidos.

Aquellos en los que parecíamos
una foto de un bello paisaje
donde nuestros cuerpos
transmitían calor
y no,
como ahora,
el mío miedo,
el tuyo repulsa.

Una foto,
un paisaje,
tal vez Finisterre,
tal vez más allá.

En los mundos que no conocimos,
donde nos prometimos ser siempre felices.

Y la vida sólo era un camino por recorrer (juntos).


Brote psicótico.

Brote psicótico

Finisterre

Entrada en poémame Brote Psicótico


Poesía Brote Psicótico


No matarás (David Victori, 2020)

2021-03-06

No matarás


Todo el mundo tiene un pasado y, por supuesto, Mario Casas también. Siempre habrá algún voluntario dispuesto a recordárselo, sacar a relucir al chulito de series y películas destinadas al público adolescente.

Y poco importarán sus colaboraciones con algunos de los directores más interesantes de la cinematografía patria o su tendencia a aceptar papeles más allá de los límites de su zona de confort. No matarás es un buen ejemplo de ello.

No matarás

Todo el mundo tiene una opinión. Yo, por mi parte, creo que es un actor que siempre lo ha dado todo y, aunque muchas veces se haya pasado de intenso y haya corrido, involuntariamente, en la dirección contraria a la hora de interpretar sus papeles, con el tiempo ha aprendido a contenerse y a desarrollar estrategias que le han convertido en un rostro imprescindible en un panorama cinematográfico poco dado a dar más de un par de oportunidades a sus jóvenes promesas.

No obstante, no estamos (sólo) ante la nueva batalla de Mario Casas para demostrar su valía y ser tomado en serio. Y no importa si se pone intensito en algún momento, porque precisamente si algo caracteriza esta película es su intensidad. Es la llama de una cerilla que prende tras varios intentos para después explotar y, finalmente, ir desapareciendo poco a poco sin dejar de arder.

No matarás

En ella Mario Casas interpreta a Dani, un chico alejado del mundo exterior del que se protege con la música que no deja de sonar en sus auriculares, entregado en cuerpo y alma los últimos cinco años a cuidar de un padre incapacitado suponemos por alguna enfermedad terminal. La película empieza tras la muerte de éste. Poco a poco, Daniel ha ido olvidando sus sueños, todas esas cosas que se había perdido, tras años de sacrificios y renuncias.

Pero, gracias a la ayuda de su hermana (Elisabeth Larena, en un papel que destaca por su sensibilidad), decide que ha llegado el momento de dar un golpe de timón. Sin embargo, el miedo le paraliza en el último momento, cuando estaba a un toque en la pantalla de su móvil de cambiar su vida, sentado en un bar donde conoce a una joven (acojonante en todos los sentidos la interpretación de Milena Smit) que le obligará a hacerlo de una manera inesperada y brutal.

No matarás

En la primera parte de la película vemos como Mila “obliga” a Daniel a cruzar líneas rojas, una tras otra, hasta que llega a aquella en la que ya no puede darse marcha atrás. Quizá el problema que le veo a la película es que, a partir de ese momento, queda atrás esa especie de instinto que me decía que me encontraba ante una versión hardcore de Jo, qué noche y la película deriva por derroteros más convencionales.

No obstante, No matarás sigue siendo hasta el final un coctel explosivo de ansiedad y adrenalina que te mantendrá alejado de la pantalla del móvil (a no ser que la estés viendo ahí).

Y lo mejor es que acabará antes de que la llama se consuma.

Lo mejor: El trío protagonista.
Lo peor: Algunas escenas de acción un tanto confusas por esa manía de marear la cámara.

No matarás


Cine


Nochebuena en soledad

2020-12-26

Nochebuena en soledad


Cuando decidimos no guardar los cambios las palabras desaparecen, pero su significado sigue pesando. Quizá incluso más que antes. Porque, cuando la literatura no puede arreglar la realidad, nada puede hacerlo. Excepto tú, tú sí que podías, convertir la vida en algo perfecto con una sonrisa en una fotografía de tu cara bañada por el sol, o con frases que nunca logré entender y mi cabeza apoyada entre tus piernas mientras me tocabas el pelo con dulzura, hipnotizándome con tu voz, normalmente aguda, entonces ronca.

Nos dormimos en aquel sofá, ajenos a ese incendio que iba a devorar nuestras vidas. La luz del sol oscurece al atardecer. Esa hora en la que intenté escribirte una carta que, por arte de magia, hiciera desaparecer todo el dolor. Pero fui incapaz de despedirme y, al contrario, me limité a enumerarte todos mis reproches, a despreciar tu compañía. A pesar de que lo único que ansío en este momento es que volvamos a estar juntos.

Todo es mentira. Mentira el amor. Estúpidos esos que dicen que no podrían pasar dos meses sin follar o la idea de que sufrir por amor consiste en desollarse la piel, coleccionar heridas profundas que nunca dejarán de escocer en un mar de lágrimas. Mentira que no puedo vivir sin ti, sé que puedo hacerlo, pero la vida se me antoja tan oscura. Oscura y dolorosa, y caprichosa, decidida a recordarme tu ausencia en todo momento.

Me imaginaba que era una roca. Pero supongo que las rocas también se cansan del golpeteo constante de las olas del mar. Envejecen, poco a poco, cansadas de mirar a un horizonte que jamás alcanzarán. El problema es que quizá pensemos que el amor compensa eso. Por eso ahora pienso que mi vida está vacía. Y prefiero odiarte a pensar que antes también lo estaba. No guardar antes de reconocerlo. Aunque las palabras duelan igual.


Nochebuena en soledad

Nochebuena en soledad

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