Cirujano patafísico (II): Los deseos alternos

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2018-05-15

Cirujano patafísico (II): Los deseos alternos

Viene de:
Cirujano Patafísico (I)

Dos semanas antes…

Nilo tenía dolor de cabeza y el estómago revuelto; dos síntomas clásicos de la resaca. No recordaba perfectamente la noche anterior, pero había sido, sin duda la más extraña de toda su vida.

La del sábado había sido una mala tarde con Laura. Se había pasado el último mes cuidándola, haciendo todo lo posible por entretenerla. Todo lo posible para que no pensara ni en Martín ni en el accidente.

Había vuelto agotada de Madrid. Estaba devastada. En un principio apenas era capaz de comer, no digamos ya de sonreír. Se pasaba el día en casa de sus padres, tumbada en la habitación mirando al techo, con los ojos fijos en aquella horrible lámpara de araña, o viendo telebasura o leyendo algún libro ligero para poder llorar cuando los protagonistas se demostraban su amor.

Nilo, en una ocasión, había podido leer lo que ella sentía: “Martín había pintado para mí un vergel daltónico, un futuro perdido que llega ahora, cuando mi casa se ha convertido en un contenedor de rincones desiertos y habitaciones abandonadas.

“Estoy cansada. Mire donde mire hay recuerdos, hasta el infinito. Quizá fueron pocos meses, pero yo llegué a sentirlos como media vida. Recuerdos diferentes a otros recuerdos, esta vez no merece la pena vivir sin ellos.

“No estoy aquí, porque no estar con él significa no estar. Porque esta capital es un agujero enorme, repleto de manchas y suciedad, personas perdidas, vidas destrozadas, pobreza por doquier.

“Nuestro ángel prometió protegernos. No dudo que lo intentó pero era incapaz de preverlo todo. Ahora me mira horrorizado, sin saber qué decir, su boca abierta sus ojos desencajados, sin saber cómo colocar sus brazos ahora que nunca jamás permitiré sus abrazos.

“Y eso que sé que no fue culpa suya. Que soy yo, estoy maldita. Siempre lo he estado. Fui una niña triste y una adolescente perdida.

“La felicidad de la que presumen en la televisión nunca estuvo hecha para mí.

“No encontraré ningún camino, sólo la eterna pregunta. ¿Por qué yo no? Por qué no puedo despreocuparme, disfrutar de las pequeñas cosas y amanecer con el sol cada mañana.

“Por qué no puedo ser feliz, por qué me esfuerzo tanto en evitarlo.

“Porque no es mi naturaleza.

“Y Martín no se cruzó en mi camino sino para confirmarlo”.

Nilo nunca había conocido a Martín. Sin embargo, estaba harto de él. Laura no hablaba de otra cosa. Por mucho que él pusiera de su parte ella siempre se mostraba renuente a mejorar.

Y es que si contaba una historia siempre salía él. Martín decía, Martín estuvo, Martín hacía, Martín escuchaba. Un fantasma la había poseído para hacer de la vida de Nilo algo insoportable. Porque había sido él quien siempre había cuidado de ella y también era el que estaba ahí ahora que su vida se había derrumbado. Durante meses Nilo tuvo que soportar su silencio. El hecho de que pareciera que ella consideraba que siempre tenía algo mejor que hacer que hablar con él, o preguntarle cómo estaba. Tan centrada estaba en Martín que parecía no importarle si había pasado algo en la vida de Nilo.

Él sólo le importaba en la medida en que como apoyo, no era más que el pañuelo en el que derramaba sus lágrimas y sólo permanecería a su lado en esta época de extrema sensibilidad. En cuanto mejorara le volvería a dejar tirado. Quizá quedaría con él alguna tarde, para tomar café de vez en cuando, pero sólo porque sabía que en el futuro le podría necesitar. Mientras no sería lo suficientemente guapo, inteligente, divertido o atractivo para que Laura se plantease en serio compartir su vida con él.

Y lo peor de todo es que él siempre le había dado estabilidad. Sabía perfectamente que con ella sería feliz, pero no sabía explicárselo. Porque era incapaz de callarla con un beso o imponerse en una discusión.

Como aquella tarde. Había quedado para ir al cine. Nilo tenía muchas ganas de ver la película. Ella sólo iba a ir para acompañarle. Y al final no la vio ninguno de los dos porque ella llegó media hora tarde y él no fue capaz de dejarla tirada y entrar solo al cine. Estuvo incluso preocupado por si le había pasado algo. Y sólo era dejadez. Y le convenció de que no tenía importancia, que tomarían un café e irían a verla otro día. Y Nilo incapaz de trasmitirle lo mucho que le había molestado, sólo capaz de lanzarle indirectas en una patética táctica pasivo agresiva que ella siempre ignoraba.

Tomaban un café. Uno delante de otro en uno de esos bares tradicionales, sin aspavientos decorativos. Nilo pensó que el café estaba bueno, pero no sabía que estaba próximo a atragantársele porque ella tenía una confesión que hacerle. Palabras que demostraban su falta de sensibilidad. No debió contarle algo que él no quería saber. Quizá ella sabía que era un error contárselo, pero no lo pudo parar; era preferible desahogarse aunque ello implicara partirle el alma en dos.

-¿Recuerdas que te dije que Marcos había venido al funeral de Martín? – Nilo asintió, ella empezó a jugar con su pelo y siguió hablando- Estaba guapo la verdad, se ve que le ha sentado bien vivir fuera de casa; ha adelgazado unos cuantos kilos, se ha dejado crecer el pelo y la barba y ya no lleva los jerséis que le compra su madre, viste mucho mejor. Llevaba una camiseta de Joy Division y una chaqueta de cuero desgastada, me dijo que era de su padre.

-¿Fue así vestido al funeral? –El gesto de desaprobación era evidente.

-Sí –Laura soltó una carcajada. Nilo la observó maravillado, hacía mucho que no la veía reír así. Su rostro se transformaba de una manera maravillosa cuando lo hacía- No era lo más adecuado, pero me dijo que se había enterado esa misma tarde. Fue curioso verle allí… Me recordó a cuando me regaló aquel libro de pequeña. ¿Sabes? Todavía lo tengo. Fue mi salvador entonces y también quiso serlo ahora…

Y se hizo el silencio. Y Nilo supo la historia que iba a venir a continuación antes de que se la contara. Después del funeral quedaron para cenar otro día. Fue una cena agradable, llena de recuerdos. Y ella se divirtió. Tenía la sensación de no haberse divertido en siglos, a pesar de que Martín había muerto hacía sólo unas semanas.

Bebieron mucho vino. Él le acompañó a casa, tentado de besarla en cada farola decidió respetar su duelo. Pero ella no. Se sentía perdida, sola, pero sobre todo no se sentía. No era capaz de sentir nada, ni siquiera el dolor. Pensó que Marcos le podría hacer sentir algo. Se abrazó fuerte a él y buscó su boca, después se buscaron sus lenguas. Se encontraron. Volvieron a perderse. Y volvieron a encontrarse. Recorrieron sus cuerpos desnudos en la misma cama en la que ella había hecho el amor con Martín un mes antes. Los dos se corrieron, más de una vez. Y después del coito, como todos los animales, se sintieron tristes, cada uno por una traición diferente.

Nilo no hubiera necesitado conocer esa historia. Se puso pálido, y entendió que ella era presa de una extraña aflicción. Pues lo que le había contado no era lógico. Se fue sin decir nada, sólo se sentía mal y Laura parecía realmente preocupada. Pero daba igual; sólo era una pose. Ella no le quería, él nunca le había importado. Despreciaba a la única persona que realmente hubiera podido hacerla feliz.

Y recorrió la ciudad de bar en bar. Bebiendo sin consuelo, por más que tantos médicos le habían dicho que no lo hiciera. Repasaba en su mente las imágenes del coito y tenía ganas de llorar. Se detuvo en una barra, bajó la cabeza. Se sentía mareado, con ganas de vomitar.

Hasta que alguien se puso a su lado y sin mirarle, mientras mantenía la cabeza baja, le dijo:

“Hola Nilo. Sé que no me conoces pero lo harás. He podido leer tu mente hoy. Y vengo a ofrecerte una solución a tus problemas.

“Sé cómo puedes hacer que Laura sea feliz, aunque es largo de explicar y difícil de entender. ¿Te interesa?”

Continuará…

los deseos alternos

Placeres inexplicables

2018-05-15

Placeres inexplicables

Soy la versión comercial y la censurada,
la edición bilbaína, la mallorquina y la japonesa.
El que existe y el que imaginas.
El que nació, murió y resucitó al tercer día.
El que se colgó en la cruz tantas ocasiones,
sólo para que le prestaras atención.
Músculos, huesos y grasa, mucha grasa.

Soy quien se activa cuando es de noche y pasa el día mirando al infinito.
El que desconoce a la persona que era ayer, hace diez años, en el albor de la existencia.
Aquél del que no te puedes beber su sangre; poblada de sustancias nocivas.
La persona que siempre quiere hacerlo bien e invariablemente se sale de la línea trazada.
Soy las creencias que te avergüenzan,
las mentiras que te repites antes de dormir.

Soy la pena,
el dolor y la nada.
Orden e inventor de horarios.
Quien sólo se avergüenza cuando tú no estás delante.

Soy santo y pecador,
vendo falsedad y salvación,
apartamentos en la Costa Brava
y coches de segunda mano.
La mayor estafa piramidal,
las esperanzas vanas,
los placeres inexplicables y delictivos,
el onanismo que juega al escondite,
el olor de tus escrementos,
la vida eterna,
el sabor metálico de la sangre de tus víctimas,
los miles de realidades ocultas,
las mujeres de vida disoluta,
el desamor al que te aferras,
el alcoholismo persistente,
la ludopatía destructora de entrañas,
el tabaquismo que adorna quinientos tipos de cáncer,
la violencia policial,
el terrorismo ciego, creencias desesperadas,
el sexo como vehículo de infecciones,
los números rojos,
móviles de última generación,
la venta a plazos,
y el estigma de las clases populares,

Inventé el intelectualismo
las canciones del verano,
el sentido de la vida
y la mentira a la que te aferras.

Reniega de mí,
te someteré a las peores torturas.
Puedo destruirte de un sólo golpe
pero lo haré poco a poco,
como hago conmigo,
pues te cree a mi imagen y semejanza.

placeres inexplicables

Sociedad riesgo

2018-05-13

Sociedad riesgo.

Sociedad red.

Siempre nos columpiamos a la vera del riesgo. Yo lo hago constantemente. Hoy, por ejemplo, había prometido que seguiría con aquella historia por entregas de la que es bien seguro que usted, mi querido lector, espera una segunda parte.

Escribiendo esto me arriesgo a que se canse de esperar; y prometiéndole que mañana me pondré con ello a lo que me arriesgo es a que deje usted de confiar en mi palabra.

Por favor, siga leyendo; el tema es más grave de lo que parece. Podría decirse que su vida y la mía están en juego. Hasta tal punto que Héctor ha entrado en crisis después de leer este artículo. Se ha ido primero al médico a que le diera la baja y después a casa. Todos nos sentimos intranquilos en la redacción, no sabemos si volverá algún día, porque para él todo ha dejado de tener sentido.

Ahora mis compañeros me odian, sólo por escribir este artículo. No sé si usted llegará algún día a leerlo, ya que cabe la posibilidad de que el informático, prototípico pajillero que ya pasa de la treintena, lo pierda de alguna manera inimaginable, o se niegue a colgarlo cuando lea mi manera de describirlo

Vengo a hablar de dos sociedades: La sociedad del riesgo y la sociedad red. Dos conceptos que no sé si he llegado a entender del todo, pero me obsesionan.

¿Qué es la sociedad del riesgo? Fundamentalmente es una definición certera del posmodernismo, una corriente que vacía de sentido a las instituciones poniendo cada vez más énfasis en las soluciones individuales. La sociedad del riesgo es la sociedad que se pone en peligro a sí misma a través de la desinformación, los rumores y la desconfianza sistemática.

Porque no hablamos de esa sociedad dividida en dos grandes bloques que disponen del armamento y la dosis de locura suficiente para acabar con el planeta, no. Hoy la cosa no va de eso, es todavía peor: Hablamos de una sociedad red que, gracias a los adelantos tecnológicos ha conseguido interrelacionarnos a todos con consecuencias que son de todo menos predecibles.

La sociedad interconectada. Un mundo nuevo en que los paradigmas culturales están más estandarizados. En que podemos contarle nuestros secretos más íntimos a una persona a miles de kilómetros de distancia, y ella puede entenderlos, y más o menos también como funciona nuestra vida, ya no somos tan diferentes porque nuestra realidad común ha sido objeto de una gran distorsión, se ha convertido al tiempo en real y virtual o, mejor dicho, virtual que pretende ser real.

Los que vivimos el cambio en primera persona y tenemos edad suficiente para recordar el antes y el después de la virtualidad vivimos ese inicio fascinados. Nuestros padres creían que todo eso de Internet era una tontería, sí, pero con el tiempo también han ido cayendo.

La primera vez que entramos en un chat no fuimos conscientes del peligro que entrañaban las microrelaciones que ahí se producían. Sólo era divertido conocer gente. No pensamos, por ejemplo, que las redes podían convertirse en vías de comunicación entre pederastas o terroristas internacionales.

Y los pocos que cayeron en la cuenta no fueron conscientes de que ése no era el mayor peligro que entrañaban las nuevas y enmarañadas redes interconectadas. Y no lo sabían por una sencilla razón: todavía no conocían en profundidad ni los peligros de la automatización ni la insondable mística que acompañaría a la información que fluye a través de las redes sociales.

El ser humano siempre ha consumido información. Siendo animales sociales es importante saber qué ocurre a tu alrededor. En la época anterior a la actual, cuando los medios preeminentes eran la radio y la televisión, esta información estaba mediatizada por el ejercicio de la libertad de prensa. En las redacciones se definía lo que era noticia y lo que no, también el enfoque que había que dar a determinados hechos, y se publicaba en consecuencia.

Ya existía la posverdad, lo que la RAE define como: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Los medios de información clásicos eran expertos en eso y empezaban a dibujar una sociedad cada vez más polarizada, donde el periódico que uno compraba cada mañana se convertía en toda una seña de identidad.

Si bien, también es cierto, que en aquellos medios existía y existe una cierta ética que, por ejemplo, permitía que actuaran como filtro de noticias falsas. Puede usted pensar que esta afirmación es un tanto ingenua. Pero le diré que si algo diferencia la posverdad actual de la de aquella época es que actualmente ésta es completamente impredecible, entre otras cosas porque nunca sabes dónde va a nacer la noticia.

Una persona no podía ir a una redacción a pedir que publicaran su foto en un periódico porque era un pederasta. Insistirían en que habría que hacer una investigación previa, le pedirían pruebas, eso si no ocurría lo más probable: que se negaran en redondo a participar en una caza de brujas.

Hoy cualquier persona dispone de un altavoz para realizar esas acusaciones y estas pueden propagarse o no fruto de la casualidad, del número de me gustas y comentarios que puedan recolectar. Cualquier persona puede generar una reacción en cadena que acabará con su vida. Porque no hacen falta pruebas, sólo que los contactos de esta persona crean en su palabra y compartan, y compartan después los contactos de los contactos que a su vez tienen más contactos. Personas que ahora mismo le injurian sin control, y lo harán hasta que, en una versión moderna de la muerte zulú, acabe rompiéndose el hilo que le conecta con la sociedad. Perderá su familia, su trabajo, sus amistades, todo, aunque la mentira acabe por demostrarse, porque ya será demasiado tarde.

Los medios de comunicación eran empresas. Hoy nuestra historia es la de un conjunto de individuos que a la vez son protagonistas y público, y que se levantan cada mañana dispuestos a enfrentarse al mundo y sobresalir entre una ingente competencia con armas mínimas. Al igual que los periódicos vivimos la fiebre del titular. Hemos de impactar a los demás. A veces lo podemos intentar con un copioso desayuno, otras compartiendo un artículo que creemos dice verdades como puños sobre éste o aquel tema, y otras veces compartiendo noticias que producen una respuesta inmediata, sin importarnos tanto la veracidad de los hechos retratados como el que esta noticia se adecúe a la imagen que queremos dar y a nuestra visión del mundo.

Vivimos expuestos al peligro de que cualquiera de mis opiniones pueda ser juzgada por la opinión pública. Una opinión que, en la era de la información, donde se vive la ilusión de que desde nuestro cuarto podemos acceder a toda la información veraz y conocer al dedillo los entresijos de las estructuras que condicionan nuestras vidas. Una opinión que nunca va a reconocer que no tiene la suficiente información para juzgar ciertos hechos. Le basta sentirse lo suficientemente indignada.

El principio de Peters sostiene que, en el momento en que un determinado número de personas se convence de la veracidad de una información, independientemente de que se ajuste a la realidad o no, ésta comienza a tener consecuencias reales. Por ejemplo, si extendemos el rumor sobre un grupo amplio de personas de que su banco va a quebrar y todas estas personas toman esta información como real, seguramente empezarán a sacar el dinero de sus cuentas para proteger sus ahorros. Si esto lo hace una masa significativa de clientes del banco, el banco quebrará. Independientemente de cual fuera el grado de saneamiento de sus cuentas antes de que empezara a propagarse el rumor.

Los rumores controlarán su vida. Fíjense, la ciencia económica se basa fundamentalmente en ellos. En profesionales que pretenden analizar una realidad compleja en tiempo real y máquinas que tomarán decisiones en base a unas calificaciones numéricas. ¿Podemos hacernos ricos gracias a la inteligencia artificial? Unos pocos tal vez puedan, pero el resto nos encontramos atrapados, esperando que no haya nadie que decida que nuestra empresa o nuestro país es un lugar al que los mercados no deben acercarse.

Y puede usted pensar que todos estos cálculos siguen un método científico. No somos juguetes del destino sino individuos libres que toman decisiones racionales. Pero lo cierto es que la ética y la legitimidad que sustenta las empresas de calificación de las que tanto ha oído hablar usted en los últimos años, está basada únicamente en la mal llamada libertad económica. Grupos de individuos que toman decisiones racionales para maximizar sus beneficios. Y todavía esperamos el giro según el cual esas decisiones serán también positivas para el conjunto de la sociedad.

De aquí proviene la desigualdad, pero no sólo. Es usted el que no deja de compartir noticias que nos hacen cada vez más desiguales. El que considera que no puede compararse su opinión informada con las de la masa de ignorantes que pueblan las redes. Y, de repente, se ve compartiendo noticias de dudosa racionalidad y calado. Como las que dicen que montones de inversores extranjeros se marcharán de su país si gana el partido de la oposición. Una situación que no se ha producido pero que empieza a tener consecuencias. Porque ya hay numerosos inversores que empiezan a plantearse la huida, porque la oposición va a ganar y eso tendrá terribles consecuencias en la economía.

Porque ya no somos capaces de asumir nuestras decisiones. No decidiremos lo correcto ni nos volveremos a lanzar nunca más al vacío. No aceptaremos nuestra evidente falta de control. Sabemos lo que va a pasar, nos hemos equivocado cientos de veces, pero seguimos sabiéndolo. Alimentando odios, destrozando vidas, creando bandos basados sólo en la opinión, despersonalizando al enemigo, toda esa gente que, literalmente, no comparte nuestras opiniones sino las que nosotros no compartiríamos nunca.

Redes interconectadas con fotos de perfil que sin duda sirven para considerar que es normal que defienda esa opinión, porque se ve que tiene cara de idiota.

Redes que cambiarán el mundo, pero no de la manera en que nosotros pensamos. Redes en las que gobiernan los estereotipos. Donde alimentamos nuestro ego. Donde la realidad es mucho más simple y podemos navegar a través de un mar de razón y no de razones. Porque las decisiones nunca son complejas. Porque la realidad puede plegarse a nuestros deseos. Porque somos la nueva sociedad, la que puede recoger la información de la propia fuente, sin que voces informadas e interesadas se la distorsionen.

Y es que las voces interesadas ya no son cuatro, sino cuatro mil millones que se juegan la victoria de su identidad, y que están menos informadas que nunca.

sociedad riesgo

Senén no es Ernesto Bánegas

2018-05-10

Senén tacha las frases al principio de los textos.
Senén se llamaba Ramón Ramírez y le ha cortado el rabo a un perro.
Senén se comió a todos los dinosaurios, por eso se extinguieron.
Las autoridades sanitarias advierten: evite a Senén, su cercanía es mala para la salud.
Senén fue el primer productor de Hollywood que le dio una oportunidad a Adam Sandler.
Senén compuso we are the world, we are the children.
Senén es un ladrón, me lo ha robado todo.
Senén escribió la ley mordaza, para que no confundiéramos libertad y libertinaje.
Senén era el protagonista de El robobo de la jojoya.
Senén decidió que no aparecerían más desnudos en la revista Playboy; después le despidieron.
Senén mordió al primer animal que tuvo la rabia.
Senén fundo ETA, en un seminario de la Universidad de Deusto.
Experimental senéN escritura gusta lE.
Senén fue anterior al huevo y la gallina, sabe qué fue antes, pero nunca ha querido decírselo a nadie.
Senén antes votaba al PP, ahora vota a Ciudadanos.

Senén

Senén programó la pantalla azul del Windows.
A Senén le gusta la tortilla de patata con cebolla.
Senén puso de moda las riñoneras.
Senén trabaja como teleoperador en Vodafone.
Senén fundó la primera compañía dedicada a fabricar banners para Internet.
Senén es el manager de Los Morancos, Rappel y Jorge Javier Vázquez.
Senén es Ultrón.
Senén le clavó una lanza en la pierna a mi amigo Jesús.
Senén me ha obligado a escribir todas estas tonterías.
Todo el tráfico mundial de spam proviene de la dirección de Senén.
Senén destruyó la capa de ozono con tanto desodorante.
Senén ha sido el arquitecto de la Estrella de la Muerte y de Matrix.
Senén es el publicista detrás de hola, soy Edu, feliz navidad.
Senén es el personal shopper de Sergio Ramos.
Senén me ordenó que pusiera publicidad en mi página web.

Senén cree en Dios, pero no cree en la Iglesia.
El segundo nombre de Senén es Keyser Sooze.
Bueno, Senén tampoco cree en Dios.
Senén te va a poner dos velas negras.
Senén atendía el colmado de 13 Rue del Percebe.
Senén se mató aquí (en esta curva).
Senenito de mi vida, eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón.
Senén activó el doble check azul en el whatsapp.
Senén me contó el final de El sexto sentido.
Senén es un fantasma.
El final de serie favorito de Senén es el de Los Serrano.
Senén está hasta los cojones de esta entrada.
Senén es la identidad secreta de La Vecina Rubia.
Senén tiene colesterol y triglicéridos, poca broma.

Senén

Senén mejor podría dedicarse a hacer algo productivo en vez de escribir esta mierda.
Senén escribe todas las noticias de Yahoo Noticias.
Senén nunca se ha sentado en este banco con el hijo de Juan.
Senén no siguió una cadena de mensajes de correo y ahora vive veinte años de mala suerte.
La selección española se mantuvo en forma muchos años gracias a Senén(Cortegoso).
Senén prometió que este año terminarían las obras de la Sagrada Familia.
Senén quiere acabar con todo esto de una vez.
Senén no mantiene una relación con Rebeca Linares, eso es un invento de la prensa.
Senén quiere levantarse, tiene ganas de hacer pipí.
Senén le escribe los discursos a Mariano Rajoy.
Senén es tonto, su mujer insiste, es muy tonto.
Senén ha escrito tantas tonterías hoy que lo que menos le preocupa es el síndrome de la página en blanco.
Senén os dice: No leáis esto.
Que alguien detenga a Senén, por favor.

Senén

Senén ten piedad, Cristo ten piedad.
Senén no dibuja caricaturas de Mahoma porque es un cobardica.
Senén se va a cortar las venas.
Ahora Senén.
Senén ha provocado un pitido muy molesto.

Ernesto Bánegas

Musología aplicada a las ciencias experimentales

2018-05-08

Musología aplicada a las ciencias sociales

No acabo de acostumbrarme a la fama. Héctor, mi redactor jefe, me dice que esta buena racha que estoy teniendo últimamente se acabará. Un día de estos me sentaré delante del ordenador y la pantalla seguirá en blanco. O diré algo inadecuado y me denunciarán, lo que últimamente es algo muy común.

Sé que muchos de ustedes me leen desde el otro lado del charco y quizá no están familiarizados con la redefinición del concepto de libertad de expresión que se ha llevado a cabo en este país, así que voy a resumírselo: la libertad de expresión como tal ya no existe en este país.

Bueno, tampoco es que no exista, para los que defienden ideas franquistas sí que existe, incluso puede que les den una subvención y todo. Pero eso se hace porque atacar a las ideas franquistas o hablar de las víctimas de la dictadura divide a la sociedad. Nuestra transición fue modélica y ahora todos somos amigos y tal, pero hasta eso tiene un límite.

En otros supuestos también existe, sólo que está penada. Es decir, si tú dices algo que pueda resultar ofensivo para alguien afín al Gobierno, léase iglesia católica o corona de España, alguien te puede denunciar si cree que le has ofendido. Puede ser desde un chiste de dudoso gusto hasta cagarse en Dios. Importa más bien poco lo que digas porque lo fundamental aquí es el grupo al que ofendes y, en último término, la cosa trata de pensártelo dos veces antes de decir algo en contra del Gobierno.

Ya ven amigos, luego nuestros gobernantes se tiran las manos a la cabeza cuando hablan de la falta de libertad en sus países. Si me considerase español les pediría disculpas pero, afortunada o desgraciadamente, soy vasco y no puedo hablar en nombre de otros.

Sepan ustedes, que el Partido Popular, el que gobierna en España con ayuda de Albert Rivera, valora mucho la libertad, siempre en un sentido neoliberal. Sepan que me denunciarán y que seguramente algún juez afín me enviará a prisión y ahí me prohibirán acercarme a menos de doscientos metros de un teclado. Y yo me pregunto: ¿Me echará usted de menos?

Quizá ahora me eche de más y me prefiera encerrado.

En fin, dicen que para sobrevivir en la cárcel tienes dos opciones:

1.- Matar a la primera persona con la que te cruces, así te ganas el respeto de tus compañeros.

2.- La segunda, dejar que se te caiga el jabón en las duchas delante de un mafioso. Esperar que vea sexy tu agujero a pesar de saber que es por ahí por donde sale la caca. Convertirte en su amante para que te proteja y te consiga tabaco.

Yo prefiero la primera opción, creo. No rechazo ningún tipo de sexo. El problema es que muchos van a la cárcel como quien va a un hotel, ya que las cárceles de ahora están repletas de comodidades, y la gente en sus vacaciones tiende a enamorarse. Y eso no es una cárcel de verdad sino un cachondeo.

Matando a alguien podrían encerrarme en una celda de castigo. Ahí por fin tendría tiempo para pensar. Porque la verdadera condena no tiene nada que ver con la celda sino con lo que me dijo Héctor: la pantalla en blanco. Esa Diosa a la que le entregas tus mejores ideas y te las escupe en el rostro una y otra vez.

Al final he amenazado a mi musa diciéndole que no escribiré nada más hasta que termine la segunda parte de cirujano patafísico. Ella no se lo ha tomado demasiado en serio.

Si alguna otra musa me está leyendo, por favor, que tenga en cuenta que me sobra una vacante.

musología

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