Quizá todavía no seas consciente de ello

2018-08-14

Todavía queda una hora de trayecto
y, medio dormida,
en un autobús de interior estático,
te pierdes entre las luces de la ciudad.

Te haces un selfie,
para anunciar al mundo
que regresas al hogar.
Te preparas,
para decir adiós a la noche.

La mayor parte de los ojos están cerrados,
el rimel corrido en tus ojos
y las uñas de color azul,
como tus piernas
paralizadas de frío
bajo tus medias transparentes.

Otra noche como las demás,
ya no recuerdas cuantas.
Te preguntas si algún día crecerás
dejando así de necesitarlas.

Siempre hay un punto melancólico
en los viajes al fin de la noche,
ya sea por el tiempo que no volverá,
los amores que no llegarán
o las amigas de las que algún día
tendremos que despedirnos.

Quizá todavía no seas consciente de ello

Arrebato

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2018-08-10

Arrebato intimida. No sé si por su estigma de película maldita*. Quizá porque no es bueno ir acumulando tanta información sobre algo que no has llegado a experimentar por ti mismo. Porque Arrebato no es una película; es una experiencia. Mejor o peor, eso ya queda al criterio de cada uno, pero es innegable que se trata de algo diferente a lo demás. Nunca habrás visto o verás nada parecido.

Eso puede decepcionar mucho o cambiarte para siempre. Supongo que era eso lo que realmente me intimidaba. Puedo decir que me fascinaba antes de verla, pero después empezó a fascinarme mil veces más.

arrebato

Es difícil definir las sensaciones que Arrebato provoca. Lo primero que puedo decir es que, a pesar de estar completamente integrada en la época en que se rodó** ha conseguido convertirse en un relato universal asimilable desde un gran número de perspectivas.

No me canso de verla. Cada vez surge un nuevo detalle, algo que me sorprende o una nueva interpretación. Todas sus escenas están dotadas de un aura especial, aportando valor a su mensaje sin duda críptico. Creo que Iván Zulueta pretendía explicarnos algo, imposible de captar a través de una historia más convencional, que tiene que ver con la fascinación, el paso del tiempo y el precio que nos obligan a pagar nuestras obsesiones y adicciones.

Arrebato es una metáfora del paso del tiempo a través del lenguaje cinematográfico. A través de dos personajes, Eusebio Poncela y Will Moore, directores cinematográficos ambos, aunque con concepciones muy diferentes, nos muestra su obsesión por las imágenes como una vuelta a la infancia, donde nos maravillamos por cada nuevo descubrimiento sin ser perfectamente conscientes del paso del tiempo. De que la vida, como una película, tiene una duración determinada y no podemos desprendernos de la entrega que nos exige por muy conscientes que seamos de que se acerca el final.

Esto estaría plasmado, en mi opinión, en los fotogramas que van desapareciendo y convirtiéndose en manchas de sangre. Los personajes no pueden dejar de grabarse y comprobar esas grabaciones, aún siendo conscientes de que, cuando más se graben más cerca estarán del final.

Y esto nos lleva a una segunda interpretación relacionada con el consumo de heroína. En que la cámara se convierte en un vampiro que contamina su sangre. Las imágenes podrían ser la sensación que la droga provoca en los personajes, la manera en les van alejando de la realidad hasta el punto que acaban desapareciendo dentro de ellas.

Pero más allá de esas interpretaciones, pudiendo haber muchas más siendo válida cualquiera de ellas. Arrebato es la historia de una obsesión. De una insatisfacción profunda provocada por la existencia que lleva a sus protagonistas y a su director a sumergirse en algo, ya sean recuerdos o sustancias, que les aleja cada vez más de la realidad sin que haya nada en sus vidas que les empuje a volver a ella.

Quizá Arrebato no fuera más que un grito de socorro de su director o quizá sólo la rodó porque le ayudaría a entender algo que nunca podría entender con palabras, no lo sé. Lo único que puedo decir es que a mí me vuelve a atrapar una y otra vez, y sus escenas ya han pasado a formar parte de mi mente.

* Hay infinidad de información en Internet a este respecto centrándose en los múltiples problemas acaecidos durante el rodaje, las pésimas críticas en el momento de su estreno y la manera abierta en que se trata el tema de la heroína a lo largo del filme. En mi caso fue una película a la que intenté acceder durante años, pero era imposible alquilarla o comprarla en ningún sitio, por lo que tuve que esperar a su estreno en TVE, muchísimos años después de su estreno para poder verla.
** Se puede decir que Ivan Zulueta fue uno de los fundadores de aquello que se vino a llamar la movida. La estética que aparece en la película ha sido imitada hasta la saciedad y ha quedado integrada en los primeros filmes de Pedro Almodóvar o en vídeos como el Embrujada de Tino Casal, que según algunas leyendas fue dirigido por el propio Zulueta.

arrebato

Nueva arcadia

2018-08-09

Nueva Arcadia

Todos fantaseamos con cambiar el mundo,
con ese discurso perfecto que modifica la realidad,
con pensamientos profundos,
hechos trascendentales y enfermedades incurables.

Te invitaron a aquella ponencia
y apuntaste un montón de ideas en tu cuaderno.
Estimulantes en la teoría
e inútiles en la práctica.

A todos nos gusta teorizar
sobre el sentido de la vida y equivocarnos.
A todos nos gusta teorizar
sobre los errores cometidos por los demás
y su escasa capacidad de adaptación a la realidad.

¿Dónde está tu ideología?
¿Me vendes los pedazos que te quedan?
Voy a crear una historia.
Transcurrirá en aquella sociedad perfecta,
que sólo existe en tu mente.

Porque,
si tan solo te hiciéramos un poquito de caso…

nueva arcadia

Amapolas

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2018-08-09

Amapolas

Cansada de tratar de mantener
el equilibrio en el trapecio,
te refugias junto a mí
entre el dulce perfume de la heroína.

Y te dejas transportar
a aquellos veranos.
No tenías ni veinte años
y tu mundo era mucho más pequeño,
pero tu tiempo era infinito
y en el mar ilimitado
nunca llegarías a ahogarte.

Podías hacer lo mismo cada día
pero no dejabas de sentir
la rutina desaparecida.

Aquel pueblo, aquella playa,
si volvieras hoy serías una turista
y sabrías que los chicos
que se asoman por las ventanas
ya no te buscan a ti.

Pueden oler tu enfermedad
a través de tu piel
pegada a los huesos.

Deseados recuerdos de regusto amargo.
¿No lo ves?
Lo que era tan divertido a veces desespera.
¿No lo ves?
Has vendido tu alma.

Y ahora tendrás que volver a comprarla.

Ahora sólo te vistes para los clientes,
incapaces de hacerte olvidar
un amor que quedó atascado en tu memoria.

Aquel verano,
de confesiones nocturnas
a la luz de las luciérnagas.
Sillas plegables
clavadas en la arena.

Arena y pajas compartidas,
ocultos por las rocas.
Quizá terminó para él,
pero tú lo sientes como si fuera ayer.

Te tocarías de no haber perdido
la capacidad de excitarte.

Ya no puedes correrte y descargarte,
tu cuerpo depende de una necesidad mayor
a la que prometiste dedicar todo lo que tienes.
Humo dulce,
vida mortal,
recuerdos también de la infancia,
casi nunca tristes,
mirada perdida,
sensación de vacuidad,
trabajo sobrellevado
y relaciones destructivas.

La realidad que quieres ver
sólo está presente
cuando tus párpados
se cierran como unas tijeras.

Yo no puedo protegerte
de la que no quieres ver,
de aquel mundo tan cruel
cuando sólo tu necesidad importa
y no hay nada superior a ella.

Y sé que alguna noche sonreirás
recordando aquellos veranos,
las manos de Martín
metidas entre tus muslos.

Miraré tu rostro
con los ojos entrecerrados
sin saber si es o no realidad,
sólo con la certeza de que te habré perdido,
porque tendré que dejarte ir
para siempre
a ese lugar donde nunca estuve.

amapolas

Cien pasos en falso

2018-08-08

Cien pasos en falso

Me desperté tarde. Odiaba despertarme tarde. Para mí, es como si hubiera gafado el resto del día. Y, sin embargo, era el cuarto día seguido que lo hacía. Me preocupaba pensar que dejaría de preocuparme.

Recorrí los armarios de la cocina en busca de algo que pudiera servirme como desayuno. No había nada. No debería haberme extrañado puesto que no recordaba la última vez que había ido al supermercado. Apenas recordaba haber salido a ningún sitio. Pero, después de días y días de consumo constante hoy no me podría librar: tendría que salir a la calle.

Y en la siguiente escena ya estaba en el bar. Pedí un café con leche y medio bocadillo de jamón serrano. Estaba normal tirando a normal. Y en una de las mesas del fondo había una chica jugando con su pelo.

No se me hubiera ocurrido hacerme ilusiones. En un 99% de las ocasiones no lo haría por mí. Pensándolo bien, que eso pueda ocurrirme una vez de cada cien es una previsión demasiado optimista. Pero esta vez sí, era rubia, bastante guapa, vestía unos pantalones vaqueros y una camiseta blanca con una inscripción en letras rojas, supongo que japonesas y me miraba fijamente.

En las películas lo que se hace normalmente es acercarse a la mesa de la otra persona, preguntar si puedes sentarte y presentarte. Me traté de animar diciendo que no tenía por qué salir mal, que yo era el protagonista de mi propia película.

Pero llevaba una camiseta sucia, unos pantalones rotos no a la moda y olía a perro mojado. Así que decidí que lo mejor sería apartar la mirada y centrarme en el periódico. Ni siquiera el hecho de pensar en el poco tiempo que nos quedaba me sirvió para reunir el valor suficiente.
Aunque la verdad es que tampoco me apetecía mucho hablar con nadie. Estaba a punto de iniciarse la Tercera Guerra Mundial y todo el mundo a mi alrededor se empeñaba en seguir con su vida como si no pasara nada.

Volví a mirarla, y ella no apartaba la mirada de mí. Nos miramos fijamente, yo seguía paralizado. Ella, por suerte, no. Resultó que esta era su película y yo sólo un secundario. Y entendí por fin que es quien se acerca quien tiene toda la ventaja, porque el protagonista no puede desaparecer de su propia historia. Pero yo tal vez sí.

Se sentó sin pedir permiso, siguió mirándome y extendió su mano:

-Odio a las que dan dos besos. Me llamo Laura y todo esto no tiene ningún sentido.

-¿Perdón?

-Venga Nilo, tú ya sabes de lo que te estoy hablando. –Pensé que quizá estaba loca, pero sabía mi nombre. Y era verdad que todo esto no tenía ningún sentido porque, continuó hablando: Ayer noche estaba en tu casa, me habías drogado y después me habías atado. Mi vida entera pasó ante mis ojos, y hoy me despierto aquí. En un mundo donde los líderes políticos han decidido iniciar una nueva guerra mundial y los ciudadanos, todos excepto tú y yo, no podemos hacer nada al respecto.

Entonces hizo una pausa. Creo que mi cara, bastante elocuente, dejó claro que no entendía nada de lo que decía sobre el secuestro. Sabía que tenía que hacer algo. Si quería seguir en esta historia debía reaccionar rápido. Y de repente mi expresión cambió, se afiló. Me convertí en una persona decidida sin saber por qué. Decidí que tenía tanto derecho a estar en este relato como ella.

-Si ayer te tenía secuestrada y hoy estás aquí. ¿Cómo escapaste? Es decir, yo creía que había venido aquí a desayunar sólo porque no quedaba nada en casa. Pero igual no es así, igual sólo vine aquí a buscarte. Porque eres preciosa y porque nada más verte…

Me interrumpió, su expresión cambió bruscamente, y dijo:

-Ernesto, Senén o como se llame es un puto cursi. ¿Vale? No te dejes llevar por él, no digas las chorradas que él diría. Porque lo que quieres decirme es que soy una puta. Que me acuesto con todos excepto contigo y que tú me podrías hacer feliz.

Intenté protestar, pero no me lo permitió.

-¿Sabes? Creo que no escapé, creo que sigo ahí. Que esto es parte de tu experimento. –Hizo una pequeña pausa y continuó: fíjate. Mira por la ventana. ¿Lo ves?

Podía ver las setas nucleares explotando más allá de las ventanas, podía ver como el cielo se teñía de rojo y los edificios a nuestro alrededor se deshacían por efecto de la onda expansiva. Todos excepto el edificio en el que estábamos nosotros. En aquel bar todos estaban sentados en sus mesas, mirando las explosiones a su alrededor, sin hacer ninguna broma, sin inmutarse.

Pensé entonces que quizá era sólo uno de los personajes del sueño de Laura. El chico al que se acercaba con una estrategia disparatada para ligar. El mismo que acababa de ver como el mundo se destruía a su alrededor, cuyos padres, hermanos, amigos, ahora mismo todos estaban muertos, y a mí sólo me quedaba ella. Sólo existía porque sus ojos me miraban y, si no conseguía interesarle lo suficiente no tendría nada. Esta historia acabaría para mí. Y entonces le dije:

-Sí, lo eres, eres una puta. Desde que te conozco lo único que has hecho es aprovecharte de mí. Te secuestré por lo que él me dijo. Su método es la única manera de hacértelo entender.

-¿Sí? Ésta es la única manera. ¿De verdad, Nilo? ¿Crees que me he olvidado de Martín? ¿Crees que metiéndome en sueños sin sentido vas a conquistarme? – Nunca había visto esa expresión en su rostro: Me das asco Nilo, esa es la verdad. Y ni tú ni el hombre del maravilloso método me vais a convencer de lo contrario. ¿Quién es él Nilo? ¿Te acuerdas del hombre que te encontraste en el bar? ¿El que pareció leerte la mente? Yo sé quién es, ¿quieres que te lo diga?

La situación empezaba a sobrepasarme. Asentí.

-Es un psiquiatra, Nilo. Se llama Ernesto Bánegas y le gusta definirse como un patafísico, pero sin rastro de ironía. Lleva haciendo experimentos durante mucho tiempo. Hay personas que han desaparecido en sueños como éste en el que estamos tú y yo.

Empezaron a explotar las ventanas del restaurante. Hacía mucho ruido y Laura gritaba cada palabra.

-Este es el primer paso, imbécil. Nos mete en una situación en la que en teoría deberíamos enamorarnos. Vamos a follar y follar que el mundo se va a acabar, ¿no? Tú te acercas a mí virgen, como atrapado en otra historia, sin recordar nada. Y yo no debería recordar que eres un cabrón pero lo recuerdo, lo recuerdo perfectamente.

Entendía sólo a medias lo que me decía. Mientras gritaba. Mientras más y más edificios volaban a nuestro alrededor. Mientras las personas que había en este bar se iban deshaciendo. Primero perdiendo la piel, convirtiéndose en esqueletos que bailaban al son de un programa de música de los ochenta en la televisión. A los cantantes se les pudría la piel por efecto de la radiación.

Y Laura, su belleza, era lo único que se mantenía constante. También sus ojos cargados de odio.

Y supe que el final estaba cerca.

-¿Sabes Nilo? Tienes razón, sólo eres un secundario. Éste es mi sueño. Y si te fijas alrededor, toda esta gente pudriéndose son personas, las personas que más quieres. Vas a sentir como los pierdes uno a uno. Pero el final no está cerca, no lo creas, porque también vas a sentir tu muerte lenta. La manera en que te irás pudriendo poco a poco, tus dedos cayéndose, tus ojos colgando. Y podrás ver también como disfruto de todo ello.

Sonrió de nuevo.

-Y lo mejor es que, al despertar, recordarás perfectamente todo lo que ha pasado.

cien pasos en falso

Cirujano patafísico: Cien pasos en falso

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