Quiero ser santa

2020-08-21

Quiero ser santa


Dice Ana Curra que existieron dos movidas, la de los que se han vendido y la de los pobres y los transgresores. Supongo que, cuando habla de los que se han vendido, se refiere a Alaska y Nacho Canut que, gusten o no, estuvieron más que dispuestos a venderse desde el principio. La propia Alaska, mientras algunos de sus amigos se metían en eso de la heroína, pasaba las noches en Casa Costus leyendo revistas del corazón y aspirando a ser en el futuro portada de alguna de ellas.

La jugada hay que reconocer que no le salió mal, incluso ha llegado a tener su propio programa de televisión, en el que ella y su marido, Mario Vaquerizo, han hecho apología del elitismo y de las buenas costumbres en el sentido más reaccionario del término.

No obstante, Ana reconocerá que los vendidos y los transgresores salieron de la misma semilla, quizá hubo una mutación, no sé, pero todos ellos compartían espacio en Kaka de Luxe, Carlos Berlanga y Eduardo Benavente, El Zurdo y Bernardo Bonezzi y, por supuesto, Nacho Canut y Alaska.

Grupo nada prolífico, más preocupado por la estética que por la música, ganó fama a golpe de entrevistas infumables y poco más. La cosa fue derivando hacia Paraíso, Zombies y Alaska y los Pegamoides que, exceptuando a Benavente y Curra, apenas sabían tocar ni cantar.

No obstante, había mucho talento en aquel proyecto, sobre todo dos talentos, otra vez unidos Carlos Berlanga y Benavente. Aunque eso sí, deseando separarse pues mientras Berlanga quería avanzar hacia un pop más luminoso, Eduardo, más coherente con la estética del grupo, quería explorar territorios más oscuros.

Así que los Pegamoides fue al final la lucha de dos egos. Las cosas fueron difuminándose. A Berlanga no le gustaba nada la deriva que estaba tomando el grupo, viendo con horror como sus compañeros iban de viaje a Londres y volvían cada vez con influencias más oscuras. Aparte de eso, también odiaba las giras, él no estaba hecho para viajar en furgoneta y dormir en pensiones de mala muerte. Así que amenazó con irse una y otra vez hasta que el resto de miembros decidieron tacharlo de la lista de componentes de la banda.

Llegan después tiempos confusos en los que Canut, ahora estaba metido en Parálisis Permanente y, quince minutos después, ensayando en su nuevo proyecto con Berlanga (Dinarama). ¿Se habían separado los Pegamoides? Nadie sabía la respuesta, Alaska coqueteaba con Jose María Cano, que le había ofrecido componer un disco sólo para ella y, Curra y Benavente, que se tomaron muy en serio Parálisis, lo compaginaron con el coqueteo con todo tipo de sustancias estupefacientes.

Benavente tenía un gran talento y la misma facilidad para adaptarse a diferentes instrumentos como para adaptar el Rock Gótico de Bauhaus y Magazine adaptándolo a ese Madrid de principios de los ochenta.

La banda pronto adoptó un aire de pretencioso malditismo que cultivaron de manera muy consciente. Desgraciadamente, acabó engulléndolos y el recorrido de la banda acabó en un accidente de coche que se cobró la vida de Eduardo. Tenía sólo 20 años.

Dejaron tras de sí dos EP y un LP más que estimables, canciones como Adictos a la lujuria, Un día en Texas, Quiero ser tu perro, Héroes (estupenda versión de David Bowie) y la canción que aquí nos ocupa, Quiero ser santa del segundo EP homónimo del grupo.

Me temo que nadie sabe las cotas que habría alcanzado esta banda en el caso de que Eduardo no nos hubiera dejado. Ana Curra y él tenían el talento y las ganas de construir algo grande, de eso no hay duda.

En fin, el Rock Gótico se quedó huérfano en España. Sólo lo cultivaron los Pegamoides, Parálisis y Gabinete Caligari en sus primeros singles. Y estos últimos tardaron poco en cambiar de dirección para tomar el camino de soria.



Quiero ser santa Quiero ser santa

Quiero ser santa

La canción del día



El garrotín

2020-08-20

El garrotín


Gonzalo García Pelayo, uno de los padres de lo que, sin ánimo de concretar ha venido a llamarse Rock Andaluz, dijo que ellos fueron los primeros en darse cuenta de que “hacer lo de Frank Zappa y Jimmy Hendrix no tiene mucho sentido siendo sevillanos. Por qué no mezclar todo eso un poco con el flamenco y los gitanos”.

Dicho y hecho. Smash pronto encontraron su camino entre la tradición y la vanguardia, lo local y lo universal, la pureza y el mestizaje. Y es que no tuvieron otro remedio que obligar a La Niña de los Peines y Manolo Caracol a follar con los reyes de la psicodelia hippie ya mencionados, reconociendo como propia la criatura que salió de ahí.

Son muestra de la fuerza de una siempre minusvalorada escena sevillana que sigue dando teniendo mucho que decir y que actualmente lo hace a través de propuestas libres y universalmente locales, tan originales como estimulantes como lo son bandas como Pony Bravo, Orthodox, Miraflores o el Niño de Elche.

Quizá parezca una canción festiva sin más, pero lo más simple es a veces lo más complejo. ¿Quién podía imaginar una canción así en aquella época? Nadie. Se alzaron de las sombras del underground para traer algo totalmente nuevo. Fueron el hipismo andaluz al igual que Triana fueron los sinfónicos y Kiko Veneno y los hermanos Amador(cuya aportación a esa obra maestra que es La leyenda del Tiempo de Camarón es innegable) la voz de los barrios, el hachís, el flamenco, la transición y el LSD.

En fin, que los flamencos no se tiren de los pelos con Rosalía porque el mestizaje no viene de hoy. La música es de quien la toca, no de quien la escucha. Nunca de aquellos que se dedican a teorizar pretendiendo establecer reglas sobre lo que puede hacerse y lo que no.

Quizá fuera corta la vida de Smash pero sus enseñanzas e influencia están más vivas que nunca.



El garrotín

La canción del día


El garrotin

The Hymn For The Cigarettes

2020-08-19

The Hymn For The Cigarettes


Corrían los noventa y Hefner era una de esas bandas a las que debíais haber prestado más atención. Darren Hayman y su banda explotaban un folk urbano con un mensaje nada universal ni cosmopolita, centrándose en las desventuras de un urbanita con muy mala suerte en el amor. Esta vez explotó y se puso a gritar: I DON’T WANT TO STAY IN LOVE!!!. ¿Por qué? Porque sabía que la chica que yacía a su lado sólo fumaba en la cama para fastidiarle, que aquella relación tenía fecha de caducidad y que, por desgracia, a él le seguía volviendo loco aquel olor a tabaco y aquella chica en su cama.

Después, con su estilo irónico y no exento de superficialidad indie (How can she love me when she doesn’t even love the cinema that I love???), Darren hace un repaso a su desastrosa vida sentimental a través de las marcas de tabaco que fumaban todas sus ex, en una de las canciones del disco que sería su obra cumbre: Fidelity Wars. Fantástica colección de himnos generacionales y obra maestra del estilo de un autor personal, intransferible e inimitable.

Alguien dijo que Darren Hayman perdió su talento cuando empezó a meterla regularmente y, aunque haya grabado discos estimables después, he de reconocer que estoy bastante de acuerdo. El canje de sexo a cambio de talento quizá no fue un mal negocio para él pero, tal como dictaban las reglas de aquella época, tenía que pensar en su beneficio antes que el nuestro y, con los buenos momentos que me ha hecho pasar con sus historias, qué coño, me alegro por él.



La canción del día

 


The Hymn For The Cigarettes

The Hymn For The Cigarettes

Audrey

2020-07-30

Audrey


Dime audrey
si volveré a ver la luz
que iluminaba tu cara
cuando pensabas en mí.

Dime, mi amor,
que nunca es demasiado tarde,
que sé que nunca fui especial
aunque tú lo pensaras.

Dime que algún día
podrás volver a pensarlo.

Comprende que no pude regresar,
durante mucho tiempo
y que no sé si me dejarán hacerlo.
Pero que esta vez
aunque débil, inseguro,
derrotado y apenas vivo,
estoy decidido a hacerlo.

Vivimos cada vez más cerca del infierno
y no puedo pedirte nada más, lo sé.
Sin embargo, es esta brisa que me acaricia,
pienso, la misma que te acaricia a ti
y es perfecta porque nos abraza a los dos.

Podría prometer muchas cosas,
pero la única verdad es que te necesito,
literalmente, te necesito.
Necesito tu manera de quererme
de odiarme y de despreciarme.
Pero no que me desprecies.

Prométeme, entonces,
que estas líneas no son en vano,
que no son sólo palabras bonitas,
el salvavidas al que se agarra el naufrago.

Prométeme que el mar no está tan sucio,
que volverá a ser transparente,
que podremos volver a navegar uno al lado del otro
en ese barco que no era grande
pero era nuestro.

Prométeme, quizá te pido en vano,
promesas de las cosas que no dependen de ti.
Dime que no necesito
seguir siendo un perro malherido
que muerde a su alrededor todo lo que le importa.
Quieto, agazapado en una esquina,
pensando que son ellos los que no me dejan volver a ti
aunque no haya nadie en esta habitación.

Dime que volveremos al mar,
que nadaremos hasta que se acabe
y que seguiremos nadando entre gritos
en aguas cristalinas.
Prométeme, mientras dejas de llorar,
que no volverás a consentirme
y que, aún así, podremos volver a divertirnos,
bailar sobre el tiempo
siendo inmunes a la idea de que todo tiene un final.


 

Audrey

Amor


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Espirales de fuego

2020-07-27

Espirales de fuego


¿Cuánto dolor,
Señor,
he de provocar(me)
para alcanzar la salvación?

¿Crees que la cuchilla
es una buena herramienta
para alcanzar la redención?

Tú me enseñaste el infierno
y ahora lo veo cada vez que cierro los ojos,
cuando me creo invisible en una oscuridad total,
ellas me encuentran.

Son espirales de fuego,
Sustituyendo el oxígeno por degradación,
quemando mi piel,
agotando mi paciencia,
empobreciendo mi visión,
desgastando mis articulaciones
y reduciendo a cenizas,
uno a uno,
todos aquellos planes que,
en mis breves lapsus de luz
no parecían tan absurdos.

Y ya no soy yo
sino una sombra en la pared,
recuerdos en blanco y negro
pintados del rojo sangre
que sale de mi piel.

Porque con cada corte
se abre un nuevo camino.

Y sueño la pérdida,
no tan lejana,
quizá inminente,
probablemente ni siquiera actual,
escondida en mi pasado.
Empezó hace ya demasiado tiempo.

Y establezco diálogos contigo, Señor,
¿por qué me dejaste fallar?
Devuélvemelo,
todo lo que perdí
por una serpenteante locura,
por simple pereza
o una desazonadora falta de motivación.
Devuélvemelo.

Y mientras esas espirales me rodean,
corrompen mi cuerpo poco a poco,
en un sueño que nunca termina.
Ahora me pregunto si la vida no es sólo una condena
y el paso del tiempo, nuestra cárcel.

Y, ahora, lo único que puedo hacer
es observar mi imagen contra aquella pared,
porque el fuego no puede quemar esos recuerdos
ni tú, Señor, dibujar vida en la oscuridad.
Ni estas pastillas controlar mi estado de ánimo,
sigue siendo tan inspiradora la subida
como desalentadora la vuelta a la realidad.

Nuestra mente también envejece
y, cuando lo hace,
deja ya de servirnos
y no podemos cambiar las cosas.
Sólo recordar los recuerdos
como si fueran ahora
mejor de lo que fueron
o enterrarlos en algún lugar de la memoria,
mirar hacia delante
y hacer como si nada hubiera ocurrido.

Y cuando todo mi mundo alrededor se está destruyendo
pienso que, cuando pierda toda esa sangre
podré volver al principio.
Que cada nuevo corte
abrirá una nueva puerta hacia el pasado.
Y ya no será él quien fallará,
sino yo el que triunfe
abriendo todas esas puertas
que ahora están cerradas.

Seré yo,
sólo yo
quien haga realidad todos sus sueños.
Yo,
el único al que le quede esperanza.
Porque todavía puedo vivir mil vidas
y arreglar en unas los errores cometidos en las otras.
Volver a sentir el aire y la lluvia sobre mi rostro,
su sexo dándome calor,
el frío placer que provoca la venganza
y la satisfacción de humillar a quien me humilló.
En definitiva, el olor de las páginas de un nuevo libro
que creía acabado
y, otra vez, vuelve a empezar.

Cuenta la historia del éxtasis,
la euforia,
de la conquista de un nuevo mundo
en el que todo es posible
y en el que todas las veces
vuelven a ser como la primera.


 

Espirales de fuego

Sangre


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