El niño amnésico

2018-03-06

El niño amnésico duerme mucho y sueña demasiado. Vive en un mundo que se le antoja irreal, en exceso mediocre para considerarlo su hogar. A veces siente que camina por encima de todos y de todo, otras veces cae al vacío y, por desgracia, sobrevive.

El niño amnésico no puede estar seguro de lo que recuerda. Los recuerdos son espirales y la mente es infinita. Siempre hay detalles que añadir, elementos que pulir, actuaciones que mejorar o palabras que debían haberse dicho pero nunca se dijeron.

Se ha detenido en un recuerdo, aquella madrugada, las lágrimas surcan tu rostro y caen sin que él pueda escucharlas. Se queda parado, sólo dice “no llores, por favor” y no es la frase más original del mundo.

Busca las palabras exactas, aquellas capaces de secar tu expresión y acallar las voces de todas las paredes vacías. No las encuentra, se aleja y se tumba sobre la hierba, imaginando que es a él a quien le han infringido un dolor irreparable.

No encuentra, busca, repite los mismos errores hasta el punto de que la gente que le rodea piensa que lo hace por afición y deja de preocuparse. Destruye el techo de cristal, cortes inútiles que se repetirán pronto: encontrará uno nuevo.

Las personas no son tales, son personajes de un cuadro impresionista. Al niño amnésico sus intenciones le asustan porque es incapaz de diferenciar su expresión. Sólo conoce el dolor, identificándose con él hasta el punto que hace tiempo decidió erradicarlo de la faz de la tierra. Pero nunca coincide con las palabras exactas. Aquellas que conseguirán curar para siempre tu dolor y acallar su sentimiento de culpa.

Porque es culpable de todo y porque ser culpable es su pasatiempo favorito. Porque no sabe hablar y nadie le entiende, porque su voz parece un sonido ininteligible y vacío de contenido. Porque a las personas reales no les divierten los sentimientos irreales y los deseos trastornados.

Las persona reales no entienden que, cuando desaparecen los edificios, los coches, las señales, las aceras, el dinero, las correas, las imágenes, los asesinatos, las guerras no justificadas, los actos crueles, la estupidez terrorista o la estupidez a secas, el maltrato, la desilusión, la decepción y las lágrimas, ya no hay lugar para la literatura.

Si el niño amnésico no hubiera olvidado aquellas primeras palabras, las mismas que un día te hicieron pensar en él, intuir quizá solamente un instante de verdadera felicidad, el mundo ahora no sería un desierto rojo, ni la arena simple mezcla de lágrimas de sal y sangre.

No sabe como decir que es por ti, por ningún otro motivo. No sabe decirte que sin ti ya no importa.

Porque sin ti no habrá más literatura.

amnésico

Tan lejos, tan cerca

2018-03-03

No sé si has nacido.
Quizá ahora mismo estés llorando,
quizá comiendo,
no sé qué hora es ahí.
Estás tan lejos,
y estás tan cerca
¿Cómo te tratan?
¿Eres feliz?
¿Recordarás mis palabras cuando seas mayor?

Sé que nos veremos,
sé que no queda tanto.
Quizá te asustemos,
con nuestras pieles,
con nuestros gritos
y con nuestras miradas.

Qué piel tan clara,
seres de leche,
somos extraños,
tú el paraíso.

Tenemos rocas,
tantas sobre nuestras espaldas.
Sé que siempre estarás a la altura,
tu madre también.
¿Lo estaré yo?

Descansa,
duerme mi querido pajarito.
Tú que volarás desde el otro lado del mundo.
Tienes tanto que conocer,
tanto que experimentar.
A veces seré un estorbo,
perdóname,
te ahogaré protegiéndote,
miedo constante,
a las sonrisas malévolas,
de tantos adultos que no deberían haber nacido.

No te preocupes,
ya me preocuparé yo de mis demonios.
Los he matado tantas veces,
torturas,
muertes siempre dolorosas.
Les he golpeado hasta cansarme,
nunca lo sabré,
¿es suficiente?
criaturas de duermevela
¿Puedo descansar ya?
¿Puedo descansar ya?

Estarás aquí y no me daré cuenta.
Mis padres siempre fueron mayores,
sensatos,
yo nunca tuve esa sensación.
¿Cómo me verán tus ojos?
¿Serán tan evidentes todos mis defectos?
¿Serán evidentes para ti?
¿Podré protegerte?
¿Te tocarán los demonios?

Me pusieron de rodillas y me escupieron su desprecio.
Todavía me estoy limpiando.
Tú no lo necesitarás, nunca dejaré que te pase nada,
y te querré, viviré para quererte,
para estar ahí cerca,
para que no sufras.
Quizá no pueda evitarlo siempre,
quizá a veces me sienta inútil.
No sé cómo me verán tus ojos,
pero espero que lo sepan,
mi vida será tu respiración contra mi pecho,
tu respiración cálida,
el milagro de tu existencia.

Yo soportaré las noches árticas,
dame tú tus recuerdos más felices.

El hilo invisible (Paul Thomas Anderson, 2017)

2018-03-01

Si le gusta el cine, si le gusta de verdad, estoy seguro de que sin duda sabe quién es Paul Thomas Anderson. No necesitará ninguno de esos instructivos artículos que se han puesto tan de moda, del tipo Diez cosas que (quizá) no sabías de Paul Thomas Anderson o Te vamos a contar un secreto sobre Paul Thomas Anderson que (seguramente) te dejará helado. Y, por supuesto, podrá saltarse varios párrafos de esta crítica ya que no le aportarán lo más mínimo. Me disculpo por adelantado, en mi defensa sólo puedo decir que el redactor jefe de este blog da demasiada importancia a eso de ubicar al lector, y además es un tirano. Me temo por tanto que tendrá que recorrer todavía varias estaciones antes de llegar a El Hilo Invisible.

more “El hilo invisible (Paul Thomas Anderson, 2017)”

Habitaciones blancas

2018-02-27

Despertar en habitaciones vacías, las paredes blancas y, en el exterior, nubes negras.

Pienso que esta tarde nos encontraremos, sólo si nos atrevemos a enfrentarnos al temporal.

Sólo tu presencia me calma, sólo tu voz me asusta, sólo tu cuerpo me abraza y sólo tus labios chocando contra los míos generan debilidad.

Vuelves a hacerme sentir inseguro, como cuando era adolescente.

Vuelves a hacerme recordar los portales oscuros, los abrazos y los besos robados.

Rozas mi chaqueta y me dices que esté tranquilo, sólo somos dos personas que pasean haciendo siempre el mismo recorrido, que toman un café, que visitan mercadillos o que van al cine.

Somos varias personas unidas en dos, quizá en tres o cuatro, y no siempre cogemos lo mejor de cada uno. Somos palabras sobre fondo blanco, cenas y ritos cotidianos, de incierto futuro, trastornados, ilusiones nunca vanas, destructores de mundos, justicia imaginada, ansiedad descontrolada, música pegadiza, tardes de nada, habitaciones llenas, tacto en un sofá, risas desenlatadas, no desencantadas, cadáveres valientes o actos cobardes, resiliencia o fin del mundo, tormenta o calma, magdalenas con pepitas de chocolate o agua de mar embotellada, confusión o claridad.

Soy el amante de Lady Chatterley y su marido impedido, celebro homenajes en tu honor y escupo sobre la tumba de aquellos antepasados que tantos nos perturban, y a veces decido olvidarte, porque las noches me derrumban, y ya no necesito tu sonrisa, y puedo sentirme triste, y sentirme libre de ti, y necesitarte.

Necesitar tu calor cuando el sudor empapa mi cuerpo y siento frío al soplar el viento de la mañana. Eres el rayo de sol que no sé si llegará a quemarme, eres la redención de millones de cielos que optaron por derrumbarse, eres la ausencia que desespera, las palabras que nunca llegan, mi ilusión matutina, mis mayores pesadillas.

Eres tan dulce.

¿Por qué no quieres aparecer en mis sueños?

Las sombras alternas

2
2018-02-26
Me llamo Ernesto, Ernesto Bánegas, sin segundo apellido, nadie se molestó en ponérmelo. Nunca estuvieron claros mis orígenes, nací en un momento indefinido, entre los caminos que crean las ruinas y las luces que proyectan sombras.
Camino hacia ninguna parte, así me aseguro de que mi presencia tienda al infinito.

 

Vivo en la duermevela, entre imágenes que no son reales. Recuerdo a aquella persona que era feliz contigo, pero ya no la reconozco. Viví intensamente nuestros planes de futuro, ilusiones de realidad y me vuelvo a despertar entre pesadillas, ¿o acaso es sólo un mal sueño? ¿Despertaré y tú estarás aquí? No, no estás.

 

Las pesadillas empiezan desde el amanecer y me paso el día enganchado al narcótico sabor de la eutanasia.

 

Me encanta autodestruirme, pero no tiene tanta gracia cuando aquí no hay testigos. Pienso en salir a la calle, empezar una nueva vida, pero mi aliento es de metal; ¡se vive tan bien en soledad con cinco comidas, varias botellas y once pastillas al día!

 

Y suena una música contagiosa y despierto para bailar dormido. Ya no sé dónde estoy, no reconozco el lugar, sólo la nicotina pegada a las pareces. Y pienso que vivo mejor enganchado al dolor, con el recuerdo de un fracaso del que siempre será culpa tuya, no mía.

 

Siéntete culpable, no disfrutes, no tienes derecho mientras yo me hundo y estoy sufriendo, estoy sufriendo, no tienes derecho.

 

Y te escribo una hagiografía satánica. Mi baile ya es torpe, desesperado. Hace siglos que no sonrío y las lágrimas no calientan mi rostro. Me siento en un rincón fumando un eterno cigarrillo y caigo en la cuenta de que te has convertido en parte del mundo exterior. Tal vez, si salgo a la calle te vea disfrutar con ellos y la única verdad será clara para mí: No nací en la posibilidad de redención y ahora me encuentro solo, vacío de ilusiones y de futuro, mi pesadilla es tener que enfrentarme constantemente a la realidad y estoy asustado, y sé que tú no te molestarás en venir a salvarme.

Klee – Angelus Novus

Las luces alternas

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