Opuesto

2018-03-12

Opuesto. Soy yo, el destructor de mundos. Las ideas sin hogar y las batallas perdidas. Las ilusiones sin fin, truncadas; todo aquello que parece poder tocar la realidad. Lo que planificamos con tanto esmero. La imagen convertida en el monstruo que tanto odiamos: La derrota, la vergüenza, el fracaso. La violencia de la mente indecisa y la necesidad del olvido.

Lo que en realidad no importa, lo que es pasado, lo que ya no nos puede hacer daño aunque creamos lo contrario, la viceversa, los caminos que cruzamos, los que nunca creímos que existieran.

Los que se chocan al cruzar con la realidad y los que nos hacen sonreír.

La sonrisa que no se borra y la que desaparece de manera inesperada.

Ese discurso que vemos tan claro y no nos convence. La ley de la posibilidad y la potencialidad. El precio que no estamos dispuestos a pagar por lo que quizá sea posible. Lo que deseamos y lo que debemos hacer. Las contraposiciones y valores binarios. Las mentes complejas y las decisiones que son de todo menos fáciles.

Y te repites: primero lo pienso y después sucede. Y lo piensas y no sucede, ni sucederá. Y te desesperas.

No quieres darte cuenta de que lo que no sucede a veces es comedia y otras tragedia, como la vida misma.

Por más que lo anheles el final nunca llega. Nunca podrás decir hasta aquí, no podrás descansar.

No es tu momento para olvidar, ni para descansar, ni para rendirte. No es el momento de revolcarte en la desesperanza. Ya no importa la esperanza. Éste es el momento de hacer.

Lo que sea, da igual, sólo sigue adelante. Por favor.

Y ahí, encerrado con tus ideas puede que pienses que estás solo. Te empeñas, convencido de que esa melancolía es lo único que te queda. Pero yo estoy ahí, cada día a la misma hora, esperando a que salgas.

Opuesto de mirada triste, nunca seremos realidad.

Pero sé que más pronto que tarde saldrás y te pintaré en un retrato sobre todos esos colores tan intensos que duelen porque brillan.

Me llevarás contigo donde quieras y será mi lugar preferido.

Vestirás de negro y no sólo te acompañará tu laconismo y tu expresión impertérrita.

Podremos discutir sobre todas las cosas y me prometerás que nunca llegaremos a un acuerdo.

Cenaremos, alcanzaremos con el alcohol el grado exacto de calidez.

Pasearemos por las calles desiertas, como si fuera el último día en la tierra y no encontráramos ni rastro del tan temido juicio.

Seremos iguales en nuestra desnudez.

Disfrutaremos juntos, desposeídos del ahínco en la búsqueda de la felicidad.

opuesto

Ocho de marzo

2018-03-07

Sabemos que el día ocho de marzo es el día internacional de la mujer, a secas. Puede ser que no esté del todo claro cuál fue el verdadero acontecimiento que se conmemora, pero lo cierto es que valdría cualquier día del calendario porque si de algo no nos faltan ejemplos es de días en los que ha tenido lugar algún tipo de violencia contra la mujer.

El caso es que las feministas (así, en abstracto) han decidido convocar una huelga y no nos han invitado, y hay hombres que se quejan: ellos también deberían tener derecho a un día de vacaciones.

Desde su punto de vista, los hombres somos víctimas de una ideología que nos oprime, cuya única finalidad es lograr un mundo en que las mujeres lleguen a tener más derechos que nosotros. Una ideología que ha resultado tan exitosa en los últimos años por un motivo evidente: el imperio de lo políticamente correcto.

Se ve que en nuestra sociedades capitalistas avanzadas los que peor lo pasan son aquellos que día tras día sufren el linchamiento de las redes sociales por el único motivo de decir las verdades tal como son. Hombres (y también mujeres) independientes que no se dejan arrastrar por las corrientes mayoritarias, por aquellos que ven la realidad de la misma manera pero no se atreven a decirlo, ya sea por miedo a convertirse también en marginados o porque sólo se limitan a repetir las opiniones impuestas por los medios generalistas sin preocuparse de contrastar datos o formarse una opinión propia.

El valor, según su definición, consiste en pensar que son muchos más los casos de malos tratos de mujeres a hombres, pues ellas nos someten a un maltrato psicológico constante y no es tan raro que uno explote después de soportar tantas humillaciones durante tantos años. Valiente es decir que la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas, que las estadísticas oficiales ocultan la mayor parte de los casos, decir que en la mayoría de los casos de la violación las víctimas son hombres y que hay muchas chicas que consideran un perfecto plan de fiesta meterse en un portal con cinco desconocidos para tener sexo en grupo.

Valientes oprimidos porque ser oprimido significa que una mujer te ponga cachondo, que te diga que pares y que tú no le hagas caso, porque sabes que lo dice de boquilla, por quedar bien, para que no piensen que es una puta, porque te dice que sí con los ojos, que reflejan que lo está pasando de cine.

Pero son vengativas, mañana se avergonzará de aquello que hizo de manera completamente voluntaria, te pondrá una denuncia y acabarás en la cárcel, por mantener sexo consentido, porque ser hombre es hoy en día un deporte de riesgo.

Ése es el punto central, la ley ha sido moldeada por lo políticamente correcto, por políticos cobardes y populistas que no quieren quedar mal. El sistema beneficiará siempre a la mujer, te denunciará, te quitarán a tus hijos, tendrás que pagarle una pensión, le darán tu trabajo aunque tú estés más cualificado.

Las políticas de igualdad nos harán desiguales, las políticas sociales nos harán pobres, por eso la política del común nos dice que no nos metamos en eso. La izquierda persigue un mundo donde los hombres seremos pobres y estaremos dominados por las mujeres, tal vez también por los musulmanes.

Es por ello que la defensa de los derechos de la mujer sobreviene en nazismo. Obligar a los empresarios a equiparar sueldos de hombres y mujeres es nazismo, defender los derechos sociales también es nazismo, o Venezuela, o Irán, o el Estado Islámico, cualquier cosa con tal de justificar que cualquier movimiento que contrario a lo que ellos llaman libertad es contrario a la democracia y sólo traerá muerte, pobreza y destrucción.

Derechos y libertades, democracia, todo mezclado y mal entendido. Rivera dice que esta huelga es anticapitalista, supongo que también lo es el artículo 14 de la Constitución de 1978, y también el resto de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales que en ella se reconocen, como el derecho a la huelga, porque lo cierto es que a la utopía neoliberal lo que no le gustan son los derechos, aman la libertad detestan la igualdad. Todo sea con tal de ocultar que nuestros derechos y libertades nunca serán efectivos si no se dan las condiciones adecuadas.

Espero que la huelga de mañana triunfe, echar de menos a todas mis compañeras de redacción, sus consejos, su gran valor, su implicación e inteligencia. Y espero que la huelga sea profundamente, no sé si anticapitalista, pero seguro que sí antiliberal. Porque como dice Jessa Crispin: “El tema del feminismo no es aprovecharse de este sistema que oprime a los pobres por el bien de su propia riqueza. No debería ser luchar por un puesto en la mesa, si esa mesa está cubierta de mierda. El paradigma neoliberal ha derivado en una rampante desigualdad en todo el mundo. Causa muerte y sufrimiento por todas partes. Decir que es feminista participar en este tipo de sistemas, porque al menos una mujer ahora puede ayudar a decidir qué país vamos a bombardear con nuestros drones o cuántos miles de trabajadores serán despedidos para que los directores puedan tener un bonus más alto, es simplemente enfermizo”.

El feminismo no debería en ningún caso ser visto por nosotros los hombres como una amenaza, sino como una oportunidad. Muchos hombres siguen debatiendo el tema como si fueran unos críos, demostrando una falta total de dignidad al pretender denostar la inteligencia, el compromiso y la capacidad de trabajo de las mujeres.

La misma dignidad que nunca conseguirán arrebatarles a ellas.

Evidentemente, yo no iré a la huelga mañana, pero os apoyaré y echaré de menos a todas las que lo hagáis.

Pasado mañana juntos seremos más.

Jessa Crispin – Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista.

El niño amnésico

2018-03-06

El niño amnésico duerme mucho y sueña demasiado. Vive en un mundo que se le antoja irreal, en exceso mediocre para considerarlo su hogar. A veces siente que camina por encima de todos y de todo, otras veces cae al vacío y, por desgracia, sobrevive.

El niño amnésico no puede estar seguro de lo que recuerda. Los recuerdos son espirales y la mente es infinita. Siempre hay detalles que añadir, elementos que pulir, actuaciones que mejorar o palabras que debían haberse dicho pero nunca se dijeron.

Se ha detenido en un recuerdo, aquella madrugada, las lágrimas surcan tu rostro y caen sin que él pueda escucharlas. Se queda parado, sólo dice “no llores, por favor” y no es la frase más original del mundo.

Busca las palabras exactas, aquellas capaces de secar tu expresión y acallar las voces de todas las paredes vacías. No las encuentra, se aleja y se tumba sobre la hierba, imaginando que es a él a quien le han infringido un dolor irreparable.

No encuentra, busca, repite los mismos errores hasta el punto de que la gente que le rodea piensa que lo hace por afición y deja de preocuparse. Destruye el techo de cristal, cortes inútiles que se repetirán pronto: encontrará uno nuevo.

Las personas no son tales, son personajes de un cuadro impresionista. Al niño amnésico sus intenciones le asustan porque es incapaz de diferenciar su expresión. Sólo conoce el dolor, identificándose con él hasta el punto que hace tiempo decidió erradicarlo de la faz de la tierra. Pero nunca coincide con las palabras exactas. Aquellas que conseguirán curar para siempre tu dolor y acallar su sentimiento de culpa.

Porque es culpable de todo y porque ser culpable es su pasatiempo favorito. Porque no sabe hablar y nadie le entiende, porque su voz parece un sonido ininteligible y vacío de contenido. Porque a las personas reales no les divierten los sentimientos irreales y los deseos trastornados.

Las persona reales no entienden que, cuando desaparecen los edificios, los coches, las señales, las aceras, el dinero, las correas, las imágenes, los asesinatos, las guerras no justificadas, los actos crueles, la estupidez terrorista o la estupidez a secas, el maltrato, la desilusión, la decepción y las lágrimas, ya no hay lugar para la literatura.

Si el niño amnésico no hubiera olvidado aquellas primeras palabras, las mismas que un día te hicieron pensar en él, intuir quizá solamente un instante de verdadera felicidad, el mundo ahora no sería un desierto rojo, ni la arena simple mezcla de lágrimas de sal y sangre.

No sabe como decir que es por ti, por ningún otro motivo. No sabe decirte que sin ti ya no importa.

Porque sin ti no habrá más literatura.

amnésico

Tan lejos, tan cerca

2018-03-03

No sé si has nacido.
Quizá ahora mismo estés llorando,
quizá comiendo,
no sé qué hora es ahí.
Estás tan lejos,
y estás tan cerca
¿Cómo te tratan?
¿Eres feliz?
¿Recordarás mis palabras cuando seas mayor?

Sé que nos veremos,
sé que no queda tanto.
Quizá te asustemos,
con nuestras pieles,
con nuestros gritos
y con nuestras miradas.

Qué piel tan clara,
seres de leche,
somos extraños,
tú el paraíso.

Tenemos rocas,
tantas sobre nuestras espaldas.
Sé que siempre estarás a la altura,
tu madre también.
¿Lo estaré yo?

Descansa,
duerme mi querido pajarito.
Tú que volarás desde el otro lado del mundo.
Tienes tanto que conocer,
tanto que experimentar.
A veces seré un estorbo,
perdóname,
te ahogaré protegiéndote,
miedo constante,
a las sonrisas malévolas,
de tantos adultos que no deberían haber nacido.

No te preocupes,
ya me preocuparé yo de mis demonios.
Los he matado tantas veces,
torturas,
muertes siempre dolorosas.
Les he golpeado hasta cansarme,
nunca lo sabré,
¿es suficiente?
criaturas de duermevela
¿Puedo descansar ya?
¿Puedo descansar ya?

Estarás aquí y no me daré cuenta.
Mis padres siempre fueron mayores,
sensatos,
yo nunca tuve esa sensación.
¿Cómo me verán tus ojos?
¿Serán tan evidentes todos mis defectos?
¿Serán evidentes para ti?
¿Podré protegerte?
¿Te tocarán los demonios?

Me pusieron de rodillas y me escupieron su desprecio.
Todavía me estoy limpiando.
Tú no lo necesitarás, nunca dejaré que te pase nada,
y te querré, viviré para quererte,
para estar ahí cerca,
para que no sufras.
Quizá no pueda evitarlo siempre,
quizá a veces me sienta inútil.
No sé cómo me verán tus ojos,
pero espero que lo sepan,
mi vida será tu respiración contra mi pecho,
tu respiración cálida,
el milagro de tu existencia.

Yo soportaré las noches árticas,
dame tú tus recuerdos más felices.

El hilo invisible (Paul Thomas Anderson, 2017)

2018-03-01

Si le gusta el cine, si le gusta de verdad, estoy seguro de que sin duda sabe quién es Paul Thomas Anderson. No necesitará ninguno de esos instructivos artículos que se han puesto tan de moda, del tipo Diez cosas que (quizá) no sabías de Paul Thomas Anderson o Te vamos a contar un secreto sobre Paul Thomas Anderson que (seguramente) te dejará helado. Y, por supuesto, podrá saltarse varios párrafos de esta crítica ya que no le aportarán lo más mínimo. Me disculpo por adelantado, en mi defensa sólo puedo decir que el redactor jefe de este blog da demasiada importancia a eso de ubicar al lector, y además es un tirano. Me temo por tanto que tendrá que recorrer todavía varias estaciones antes de llegar a El Hilo Invisible.

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