Bailar en la oscuridad

2021-03-17

Bailar en la oscuridad

Fuiste tú,
frente al papel en blanco
quien convirtió su soledad
en eterna compañía.

Son tus frases
fragmentos de belleza luminosa,
el calor de una taza de café,
lecciones de melancolía
que consiguieron vaciar mi pecho,
advertencias,
llamadas a la acción,
exhortación de vida
y eternas compañeras.

Son aquellas veces
que cuando no sé qué pensar
vienen tus palabras a dictármelo,
sin conocerme,
cientos de años antes de que yo naciera
o, quizá hace solo un segundo.

Bailar en la oscuridad

Da igual,
porque la poesía es
un instante especial,
más allá del tiempo y del espacio,
en que los dos nos arrancamos la piel
para sentir dolor al mismo tiempo.

En que nos detenemos un momento
para reflexionar
sobre este viaje,
conduciendo, como en el cine,
hacia increíbles cielos fucsia.

Mientras,
me cuentas tus amores,
tu repentina sensación de soledad,
tus dudas,
esa sensación de nunca estar,
de estar en otra parte,
parecer extraño al mundo
y, por un momento,
capaz de todo o incapaz de olvidar.

Da igual,
lo importante es sentir,
moverte entre el peligro y la fugaz felicidad,
siempre movernos, seguir bailando,
aunque se haga de noche,
aunque ya no haya música,
aunque apaguen las lunes,
sigo bailando
escuchando tu canción silenciosa.

Para abandonar la sensación
de que todo se me escapa
entre las puntas de mis dedos.

Bailar en la oscuridad

Bailar en la oscuridad

Fuiste tú,
fuisteis tantos,
los que me inspiran cada día a soñar,
a seguir imaginando,
mantener la mirada del niño,
desde el alba hasta que me entierren entre flores amarillas.

Serás tú,
estarás ahí,
guiando mi mano,
reflejado entre la pantalla blanca.
Vosotros,
tantos
imposible describiros
las sensaciones que me habéis provocado.

Sólo,
seguiré escribiendo.
Bien o mal,
no importa,
por mí,
por vosotros,
o sólo porque hay que seguir en movimiento
bailar,
sin parar al son
de la melodía que me habéis enseñado.

Bailar en la oscuridad


Entrada en poémame

Poesía

Estrellas místicas

2021-03-16

Triángulo de Amoz Bizarro – Estrellas místicas

Triángulo de Amor Bizarro son, en definitiva, el hijo que hubieran tenido Los Planetas y El Columpio Asesino si los hubiesen metido en una habitación y les hubieran obligado a follar.

Por supuesto, hablo de esos Planetas de los años 90, sus primeros discos, aquellos en los que nos flipaban a todos por mucho que críticos como el pijoproletario Victor Lenore o el miembro de la fachosfera Cristian Campos ahora se empeñen en decir que no eran para tanto.

Sí, bueno, los ponían por las nubes y presumían de ser amigos de ellos pero, vamos, sólo era porque sus editores les obligaban es escribir esas chorradas. Y mejor esto lo dejo aquí, porque no merece la pena hablar de críticos musicales que confiesan que no les pagaban por sus artículos sino por sus opiniones.

Y vuelvo a Triángulo de Amor Bizarro, que puedes ser hijo de los antes mencionados o de mil putas, pero eso no quita que tengan una personalidad propia y supongan un soplo de aire fresco en el ya casi inexistente panorama indie español que, herido de muerte por grupos como Love of Lesbian y similares parece sólo capaz de aportar aburridas fotocopias pop con ínfulas.

Triángulo de Amoz Bizarro – Estrellas místicas

Por supuesto, hay más excepciones, otro día os hablaré de ellas. Porque estoy tratando de hablar de TAB, de lo mucho que me flipan. De que hace años que no voy a ningún concierto pero me encantaría ir a uno suyo porque los ves en las noches de Radio 3 y son la caña. Porque me hacen sentir adolescente otra vez y sonará patético pero a mí me encanta. Perderme en su lado más noise y su lado más pop, perderme de la voz de Isa una y otra vez o creerme capaz de correr dos kilómetros más al día por mucho que me follen las fuerzas gracias a ellos.

En fin, la canción que sigue muestran lo que son: una propuesta al mismo tiempo personal e intransferible como abierta a todos los públicos que, puede ser, vuelva a engancharte a un grupo de esa manera obsesiva en la que lo hacías cuando eras adolescente.

Estrellas místicas

La canción del día

Infierno bajo el agua (Alexandre Ajá, 2019)

2021-03-15

Infierno bajo el agua (Alexandre Ajá, 2019)

Uno espera más de una película producida por Sam Raimi que últimamente parece un tanto despistado. Veremos si se redime en la nueva película del Dr. Strange.

Tras la cámara está Alexandre Ajá, un director con talento en el plano visual pero totalmente incompetente a la hora de contar una historia. Obtuvo fama con la película Alta Tensión perteneciente a la corriente denominada Nuevo Extremismo Francés, compuesto de películas difíciles de ver por su crudeza y del que yo sólo destacaría al cineasta Gaspar Noé y alguna otra película suelta cuyos directores no fueron capaces de volver a dar en el blanco.

Está interpretada por Barry Pepper, secundario de películas de la talla de Salvar al soldado Ryan, La milla verde o La última noche (donde llega a eclipsar a actores de la talla de Edward Norton y Philip Seymour Hoffman), que no pasa por sus mejores momentos y Kaya Scodelario, una joven promesa, actriz bastante competente que, por otra parte no acaba de levantar el vuelo.

Infierno bajo el agua

Infierno bajo el agua (Alexandre Ajá, 2019)

La historia no tiene mucho que contar y se nota. Dos personajes se encuentran atrapados en el sótano de una casa, durante un temporal, donde también hay un caimán que los considera un menú más que aceptable para la cena de esa noche.

Hay que decir que la película empieza bien con algunos buenos sustos y golpes de efecto. No debes verla si te preocupa un vacío en la credibilidad, porque no es creíble en absoluto. Los protagonistas son mordidos varias veces por los caimanes y, sí, gritan un poco en el momento, pero después no se les nota mucho: siguen andando tranquilamente e incluso se permiten pelear con ellos a puñetazos o encerrar a uno de esos bichos de 500 kilos en la mampara de una bañera.

No obstante, pasado el momento inicial, los guionistas y el director se quedan sin ideas y la historia deambula entre las conversaciones padre e hija acerca de su problemática relación y algunos golpes de efecto. Los caimanes se van multiplicando a su alrededor y se suceden las escenas de relleno con personajes, más extras que secundarios, que aparecen como por arte de magia y cuyo único cometido es ser espectacularmente devorados.

Infierno bajo el agua

Infierno bajo el agua (Alexandre Ajá, 2019)

¡Ah! También hay un perro por ahí que no debe ser considerado un manjar por los reptiles, ya que se pasea tranquilamente sin que uno sólo de ellos se acerque a él. Puede ser que, al estar tan sucio, lo confundan con una piedra grande.

Se trata, en fin, más que de un film de serie B de un telefilme vitaminado de esos que tanto gustan a las cadenas de streaming, ya que les permite seguir dando una sensación de novedad entre los pocos estrenos verdaderamente interesantes que ofrecen.


Cine

Homenaje a la Bandera

2021-03-15

Homenaje a la bandera

Observo como la gente adorna sus mascarillas con diversos emblemas, como si estos pudieran servir como una especie de escudo, no térmico como el que protege a las naves espaciales de las altas temperaturas, sino de tipo sanitario, como si esa bandera desplegara un campo de fuerza a su alrededor que impediría la entrada del virus.

O quizá se trate de un requisito sin e qua non para poder considerarte español, o catalán, o vasco. Sólo eres patriota si luces con orgullo tu bandera. Vale, pero, ¿qué es ser patriota?

Eso es lo mejor de todo. Patriota puede ser lo que tú quieras. Puedes creer que ser patriota significa votar a un partido que te protegerá de un gobierno totalitario que quiere destruir España o, por el contrario, si utilizas otra bandera, que estás a favor de una República Catalana en la que, liberados de la opresión del estado español, los catalanes vivirán en una sociedad vanguardista en la que ya no habrá crisis ni pandemias.

Homenaje a la bandera

Homenaje a la bandera

Del patriotismo constitucional hemos pasado a un patriotismo famélico basado en símbolos y utopías de corto recorrido que da igual que no se cumplan porque siempre queda a quien culpar, ya sea a los españoles, a la inmigración, a la estupidez de la gente, así en general, de la que al parecer no somos parte, o a la izquierda totalitaria comunista soviética bolivariana.

Un patriotismo imaginario, al fin y al cabo. La defensa de ideologías que ya ni quieren ni necesitan un encuadre en nuestra realidad. Puede decirse que vivimos una eterna adolescencia en la que creemos saber lo que queremos y sabemos que lo queremos ahora. Simplificando el mundo alrededor donde la autoridad y el imperio de la ley que antes reconocíamos ahora sólo son elementos arbitrarios que se oponen a lo que estamos convencidos que debemos obtener por derecho.

Mucho se habla, por ejemplo, del Régimen del 78. En muchas ocasiones sin haber leído la constitución o tener apenas nociones de historia. Nuestra transición no fue modélica, cierto, fue un período convulso y sangriento, con infinidad de atentados y asesinatos con motivaciones políticas.

Sin embargo, ni se nos ocurre pararnos a pensar que se trataba de poner de acuerdo a 37 millones de personas, en el miedo de volver a otros cuarenta años de dictadura ni que la realidad es, por definición, imperfecta.

Ahora ya somos casi 47 millones. Nuestra sociedad agrupa a una población más heterogénea y fragmentada. Y pretendemos arreglarlo todo con leyes que digan que tenemos razón y que hay que ilegalizar al contrario.

Homenaje a la bandera

Homenaje a la bandera

Pues bien, pienso, como hijo de la constitución nacido en 1978, que somos quizá una generación más preparada que la anterior pero también, y sin duda alguna, la peor generación que haya existido. Una generación mimada hasta la nausea incapaz de comprender que los derechos se defienden. No se otorgan por arte de magia. Una generación tendente a demonizar al contrario y volar todos los puentes de diálogo.

La política es un nuevo paradigma basado en el postureo, más preocupados por quién va a salir en la foto que en qué consiste la ley que se va a aprobar. Nos definimos más por oposición que por afinidad. Quizá eso se deba a una clase política de bajo perfil que no ha conseguido hacer que votemos con ilusión limitándonos a escoger siempre el mal menor.

Mientras pedimos leyes creyendo que un simple texto legal va a suplir graves carencias en nuestra educación, detestamos la igualdad, pedimos la ilegalización del contrario y reducimos el diálogo a patéticos zascas en Internet adaptando la realidad al discurso y no al revés, creyendo que aquello que nos negamos a ver o reconocer dejará de existir por arte de magia.


Manifiesto


Delitos y faltas (Woody Allen, 1989)

2021-03-14

Delitos y faltas (Woody Allen, 1989)

Si algo define a un gran director es su capacidad de abordar temas complejos de una manera sencilla y asequible. Introducir al espectador en la mente de su personaje provocando en éste una suerte de introspección que le haga preguntarse qué es lo que haría él de estar en el lugar del protagonista.

La cuestión es que Hollywood suele darte todo muy mascado. Dirigiendo al espectador, normalmente de manera maniquea, a elegir la opción que es, en teoría, la moralmente deseable. Nos dicen quién es el héroe y, si bien en la película nos muestran también sus facetas más oscuras, éstas quedan siempre justificadas. Son cosas que tuvo que hacer para conseguir aquello que todos consideramos justo y necesario.

Esta película no es tan diferente quizá. Hace lo mismo sólo que tiñéndolo todo de grises, cada vez más oscuros a medida que avanza el metraje. Woody Allen construye una película de intriga en la que lo importante no es si descubren o no el delito del personaje principal sino el sentido que tomarán sus decisiones.

La historia es arquetípica: la una mujer despechada (Angelica Houston) que ha vivido una relación durante dos años con un hombre casado (Martin Landau) a la que éste quiere poner fin. Ella, incapaz de asumirlo, amenaza a éste no sólo con contarle todo a su mujer sino también con desvelar cierto uso fraudulento de unos fondos para la beneficencia que él gestionaba.

Delitos y faltas

Delitos y faltas (Woody Allen, 1989)

Ella se nos presenta a través de una excelente interpretación de Angelica Houston, como una histérica. Una mujer soltera y solitaria de mediana edad que se agarra como a un clavo ardiendo a su relación con ese hombre casado, quizá considerando que aquella relación es su única posibilidad de encontrar la felicidad.

Él, sin embargo, empieza a darse cuenta de que aquellas faltas que ha cometido pueden poner en peligro todo lo que ha construido a lo largo de su vida: su familia y su estatus social, el de un profesional de la medicina exitoso y comprometido con obras de caridad. A lo largo del metraje se presenta ante él una disyuntiva personificada por un lado en el bondadoso rabino Ben (Sam Waterston) que le anima a confesarlo todo y asumir las consecuencias y, por otro lado, en su hermano (Jerry Orbach) que le ofrece una solución en principio inaceptable: deshacerse de ella.

Esta historia principal se entremezcla con otra, protagonizada por el propio Allen y Mia Farrow, donde se reflexiona acerca del éxito y la atracción que éste ejerce sobre nosotros. Dos mensajes complementarios que vienen a resumirse en uno más simple: La historia la escriben los vencedores.

Delitos y faltas

Delitos y faltas (Woody Allen, 1989)

Esa es la premisa que finalmente se aplica a pequeña escala. Más allá de nuestras creencias morales y religiosas, por mucho que nos reconcoman todos esos actos terribles o abominables que hayamos cometido, por más hipócrita o contrarios a nuestros principios que sean estos, siempre podremos darles una explicación racional que nos exculpe, convenciéndonos de que hicimos lo necesario o lo único que se podía hacer en aquella situación. O convirtiéndonos a nosotros mismos, como diría Shakespeare, en simples juguetes víctimas del destino.

Lo que convierte a esta película en algo indiscutiblemente genial esa mirada es que nos hace ver la famélica fragilidad de esos valores que se supone son los cimientos que hacen que funcione nuestra sociedad, cuestionando de paso nuestros conceptos de progreso y civilización al enfrentarlos a los de individualismo y utilitarismo.


Cine


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