Mis viajes al fin de la noche(X): La herida

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2018-05-29

Mis viajes al fin de la noche(X): La herida

Y ahora me detengo
para abrir esas cajas
que duermen en el fondo del armario.

Ya no le hablo a ella,
ahora te hablo a ti.
Dicen que las personas
que conocemos en la niñez
son importantes,
pero tú no lo eres.
Sólo eres un virus
que ha ido creciendo en mi interior,
el mayor proveedor de basura de mi vertedero.

Me dijiste una vez:
me alimento de las palomas que tú alimentas.
De ti aprendí que el mal existe.

Supe que no eras humano
que estabas hecho de la materia
de la que se nutren las pesadillas.
Lo intuí en aquel momento
y después pude comprobarlo
en mis propias carnes.

Eras nuestro profesor,
tenías que habernos protegido y enseñado,
pero tú disfrutabas más torturándonos.

Lo pasaste de miedo,
cuando apretaste mi cabeza contra la pared
para asegurarte de que te obedecía.
Y ese miedo fue creciendo en mi interior,
y nunca más pude ser sincero con nadie.
Sólo pude sentirme culpable y solo,
aborrecer la vida
y cargar con la culpa de tus pecados.

Durante años me mantuve en silencio,
todas aquellas ideas incoherentes.
No intenté desenmascararte,
para qué:
los adultos te creían un santo.

Pasó el tiempo.
El instituto fue una época trágica pero feliz
porque ya no tenía que verte cada día,
sólo de noche.

Y un día volví a tener noticias tuyas.
Ser inhumano,
pereciste siéndolo demasiado;
un cáncer de piel acabó contigo.

Te visité tus últimos días en el hospital,
hablamos como si entre tú y yo no hubiera nada que perdonar,
me pregunto si te vinieron a la mente tus malas artes,
a mí sí,
por eso disfruté
con aquellos millones de tonos de piel enferma en tu frente,
pude visualizar aquella misma piel expandiéndose por todo tu cuerpo,
del mismo modo que podía oler
tu aroma a putrefacción.
Ya casi eras un cadáver,
y yo rezaba a todos los dioses para que te concedieran un minuto más.
No había por qué escatimar sufrimiento.

Tuviste suerte,
nadie quiso ya identificar al verdugo,
sólo a la víctima
y hasta te hicieron un funeral,
con todos nosotros presentes,
niños convertidos en otra cosa,
extraños a sí mismos,
queríamos asegurarnos de que estabas muerto.

A veces fantaseo,
y me veo a mí como el destructor de tus entrañas,
ojala hubiera sido yo quien hubiera infringido todo el dolor,
que no te hubiera devorado la tierra
sino el fuego de mi estómago.
El que se encendía cada mañana,
el que hacía que me temblara todo el cuerpo,
sólo con la idea de que tenía que ir a clase al día siguiente.

Y ahora soy mayor,
demasiado con solo veinticinco años.
Ya no te tengo miedo
pero me sirve de bien poco.
Porque la herida sigue ahí
y sangra un poco cada día.

Y cualquier detalle nimio,
sólo un desamor,
una decepción,
sentirme humillado
aunque sea sin motivo,
puede abrirme en canal y desangrarme.

Así que tendré que tener cuidado.
Pensar en tu imagen por última vez,
devolverte a la caja
y encerrarte en el fondo del armario.
Rociarlo todo con gasolina.

Aunque las brasas nunca vayan a apagarse,
aunque sea ácido tu ceniza
y nada vaya a librarme de mi herida.

la herida

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Mis viajes al fin de la noche(IX): Las luces de la ciudad

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2018-05-28

Mis viajes al fin de la noche(IX): Las luces de la ciudad

Te lo dije en serio,
ya no te odio,
pero estoy cansado de pelearme contigo

y de que no me contestes.

Intenté dejarlo todo de golpe
y ahora paso las noches en vela.
Son extrañas las luces de casa.

Ya no puedo comunicarme.
No puedo ver a mis padres,
a mis hermanos,
mis amigos íntimos.
Si supieran en qué me he convertido
se avergonzarían de mí

como yo lo hago.

Tú no convertiste mi vida en un despropósito.
Le diste el sentido que yo no supe darle.
La coherencia había sido desterrada hace tiempo,

en mi interior,

Y son muchas las veces que quise expulsar tu compañía,
quedarme solo con mis ideas suicidas.
Estoy seguro de que más de una vez pudiste olerlo
y es por eso que ahora no estás.

Ésta es una carta de despedida.
Me despediré de las noches en vela,
de llamar a mis padres sin saber qué decir,
de las drogas en cantidades industriales

y de la consistente idea del suicidio.

Esta noche me asomaré al balcón,
mi imaginación no saltará,
sin restos de locura,
sólo belleza:

las luces de esta cuidad

rebotando en los edificios,
aviones en el cielo,
personas regresando tarde a casa
encontrarán la calidez del hogar.

Esta vez si salto será porque puedo volar,
tan lejos que tu recuerdo no me encuentre,
tan cerca que no vuelva a decepcionarme de nuevo.

Hoy te escribo para decirte
que ya no tengo reproches que hacerte.

Ya no me importa

y deseo que a ti tampoco.

Fuimos lo más cerca que se puede estar de nadie
y ahora somos desconocidos que no saben como reaccionar.

Puedes volver a sonreír cuando me veas.

Podré,
por fin,

dejar de avergonzarme,

cada vez que te vea.

Tú podrás hablar con mi indiferencia,
lo siento,
no lo haré a posta,
sólo que ahora eres una más,
otra persona.

Has perdido tu misterio.
Y yo a la persona que era contigo.

 

Y recuerdo haberte prometido nueve canciones,
pero te mentí,
las que restan ya no son para ti
sólo para mí,
o para la siguiente canción.

las luces de la ciudad

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Mis viajes al fin de la noche(VIII): Sustancias imperecederas

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2018-05-27

Mis viajes al fin de la noche(VIII): Sustancias imperecederas

Se ha fundido la luz de mi habitación,
se me cayó un cigarrillo y agujereó la colcha,
hay silencio en la sordidez
e indeterminación en mis lágrimas.

Me agarro a tu recuerdo,
me pierdo en tu calidez
e invento cien mil formas de locura
mientras me dirijo al fin de la noche.

Sudo cubitos de hielo y me tiemblan las manos.
Ya nunca contesto al teléfono y jamás estuve tan delgado.
Te utilicé tanto tiempo, eres la excusa de mi destrucción.
Después que llegue el amanecer, jamás volveremos a vernos.

Y cuando cierro los ojos,
las risas que escucho
son espectros
de lo que pudo ser y no fue.
O son las burlas
de todos los que me advirtieron
que mi historia iba a acabar así.
Y entre niebla de nicotina
encuentro al perro que caminó
desde Bilbao hasta Madrid
sólo para que me lo regalases.
Y con manos enormes
aprieto su garganta
hasta desmembrarlo.

Después vuelvo a mi rincón
para lamentar la ausencia de placebos,
seguir sintiendo el dolor
multiplicado por más ausencias.
Y con la luz apagada
me pregunto por el sentido de
aquellas cosas que te hacen tan dichoso
para después entregarte una herida inmortal.

Y en mi estilo de vida,
tan inmoral,
no hay escándalo
sólo hastío.

Y en mi vida alterna
soy un personaje de película,
de esos que me engañaron
diciéndome que podía
tomar toda clase de sustancias
sin consecuencia alguna.

Y en mis viajes al fin de la noche,
vuelvo a ser el espía
que dejó aquella oscura organización
sólo para salvarte.

Y donde había fuego hay brasas
y tú hueles a sudor y yo a semen.
Y nunca volveremos a tener intenciones
de deshacernos de ninguno de esos olores
que impregnan la habitación.
Y mi sudor ya nunca más volverá
a ser sudor de enfermo,
porque las drogas siempre serán divertidas
y sólo follamos mirándonos fijamente a los ojos.
Porque toda esa gente convencional
morirá de manera ridícula
y no volverán a molestarnos jamás.

Y miro a mi alrededor
y es el escenario de una ciudad devastada
tras un holocausto nuclear.
Y pienso que podría intentar dormirme,
que si mañana lavo estas sábanas
empapadas en alcohol
veré todo más claro.
Si recojo a este animal muerto,
friego su sangre
y lo meto en una bolsa,
ya no podrá morderme.

Mañana volveré a comprar comida de verdad,
y me sentiré bien por primera vez hace meses.
Mañana fregaré los platos que atascan el fregadero
y pintaré las paredes de este cuarto.
Mañana te llamaré por teléfono
y te diré
que me da igual si te importa o no
pero que ya no te odio.

Pero esta noche,
déjame avanzar un poco más,
porque en el fondo
a todos nos gusta la oscuridad.
Porque tal vez si salto
mis últimas imágenes
sean un sueño hecho realidad,
o tal vez me ponga algo de ropa
y salga a la calle
sentiré el frío invierno en mi rostro,
Buscaré a alguien que pueda venderme
veinte euros de dicha.

Y cuando llegue el final de la noche
veremos si necesito algo distinto,
porque si algo es cierto
es que no todos llegaremos al final.

sustancias imperecederas

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Mis viajes al fin de la noche(VII): Flores amarillas

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2018-05-25

Mis viajes al fin de la noche(VII): Flores amarillas

Aquella noche desperté entre sudores fríos.
Alguien había dejado un ramo de rosas amarillas bajo mi almohada
no podía mover ni los brazos ni las piernas,
sólo ladear la cabeza para respirar.

Había luces en el exterior,
pensé que ellos venían a abducirme
y que ahora sí que no te volvería a ver.

Si tú vinieras conmigo,
viajaríamos más allá
de la puerta de Tannhäuser.
Nos sentaríamos a ver
donde nacen las estrellas.
Dejaríamos que nos devoraran agujeros negros
y despertaríamos juntos en una falsa habitación de hotel.

Si vinieras conmigo,
te abrazaría en Plutón
para que no tengas frío
y después pasaríamos la tarde patinando
alrededor de los anillos de Saturno.
Como hacíamos antes,
porque éstas son las cosas
que podíamos hacer si estábamos juntos.

Hasta que un día llegó Thanos,
chasqueó los dedos
y te convertiste en una nube negra.

Y desde entonces te he buscado por todas partes
pero no te encuentro
y pierdo todas las batallas.

Y se acabaron las cenas con velas sobre la misma luna.
No volveremos a adoptar una mascota de Eternium
ni compraremos un pequeño satélite.
Y me duele saber que ya no abriremos una cuenta conjunta en Instagram
en la que sólo se acepten fotos de auroras boreales.

No volveré a confirmar la inexistencia de Dioses
más allá de las nubes,
sólo para hacerte rabiar.
Ahora lo sé,
no están,
menos mal que no esperaba nada de ellos.

En las minas de Andrómeda hace mucho frío,
me recuerdan al interior de tu corazón.

Viajando en una nave que se cae a pedazos,
no sé si hacia el futuro o al final del universo,
decoran las ánforas mi viaje
y en ellas todas las flores que te regalé.

Pudiste ser mi princesa Leia,
pero te engulló el reverso tenebroso.
Te cubriste de oscuridad y no de amor,
como Anakin y Hela.

Asgard iba a ser nuestro hogar.
No sólo te he perdido a ti,
también todos los planes que hicimos.

Y ahora floto en el espacio
bajo el efecto de los dormitivos
que encontré en la guarida del coleccionista.

Y aquí todo es oscuro
donde habita la derrota,
donde terminan mis proyectos,
donde soy yo el que odia en lo que te has convertido.

flores amarillas

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Mis viajes al fin de la noche (VI): Expediente Bánegas

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2018-05-24

Mis viajes al fin de la noche (VI): Expediente Bánegas

Sigo un patrón:
primero estimulantes,
después tranquilizantes.

Corrijo los errores de mi generación,
Yo no nací para morir de sobredosis.
Controlar las dosis,
es la metodología perfecta
que puede durar toda una vida.

Sabes que estuve en el centro del universo
cuando todo explotó.
Y ahora estoy en todas partes,
pero no te encontraré si tú no quieres.

Podría salir con todas las mujeres que conoces,
pero no quiero:
para qué si el amor siempre sale mal.

Podría convencerte si quisiera,
volverías,
no lo dudes.

Y sin embargo me entrego a esta dinámica,
la que da lo que promete.
Y aunque apueste un mal viaje,
siempre será mejor que esto.

El médico me dio unas pastillas.
Me dijo que no las mezclara con alcohol.
¿Adivinas lo que estoy haciendo?

Y aún así me sobrará energía
para salir toda la noche
y follar en un retrete,
con mujeres, hombres,
porque ahora me siento libre
y sólo porque no te tengo a ti.

Volveré de cualquier manera,
al día siguiente habré olvidado el trayecto y mis pecados.

Veré todos los amaneceres
y despertaré inmediatamente
después de que el sol se haya vuelto a largar.

Cantaré todas las canciones que recuerdo,
viviré el momento,
me pelearé con el asfalto,
con todos esos chulos a los que antes temía,
porque ahora soy un guerrero,
mis heridas trofeos.
Sobreviviré a todas las batallas que propongas.

Si te preguntas qué es lo que me pasa,
me pasan las noches largas,
el cansancio disimulado,
las canciones de ritmo pegadizo y letras banales,
mi cuerpo pegado a cualquier otro,
sobre todo si dispone de drogas de diseño,
también me valen tradicionales,
las que me ayudan a dormir por las mañanas,
cuando mi rostro es pálido,
tremendas ojeras pero mente inquieta,
sueños no recordados,
a veces miradas cómplices,
en el techo figuras lisérgicas
y en la calle muchos coches
que bordean el accidente.

Y si me preguntas qué es lo que me motiva,
son todos los lugares que nunca visitamos,
las situaciones que no vivimos,
las rayas en línea sobre la tapa de un retrete,
tremendas aventuras sórdidas fruto de mañanas inexistentes
y tardes ausentes frente al televisor.
Viendo cine clásico en canales fachas,
repasando todas las grandes historias de amor de la historia
y pensando en lo ridícula que fue la nuestra.

Pensando que soy tóxico,
que mi sangre podría hacerte volar.
Que debería olvidarte,
que no debería enviarte mensajes
con número oculto
desde todos los bares que visito.

Siento haberte despertado, de verdad.
Siento haberme convertido en todo lo que tú odias,
porque yo también me odio.

expediente bánegas

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