Precipicio

3
2019-04-02

Precipicio

Puede que la calidad de mis escritos esté disminuyendo.
Puede que lo que está roto, simplemente lo esté,
que nunca pueda llegar a recomponerse.
Por muy cruenta que resulte la lucha en tu interior.

Tal vez todos caminemos por senderos ya marcados,
obligados a recorrer una y otra vez los mismos errores.
A beber las mismas sustancias una y otra vez
y a desear, al día siguiente, que alguien te inyecte
una aguja con agua helada en el cerebro.

Los fantasmas sólo son esas personas
que alguna vez te hicieron daño
y que no pueden ser olvidadas.
Tal vez yo sea el fantasma de alguien,
confieso que me gustaría serlo.
Me gustaría que estuvierais ahora mismo
leyendo este estúpido texto y haceros sufrir.

Porque todos preferimos ser odiados a resultar indiferentes.
Porque estoy cansado de sufrir y ya es hora de que le toque a otro.
Por qué reniego de la felicidad aún cuando la tengo al alcance de la mano.

Y hoy he tirado otra vez los dados y me ha tocado de nuevo sufrir.
Y me he dado cuenta, esta vez de verdad, de que no sé distinguir
cuando alguien se acerca a mí para ayudarme
y cuando lo hace para hacerme daño.

Y vivo en un urna de cristal,
tan frágil que ha estallado en mil pedazos ya un millón de veces.
Y tú vives al borde del precipicio, donde crecen las flores más hermosas.
Tan hermosas como tú y tan inalcanzables,
no tienen necesidad de hacer crecer espinas en sus tallos para protegerse.

Precipicio

Y por intentar cogerte estoy así,
contigo pero cayendo,
en la sobriedad,
en el amor más puro,
al que han dejado de importarle las consecuencias.

Así que si tengo que sufrir contigo, seguiré sufriendo.
Y si tengo que volar para volver a tenerte,
me lanzaré sin pensarlo.
Aunque tenga las alas rotas
y los pies destrozados
de tanto caminar entre las piedras.

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Las luces de Bilbao

1
2019-03-29

Las luces de Bilbao

Tus palabras se colaron en mi cerebro
y fueron huevos de araña
que se escondieron bajo mi piel.

Mi odio fue alimentándolos
y, hoy, esos pequeños animales
han prometido nunca abandonarme.

Y yo no puedo negarme,
confieso
que echaría de menos
el dolor de tantas picaduras.

A veces su ataque
es tan intenso
que me dejan la piel
en carne vida.

Y recuerdo tu carta
y aquella fría tarde de invierno
en la que la recibí.
Recuerdo la impotencia
de no saber qué hacer
o de saberlo perfectamente
pero no poder hacerlo.

Y Bilbao permanecía impasible,
estirando las luces
de los coches en movimiento
y, recordándonos su oscuridad,
con su lluvia
y la falsa luz cálida de sus farolas.

Las luces

Y en el puente de Euskalduna
destrocé el papel en mil pedazos,
como era tu deseo.
Y nunca jamás hemos vuelto a hablar del tema.

Quise perdonarte, a veces,
que todo volviera a teñirse de luz entre nosotros
pero no pude hacerlo.

Como si nuestra amistad se hubiera visto
ultrajada por tan maña injusticia.
Como si las víctimas fuesen culpables
de tratar de seguir adelante.
Sea de la manera que sea.

Con el tiempo,
dejé la oscuridad de Bilbao
para recalar en un Madrid que nunca duerme.
Allí me convertí en otra persona,
alejándome de todo,
dejándome únicamente llevar
por las curativas propiedades del veneno.

Sin buscar remedio a mi pena,
sin quererlo,
sólo ahondar en el dolor.

Dime: ¿Cómo puedo perdonarte
si mi mente me repite constantemente
que tengo que hacerlo?
Si son emociones lo que siento,
contrarias a toda racionalidad,
enemigas del silencio.

Quizá ahora seamos más viejos,
menos sinceros
y menos necesitados de esperanza.
Quizá ahora podría dejar de lado
el pasado, centrarme en todo
lo que me gustaba de ti.

Pero soy incapaz de hacerlo.
Porque los dos fuimos víctimas
de una violencia injustificada.
Y, aunque no es verdad,
a veces pienso que fui yo
el que pagó el precio por los dos.

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Frases sin sentido

2019-03-28

Puedes poner música a un poema, pero no puedes convertir una melodía en palabras. Sólo en un conjunto de notas musicales que no significan nada para casi nadie, al menos no para mí. Y, sin embargo, muchas veces, hay en mi mente una melodía que se repite cuando escribo. Hasta incluso intento adaptar los versos a esa canción. Una canción que puede que exista o no. Depende del día, depende del momento, de si he escuchado a Mingus o a Stars Of The Lid. Entonces la letras deben ser improvisadas, caóticas hasta un punto y ligeras, o bien lentas, pesadas, encerradas en sí mismas.

Cuando un periodista del futuro me pregunte de cuales son mis influencias, le contestaré con muchas influencias musicales y muy pocas literarias; siempre he hecho ver que he leído mucho más de lo que he leído en realidad. Como Nacho Vegas sólo pretendo captar de algún modo actos que son inexplicables, abstractos pero que, sin embargo, son lo más importante en nuestra vida. Casi nunca lo consigo, a veces sí. Pero cada una de mis letras no pretende otra cosa que componer una imagen dentro de una película críptica sin principio ni final. Se trata, en definitiva, de encontrar una serie de frases que tengan un significado por sí mismas en un ambiente de ausencia total de sentido.

Nunca he visto que se le pregunte a alguien por el sentido de una melodía y, por eso, no me parece razonable que nadie me pregunte por el sentido de mis palabras. Incluso en la música, sólo se busca esa influencia en la letra. ¿Ha sido tal o cual ruptura la que te ha llevado a componer esta canción? ¿En quién pensabas cuando escribiste ese poema? Pues quizá sólo en la melancolía. Quizá ella sea la protagonista y el resto un montón de frases sin sentido.

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1
2019-03-28

Desde algún lugar del este

De nuevo me encontraba en otra ciudad.
Las calles estaban desiertas
y yo buscaba un poco de compañía.
El cielo encapotado
y, las nubes,
oscurecían a medida
que se acercaban al horizonte.

Hacía un viento terrible,
estaba decidido a clavarse en mis huesos
y a destrozarlo todo a su paso.
No había empezado a llover todavía
pero se escuchaban algunos truenos lejanos.
De vez en cuando,
el cielo se llenaba de luz.

Y yo sólo buscaba compañía.
Me subí a aquel taxi.
Y el conductor me dijo
que conocía el lugar adecuado
a un precio
que cualquier hombre occidental
estaría dispuesto a pagar.

El taxi se detuvo
y entré en aquel portal
que parecía estar en ruinas.
Me recibió una mujer ya mayor
y me metió dentro de un cuarto.
Ahora pasarán las chicas dijo,
y fueron pasándose una a una,
en ropa interior, presentándose.

Tú me guiñaste un ojo
e hiciste un globo
con el chicle que llevabas en la boca,
te llamabas Tiffany,
y llevabas puesto el disfraz de Lolita.

Soy búlgara y muy divertida.
Yo no necesitaba explicaciones
porque ya había decidido:
compraría tu compañía.

Al principio te dije que sólo quería hablar
pero eras demasiado joven todavía,
para entender mi hastío,
la manera en que quería desaparecer
tan diferente a la tuya.
Yo quería esconderme
en la cueva de alguna montaña,
y tú querías desvanecerte en mil lugares
que nadie de tu vieja vida
supiera donde estabas nunca más.

Aquella misma mañana
entre el olor del café
y el humo del tabaco,
delante del ventanal,
habría firmado ser tu esclavo
a cambio de que te quedases
siempre junto a mí,
con tus ojos azules,
tu pelo hasta la cintura,
tu acento de algún lugar del este
y tu cara de niña.

Hubiera querido protegerte de todos aquellos hombres
pero yo también te había pagado.
También me había subido encima de ti
y, seguramente, conmigo,
también surgió el deseo
de que todo acabara cuanto antes.

compañía

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Tabaco

4
2019-03-25

Tabaco

Nieve

Contigo llegó el invierno
y, todo lo que era,
se perdió en la nieve.

Porque me acostumbré
a tu frialdad,
tus silencios entre mis palabras.

Y a un cielo cada vez más nublado,
tanto que volar se convirtió
en un sueño inalcanzable.

No vi el sol durante cuarenta años,
y ahora que sale
no me creo su claridad.

Todavía veo sólo niebla
en los espacios abiertos.
Y soledad en mis fantasmas.

Un mundo en mis silencios,
segundos desaprovechados
en el tic tac de tu espera.

Humo

Mi amor siempre fuma
cuando nos metemos en la cama,
ronca mientras duerme
y creo que lo hace porque cree que me molesta
pero a mí me encanta que fume en la cama.

Mi amor, enséñame el pecho,
quítame parte de mi soledad,
te quiero como quieren los locos.
Y, cuando no me haces caso,
me escondo en lugares oscuros
y pago cuarenta euros
por un poquito de felicidad.

No fumes para molestarme,
enséñame las tetas,
con tu peinado moderno
y con un cigarrillo en la boca.

Porque yo te quiero como un demente,
como el mendigo de tus curvas que soy.
Te quiero entre el humo del tabaco
y me siento muy solo cuando te esfumas.

Tabaco

El verano

Me decías que no dejara el tabaco en invierno
que esperara a la llegada del verano
porque con el calor me resultaría más fácil,
cuando el sol aprieta y el humo ahoga.

En verano ya no estabas conmigo:
Te fuiste con un tal Ernesto Bánegas.
Que no era tan aburrido, triste,
ni dependiente de la nicotina.

Yo me quedé con el humo
en una gran casa vacía
con las ventanas cerradas
y, mientras el humo flota,
yo trabajo y trabajo,
intentando substituir a tu recuerdo
y convertir mi adicción en esperanza.

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