Hero!

2018-05-17

Todos le admiran, es el hombre del momento. Alabado por la prensa. Una foto suya se vale millones. Venerado por sus fans, el superhéroe definitivo ha venido a salvarnos de la destrucción. Del choque de planetas definitivo. De las garras del Kinosaurio quien, ensimismado en su maldad, ha decidido borrarnos del Universo.

Podremos ver esta nueva hazaña en televisión. Siempre en 4K, pues no merece la pena ver al Agente S salvar el mundo de otra manera. Con cualquier resolución menor te pierdes los matices. Sería faltarle al respeto. Como escuchar música popular. Como comer gusanos.

Es el más grande de todos. Venido de otro universo tiene verdaderos poderes, dicen que puede moldear la realidad a su antojo. También puede volar, expulsar rayos láser de sus dedos y leerte la mente. Sabe de ti todo lo que no quisieras que supiera el gobierno o tu familia. Pero da igual, en él puedes confiar.

superheroe

¿Por qué lo llaman Agente S si no es un espía? Porque el presidente (no el de aquí, obviamente, sino el de Estados Unidos) le puso ese cargo de manera honorífica. El aceptó porque no le gusta meterse en polémicas, decidido no obstante a ignorar las consignas que cualquier gobierno quisiera imponerle. A él le mueven la paz y la justicia, no los oscuros intereses partidistas.

Se hizo una casa en el polo norte; no paga hipoteca. Nos lo comenta en la entrevista que Albert Rivera le está haciendo en directo. Le escogieron a él por ser el mejor de nosotros. Y mientras el Kinosaurio se acerca, planeta en mano, decidido a descargar toda su furia asesina sobre nuestras cabezas.

Pero da igual, eso al Agente S no le preocupa. Él le detendrá como le ha detenido siempre en ocasiones anteriores. Después le dará una paliza, para que no vuelva en un tiempo. Y no lo matará por un único motivo: todos los superhéroes están en contra de la pena de muerte.

La entrevista no acaba. El Kinosaurio se acerca cada vez más y Albert Rivera todavía tiene varias preguntas que hacerle. Lástima, piensa, éste era un planeta precioso. Pero no puede defraudar a sus fans, no puede dejar la entrevista a medias. Tendrá que buscar otro planeta habitado, a ser posible también habitado por homínidos. Los reptiles no son demasiado cálidos.

Le admirarán hasta el final. Cuando Albert sea consciente de lo que va a pasar ya será demasiado tarde.

Ellos que tantas veces nos han salvado, esta vez no han podido hacer nada.

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Terrores nocturnos

2018-05-16

Terrores nocturnos

Espectro de mis silencios,
puedo escuchar tus secretos
cuando caminas en la noche.

Hasta que me despierta el albor
entre pedazos de recuerdos derrotados.
Y sé que olvidaré tus palabras
pero no tu rostro.

Cuántos días empiezan en desolación.
Cuántas veces me he abrazado a la nada.
Y sé que yo no puedo escoger mis recuerdos,
que tu amargo sentido del humor lo hará por mí.

Consumo al despertar veneno que me hace revivir.
Desprende mi cuerpo pequeñas gotas con la velocidad.
Me curo con ellas cayendo,
Diluyéndose en una humanidad leve e infinita.

La vida es lenta y tediosa cuando nadie te ha enseñado a quererte.
¿Cuántas veces me hiciste pasar por el mismo lugar?
¿Cuántas he de ser declarado culpable?
Una y otra vez, hasta que el tiempo se detenga.

Cuando lo haga, por favor,
recordadme no por mis errores
sino porque serví como alimento a la naturaleza.

Cuando mi prefrontal deje de fabricar patrones
seguiré recordando a todos los que quise.

Pensaré que la mayoría de nosotros
no deseábamos tantas guerras.
Nos vinieron impuestas.

Volveré a visitaros
cada noche cerraré vuestros párpados
y os garantizaré recuerdos felices.

Cuando os observe desde ninguna parte
quizá sigáis teniendo mis palabras,
escondidas entre los papeles.

¿Me recordaréis cuando no esté?
¿Quién habré sido para cada uno de vosotros?
¿Podré esconderme entre vuestros recuerdos?
¿Despertaré cada mañana?

terrores nocturnos

Alternativas liberadas (Cirujano patafísico, fragmento libre)

1
2018-05-16

Alternativas liberadas (Cirujano patafísico, fragmento libre)
 
Aquella noche Nilo soñó con dimensiones desconocidas en las que no había grasa en sus entrañas y no sonaba ninguna alarma en Laura si él decidía escribirle una carta de amor. Allí donde ella nació de nuevo en otro lugar, en sus brazos, el lugar que siempre le había correspondido.

Laura no había nacido en España, le gustaba mucho el país, tampoco había nacido en Colombia, México o Ecuador. Había nacido en Venezuela, donde le correspondía porque dicen que son de ahí las mujeres más bellas del mundo y ella venía a confirmarlo. Oscureció un poco su piel y ensanchó su sonrisa aunque sólo hablaba con él. Porque Nilo consiguió por fin encerrarla en una botella de cristal, y ella sólo necesitaba su amor para sentirse libre.
 
Siempre había sido exigente,
risueña y un poco alocada,
directa y preguntona,
encantadoramente caprichosa,
cariñosa, sensual, inteligente.
 
Aquel pequeño frasco de cristal tenía la virtud de condesar la perfección. Y ahora Nilo tenía claro que, probablemente, no era digno de ser su amigo. Y sin embargo en aquella dimensión desconocida eran amantes.

Mundos de placeres inimitables,
desayunos, comidas, cenas,
todos únicos, especiales, divertidos.
Si aquello era un sueño mejor no despertar,
mejor hacer locuras juntos,
plantearse todas las preguntas sin respuesta,
mejor desnudos mientras lo hacían.
 
Y en el sueño no pasaba el tiempo,
pensó que era el tipo de chica
al lado de la que te dormías,
al lado de la te despertabas entre sus labios.

Nilo se levantó aquella mañana pensando que se había abierto en su vida una nueva posibilidad: la de que el sueño no terminara nunca.

alternativas liberadas

Cirujano patafísico (II): Los deseos alternos

2
2018-05-15

Cirujano patafísico (II): Los deseos alternos

Viene de:
Cirujano Patafísico (I)

Dos semanas antes…

Nilo tenía dolor de cabeza y el estómago revuelto; dos síntomas clásicos de la resaca. No recordaba perfectamente la noche anterior, pero había sido, sin duda la más extraña de toda su vida.

La del sábado había sido una mala tarde con Laura. Se había pasado el último mes cuidándola, haciendo todo lo posible por entretenerla. Todo lo posible para que no pensara ni en Martín ni en el accidente.

Había vuelto agotada de Madrid. Estaba devastada. En un principio apenas era capaz de comer, no digamos ya de sonreír. Se pasaba el día en casa de sus padres, tumbada en la habitación mirando al techo, con los ojos fijos en aquella horrible lámpara de araña, o viendo telebasura o leyendo algún libro ligero para poder llorar cuando los protagonistas se demostraban su amor.

Nilo, en una ocasión, había podido leer lo que ella sentía: “Martín había pintado para mí un vergel daltónico, un futuro perdido que llega ahora, cuando mi casa se ha convertido en un contenedor de rincones desiertos y habitaciones abandonadas.

“Estoy cansada. Mire donde mire hay recuerdos, hasta el infinito. Quizá fueron pocos meses, pero yo llegué a sentirlos como media vida. Recuerdos diferentes a otros recuerdos, esta vez no merece la pena vivir sin ellos.

“No estoy aquí, porque no estar con él significa no estar. Porque esta capital es un agujero enorme, repleto de manchas y suciedad, personas perdidas, vidas destrozadas, pobreza por doquier.

“Nuestro ángel prometió protegernos. No dudo que lo intentó pero era incapaz de preverlo todo. Ahora me mira horrorizado, sin saber qué decir, su boca abierta sus ojos desencajados, sin saber cómo colocar sus brazos ahora que nunca jamás permitiré sus abrazos.

“Y eso que sé que no fue culpa suya. Que soy yo, estoy maldita. Siempre lo he estado. Fui una niña triste y una adolescente perdida.

“La felicidad de la que presumen en la televisión nunca estuvo hecha para mí.

“No encontraré ningún camino, sólo la eterna pregunta. ¿Por qué yo no? Por qué no puedo despreocuparme, disfrutar de las pequeñas cosas y amanecer con el sol cada mañana.

“Por qué no puedo ser feliz, por qué me esfuerzo tanto en evitarlo.

“Porque no es mi naturaleza.

“Y Martín no se cruzó en mi camino sino para confirmarlo”.

Nilo nunca había conocido a Martín. Sin embargo, estaba harto de él. Laura no hablaba de otra cosa. Por mucho que él pusiera de su parte ella siempre se mostraba renuente a mejorar.

Y es que si contaba una historia siempre salía él. Martín decía, Martín estuvo, Martín hacía, Martín escuchaba. Un fantasma la había poseído para hacer de la vida de Nilo algo insoportable. Porque había sido él quien siempre había cuidado de ella y también era el que estaba ahí ahora que su vida se había derrumbado. Durante meses Nilo tuvo que soportar su silencio. El hecho de que pareciera que ella consideraba que siempre tenía algo mejor que hacer que hablar con él, o preguntarle cómo estaba. Tan centrada estaba en Martín que parecía no importarle si había pasado algo en la vida de Nilo.

Él sólo le importaba en la medida en que como apoyo, no era más que el pañuelo en el que derramaba sus lágrimas y sólo permanecería a su lado en esta época de extrema sensibilidad. En cuanto mejorara le volvería a dejar tirado. Quizá quedaría con él alguna tarde, para tomar café de vez en cuando, pero sólo porque sabía que en el futuro le podría necesitar. Mientras no sería lo suficientemente guapo, inteligente, divertido o atractivo para que Laura se plantease en serio compartir su vida con él.

Y lo peor de todo es que él siempre le había dado estabilidad. Sabía perfectamente que con ella sería feliz, pero no sabía explicárselo. Porque era incapaz de callarla con un beso o imponerse en una discusión.

Como aquella tarde. Había quedado para ir al cine. Nilo tenía muchas ganas de ver la película. Ella sólo iba a ir para acompañarle. Y al final no la vio ninguno de los dos porque ella llegó media hora tarde y él no fue capaz de dejarla tirada y entrar solo al cine. Estuvo incluso preocupado por si le había pasado algo. Y sólo era dejadez. Y le convenció de que no tenía importancia, que tomarían un café e irían a verla otro día. Y Nilo incapaz de trasmitirle lo mucho que le había molestado, sólo capaz de lanzarle indirectas en una patética táctica pasivo agresiva que ella siempre ignoraba.

Tomaban un café. Uno delante de otro en uno de esos bares tradicionales, sin aspavientos decorativos. Nilo pensó que el café estaba bueno, pero no sabía que estaba próximo a atragantársele porque ella tenía una confesión que hacerle. Palabras que demostraban su falta de sensibilidad. No debió contarle algo que él no quería saber. Quizá ella sabía que era un error contárselo, pero no lo pudo parar; era preferible desahogarse aunque ello implicara partirle el alma en dos.

-¿Recuerdas que te dije que Marcos había venido al funeral de Martín? – Nilo asintió, ella empezó a jugar con su pelo y siguió hablando- Estaba guapo la verdad, se ve que le ha sentado bien vivir fuera de casa; ha adelgazado unos cuantos kilos, se ha dejado crecer el pelo y la barba y ya no lleva los jerséis que le compra su madre, viste mucho mejor. Llevaba una camiseta de Joy Division y una chaqueta de cuero desgastada, me dijo que era de su padre.

-¿Fue así vestido al funeral? –El gesto de desaprobación era evidente.

-Sí –Laura soltó una carcajada. Nilo la observó maravillado, hacía mucho que no la veía reír así. Su rostro se transformaba de una manera maravillosa cuando lo hacía- No era lo más adecuado, pero me dijo que se había enterado esa misma tarde. Fue curioso verle allí… Me recordó a cuando me regaló aquel libro de pequeña. ¿Sabes? Todavía lo tengo. Fue mi salvador entonces y también quiso serlo ahora…

Y se hizo el silencio. Y Nilo supo la historia que iba a venir a continuación antes de que se la contara. Después del funeral quedaron para cenar otro día. Fue una cena agradable, llena de recuerdos. Y ella se divirtió. Tenía la sensación de no haberse divertido en siglos, a pesar de que Martín había muerto hacía sólo unas semanas.

Bebieron mucho vino. Él le acompañó a casa, tentado de besarla en cada farola decidió respetar su duelo. Pero ella no. Se sentía perdida, sola, pero sobre todo no se sentía. No era capaz de sentir nada, ni siquiera el dolor. Pensó que Marcos le podría hacer sentir algo. Se abrazó fuerte a él y buscó su boca, después se buscaron sus lenguas. Se encontraron. Volvieron a perderse. Y volvieron a encontrarse. Recorrieron sus cuerpos desnudos en la misma cama en la que ella había hecho el amor con Martín un mes antes. Los dos se corrieron, más de una vez. Y después del coito, como todos los animales, se sintieron tristes, cada uno por una traición diferente.

Nilo no hubiera necesitado conocer esa historia. Se puso pálido, y entendió que ella era presa de una extraña aflicción. Pues lo que le había contado no era lógico. Se fue sin decir nada, sólo se sentía mal y Laura parecía realmente preocupada. Pero daba igual; sólo era una pose. Ella no le quería, él nunca le había importado. Despreciaba a la única persona que realmente hubiera podido hacerla feliz.

Y recorrió la ciudad de bar en bar. Bebiendo sin consuelo, por más que tantos médicos le habían dicho que no lo hiciera. Repasaba en su mente las imágenes del coito y tenía ganas de llorar. Se detuvo en una barra, bajó la cabeza. Se sentía mareado, con ganas de vomitar.

Hasta que alguien se puso a su lado y sin mirarle, mientras mantenía la cabeza baja, le dijo:

“Hola Nilo. Sé que no me conoces pero lo harás. He podido leer tu mente hoy. Y vengo a ofrecerte una solución a tus problemas.

“Sé cómo puedes hacer que Laura sea feliz, aunque es largo de explicar y difícil de entender. ¿Te interesa?”

Continuará…

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Placeres inexplicables

2018-05-15

Placeres inexplicables

Soy la versión comercial y la censurada,
la edición bilbaína, la mallorquina y la japonesa.
El que existe y el que imaginas.
El que nació, murió y resucitó al tercer día.
El que se colgó en la cruz tantas ocasiones,
sólo para que le prestaras atención.
Músculos, huesos y grasa, mucha grasa.

Soy quien se activa cuando es de noche y pasa el día mirando al infinito.
El que desconoce a la persona que era ayer, hace diez años, en el albor de la existencia.
Aquél del que no te puedes beber su sangre; poblada de sustancias nocivas.
La persona que siempre quiere hacerlo bien e invariablemente se sale de la línea trazada.
Soy las creencias que te avergüenzan,
las mentiras que te repites antes de dormir.

Soy la pena,
el dolor y la nada.
Orden e inventor de horarios.
Quien sólo se avergüenza cuando tú no estás delante.

Soy santo y pecador,
vendo falsedad y salvación,
apartamentos en la Costa Brava
y coches de segunda mano.
La mayor estafa piramidal,
las esperanzas vanas,
los placeres inexplicables y delictivos,
el onanismo que juega al escondite,
el olor de tus escrementos,
la vida eterna,
el sabor metálico de la sangre de tus víctimas,
los miles de realidades ocultas,
las mujeres de vida disoluta,
el desamor al que te aferras,
el alcoholismo persistente,
la ludopatía destructora de entrañas,
el tabaquismo que adorna quinientos tipos de cáncer,
la violencia policial,
el terrorismo ciego, creencias desesperadas,
el sexo como vehículo de infecciones,
los números rojos,
móviles de última generación,
la venta a plazos,
y el estigma de las clases populares,

Inventé el intelectualismo
las canciones del verano,
el sentido de la vida
y la mentira a la que te aferras.

Reniega de mí,
te someteré a las peores torturas.
Puedo destruirte de un sólo golpe
pero lo haré poco a poco,
como hago conmigo,
pues te cree a mi imagen y semejanza.

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