La luz más intensa

2018-06-13

La luz más intensa

Es capaz
de ver hipopótamos
invisibles,
escondidos,
en un jardín botánico.

No lo digo por que sea
mi ojito derecho.
Ni porque fuera capaz
de arrancarme el izquierdo
si está lo suficientemente enfadada,
pero ella es la más luminosa del universo.

Cuando sonríe,
piensas en su sonrisa.
Cuando juega,
convierte en perfecto
lo que parecía no serlo.

Y sólo con mirarla
es capaz de hacerte sentir
la responsabilidad más apremiante
y la alegría más intensa.

Siempre fue un milagro,
lo que surge al juntar
huesos, músculos y sangre.
Ella surgió para atestiguarlo.

Aunque te mande a tu cuarto,
sabes que siempre estará unida a ti.
Posará en todas tus fotos sin descanso
y siempre será la más lista,
la más simpática,
la más dulce,
la más guapa.

Tan especial
que se impone
a todos los titulares
de la prensa.
Pura como un diamante,
capaz ordenar el mundo,
en una espiral infinita
de millones de colores
en el suelo de su habitación.

la luz más intensa

Las muertes delicadas

2018-06-13

Las muertes delicadas

Pobres infelices
que mueren
a dos
o a dos mil kilómetros
de distancia.

Pobre impacto
de miserables despersonalizados.
Gotas en el estrecho,
casas destrozadas
y vidas en ruinas.

Observa el sol
una piel que ya no arde.
No desfallecen,
ante la desnutrición,
ya perfectamente asimilada.

Dicen que sueñan
con mansiones de plata y cristal.
Sus hijos van a morir a la playa
y, mientras se ahogan,
consumen tu bienestar.

las muertes delicadas

Mis viajes al fin de la noche(XIII): Verso mínimo

2018-06-05

Mis viajes al fin de la noche(XIII): Verso mínimo

Debo aprender
a vivir contigo
y a vivir sin ti.

A mirar dentro,
sin dejar
de mirar
fuera,
donde tú estás.

A tomar decisiones
conjuntas
y también
por mí mismo.

A no sufrir
cada vez
que te escriba
y no estés
en línea.

A no chocar
siempre
cuando escucho
coros
de sirenas.

No sólo
a quererte
sino
también
a que sientas
que lo hago.

Debo aprender
tus peculiaridades
a la hora
de recibir
sexo oral.
Todos tus pliegues,
detrás
de las rodillas,
entre el muslo
y tu trasero.

Píntame
un dibujo
en papel
blanco esperma.
Destrózame
al amanecer
clava
tus dientes
en mi piel.

Dibújame
una poesía,
blanda
e imperfecta,
igualmente
fascinante.

Debo sentir
el sol,
que eres tú
iluminando
mi ciudad.

Debo rebelarme,
aprender
a discutir,
saber que,
después
de cada pelea,
siempre volverás.

Existiré
en todos
tus mundos.
Existirás
no sólo
en
mi recuerdo.
Serás
verso mínimo,
refugio máximo.

Aprenderé
a dejarte
notas de amor
escritas
en la puerta
de la nevera
cada mañana.

Escupirás
sobre mí.
Ensuciarás
mi mundo.
Limpiarás
mi mente.

Sabré
que soy yo,
que existo,
que camino.

Tuve
una vida
dura.
Un pasado
turbio
antes de ti.
Fui la tormenta
y tú
mi relámpago.

Nadaremos
hacia
el horizonte.
En el mar
desteñirán
nuestras arterias,
rojo sangre, peligro manifiesto,
al contacto de nuestros cuerpos,
agua que nunca apagará nuestro fuego.

Y no olvidaré lo que me dijiste
a partir de ahora debería moverme con total libertad,
nunca desmerecer lo cotidiano,
dejar que el lector busque entre los huecos
y alargar las frases,
las palabras
y las letras.
Hasta que no quede un solo espacio de mi alma que no haya sido escrito.
Habrá tantas interpretaciones como lectores,
mas la única que cuenta es la tuya.

El agente S.

 

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Mis viajes al fin de la noche: Final improvisado y fallido (fragmento libre)

1
2018-06-03

Mis viajes al fin de la noche: Final improvisado y fallido (fragmento libre)

Y no dejamos de conocernos,
es más, ahora nos conocen todos,
pues nuestras hazañas
se retransmiten en los cinco continentes.
Desde el día que me prometiste que nos iríamos lejos,
donde a nuestros perseguidores
les sería imposible encontrarnos,
donde nuestro amor
no desaparecería nunca.

Te mueves al ritmo de mi mente
y dejas que sea yo mismo a tu lado.
Nunca me has torturado
con la persona que debería ser.
Y me has perdonado
cuando yo he necesitado torturarme.

Vivo en una fe mayor en ti
que en mí,
pero satisfecho,
no desfallezco,
ni siquiera cuando tengo que saltar al río
para esquivar a nuestros perseguidores.

Muévete al ritmo de mi mente,
deja que sea yo mismo a tu lado,
no desfallezcas,
por muchas que sean las montañas
que crucemos en nuestra huida.

Dormiremos en tiendas de campaña,
en medio de bosques inhabitados,
entre criaturas que el hombre no conoces
y tú me abrazarás para que no tenga frío.

Descubriremos lugares hermosos,
más allá de la civilización,
bosques de árboles parlantes
y océanos salvajes.
Nos bañaremos en sus aguas
Y te abrazaré para que no tengas miedo.

Surcaremos los caminos,
volaremos más allá de las murallas
y follaremos en libertad por primera vez,
como animales,
podrá faltarnos alimento,
pero nunca vida.

En todo el mundo se retransmitirán nuestras aventuras,
seremos lo que ellos siempre quisieron ser.
Mataremos todos los animales que nos puedan alimentar,
sin ningún rastro de remordimiento.

Porque la sociedad ya no nos controla.
Porque estamos aburridos de mentes bienpensantes,
que ignoran a todos los seres humanos que murieron
desde el principio de la historia de la humanidad.
Porque tú y yo no somos como ellos,
desdeñamos la crueldad
y no siempre tenemos razón,
y sólo huimos,
sólo nos alimentamos,
sólo disfrutamos,
sin perder el tiempo.
Porque ellos nos siguen,
y nos matarán si nos ven,
o algo aún peor.
Nos impondrán sus débiles visiones,
sus discursos aprendidos,
la necesidad de una aplauso,
la lucha en pro de la estupidez,
universal e institucionalizada.

Ven conmigo,
iniciemos este viaje.
Tú me acariciarás el cabello,
para que nunca decaiga,
y tocaremos nuestros bellos púbicos
para bailar de alegría,
después descansar,
mirándonos el rostro
en instantes infinitos.

final improvisado y fallido

Mis viajes al fin de la noche(XII): Yonqui

1
2018-06-02

Mis viajes al fin de la noche(XII): Yonqui

Y cuando por fin entendí que, a partir de ahora, debería considerarte una desconocida apareció ella. En una fiesta casual, en algún lugar de la Sierra Madrileña, le escuché decir que estaba deseando dejar su trabajo para volver a estudiar; estaba harta de los horarios imposibles y del turno de noche.

Era hermosa a su manera y desde el punto de vista de todos los que le miraban. No tenía el pelo muy largo, sí ojos de pupilas enormes y labios carnosos, de esos que podía besar sin pintalabios. En ella había sólo un defecto: aquellas mallas con dibujos de yonqui que, cuando empezamos a hablar le critiqué sin descanso.

Establecí una teoría según la cual las mujeres no deberían llevar pantalones porque no lo habían sabido hacer con la suficiente responsabilidad. Su vestimenta había alcanzado dibujos y roturas imposibles, nunca la habían cagado tanto con una falda y casi nunca en su selección de medias. Me gustaban las medias, sobre todo el tacto contra mi sexo. Me pregunté si las mujeres no estarían constantemente excitadas cuando las llevaban y, por suerte, no llegué a decirlo en alto.

Establecí una teoría según la cual ellas llevaban aquel tipo de pantalones sólo por una razón: querían imitar la extrema delgadez de los yonquis, aunque en la mayoría de los casos no lo consiguieran. Y, cuando me encontraba dispuesto a recibir todo el contenido de su vaso en mi rostro, ella sonrío y me llamó gilipollas. Después me dijo que sabía leer la mano y yo le dije que no creía en esas cosas. Me la cogió sin permiso y me dijo que mi línea de la vida no era demasiado larga, que eso está bien porque, de lo contrario, acabas aburriéndote.

Después me dijo que veía un viaje en mi futuro. Me acompañaría ella, en el metro, en dirección hacia su casa, si es que no encontraba nada mejor, claro. Se dio la vuelta y se fue. Y, por mucho que la buscara entre tanta gente, no conseguía encontrarla.

Entonces empezó el espectáculo, porque la fiesta era por lo visto en una casa que compartían un grupo de artistas locos que habían preparado una performance de fuego y marionetas.

Y me aburrí tanto como me he aburrido tantas veces en mi vida. Mostrando indiferencia y habitando, de nuevo, una realidad alterna. Donde alguien me explicaba no una estúpida teoría que había estudiado en la universidad, sino una inventada que me convencía que el arte de la quiromancia tenía absoluto sentido y era infalible.

Que por mucho que quisieras nadar a la contra,
tus designios se iban a cumplir.
Que quedaban sólo unas pocas horas
hasta iniciar nuestro primer viaje juntos.

Y apareciste a las seis,
envuelta en luces de colores.
Yo pensaba en hacerme un llavero con tus ojos,
tú en nuestros cuerpos desnudos,
despegados e insaciables.

Una noche que termina tarde
o un día que empieza pronto.
No me pides que me quede,
pero yo lo hago
y tú no te quejas.

Y la mañana fue como todas las mañanas de domingo.
Estabas boca abajo,
con la espalda desnuda
y desee disponer de tantos días como fueran necesarios
para explorar todos sus rincones.
Respirabas, dormías, eras un milagro.

Y consecuentemente maravillado pensé que, si no se detenía el tiempo, deberíamos levantarnos para comer en algún momento. Y hubiese sido ridículo decirle que después de cuatro palabras y un par de polvos me había enamorado de ella. Entonces quise prometerle sólo una cosa: Ella y yo nunca jamás seríamos dos desconocidos.

yonki

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