Objetivo / Sueños Polares / Medianoche / Procesiones / Extraña sensación

2019-03-19

Objetivo

Tenía su objetivo fijo en ti.
Sonreías y apartabas la mirada.
Sentías escalofríos,
porque aquello significaba
todo lo que siempre habías odiado:
quedarte para siempre en aquel lugar.

Porque ninguna cárcel es nunca
lo suficientemente grande
y menos aquel instituto
de una ciudad pequeña
donde todas tus amigas insistían
en que le dieras una oportunidad.

Y, a veces, te levantabas de madrugada
y, desde tu ventana, podías sentir
el mundo en calma.
Y te ponías nerviosa,
consciente de que no podrías
saborear aquel silencio
sin conocer antes el ruido.

Sueños polares

Entre los espacios de mis palabras
siempre habrá un lugar para ti.
En mis sueños antárticos,
cuando el sol brille sobre la nieve,
siempre acabaré encontrándote,
bailando con los pingüinos
o jugando a pillar con un oso polar.
Siempre estarás ahí.
Serás mi modelo
cuando quiera dibujar la perfección.

objetivo

Medianoche

De nuevo despertaré a medianoche
y cerraré ojos para ver la completa oscuridad.
Me taparé y, cubierto de frío,
echaré de menos tu cálida piel.

Y, por más vueltas que le dé,
no podré apartar de mí esa melodía:
la canción que me cantas en la oscuridad.

Procesiones

Como las procesiones aterran
a quienes no son católicos
me asusta en la oscuridad
el canto de tus labios.

Aquella sonrisa
devoraría mi alma
y acabaría por convertirme
en aquel ser dependiente
al que siempre he odiado.

objetivo

Extraña sensación

Esa sensación extraña
de pertenecerte
sin que tú lo quieras.

De que nuestra historia
se cerró sin acabarse.

De que todavía hay algo
que yo pueda hacer
para que vuelvas conmigo.

De que la persona
que me enamoró
con aquella extraña sonrisa
volverá para quedarse.

De que me has robado
la vida que quería tener.

De que nunca me recuperaré.

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Transmutación del virtualismo

1
2019-03-19

Transmutación del virtualismo

Te despertaste a las tres
sin saber por qué.
Miraste por la ventana
y estaba lloviendo.
Volviste a la cama
y te encerraste
con tus sueños
en la habitación.

Nos conocimos aquella noche
cuando, harta de soñar,
entraste a las más sórdida de las salas.
Ninguno de los dos sabíamos
exactamente qué hacíamos ahí
aparte de entretener al insomnio.

Éramos sólo letras
que se reconocían
entre un mar de cables
y corrientes inalámbricas.

Nos dimos cuenta
de que podíamos reconocernos
en las palabras del otro,
incluso en sus silencios.
Y así empezaron a pasar las noches,
secreto tras secreto,
insinuaciones sinceras
y sexo telefónico.

La primera vez,
yo te dije que me excitaba
tu voz de profesora.
La mía, dijiste,
sonaba a la de alguien más mayor.
Y prometimos no enviarnos fotos,
no ir más allá ni enamorarnos,
sólo disfrutar de un momento
en que el uno era perfecto para el otro.

Las noches eran largas
llenas de confesiones,
graves sucesos,
pequeños misterios
y húmedos susurros.

Por la mañana,
nos levantábamos tarde,
muy tarde
y, lo primero que hacíamos,
era mover el ratón para comprobar
que el otro estaba despierto.

Seguía habiendo alguien al otro lado.
Todo un logro para una relación tan frágil.
Aquella que decidimos no alargar desde el principio
pero que se alargaba irremediablemente.

A veces te convertías en una niña
asustadiza que siempre se portaba bien,
otras en una mujer traviesa
que empezaba a masturbarse en medio
de conversaciones telefónicas sin importancia.

Cuántas veces me pregunté quien eras
y si eras real.
Cuantas veces me dijo aquella amiga
que sólo me veía sonreír cuando hablaba contigo.

Ahora que te pienso
me pregunto si seguirás siendo la misma
que baila canciones sola en su habitación
mientras te espío en mi habitación.

Hemos decidido romper todas nuestras promesas
y tu avión está a punto de llegar.
El día de mi cumpleaños,
pienso,
que la mujer más importante de mi vida
puede convertirse en un instante
en una extraña,
o que puede que haya elegido mal la ropa,
o no estar a la altura de mi imagen virtual.

Exploro las mil posibilidades de que esto vaya mal
pero sigo esperándote de pie quieto en el aeropuerto,
muriéndome de ganas de fumar, un cigarrillo tras otro.

Y pensando qué pensaras tú,
quizá si no es demasiado tarde
para que el avión de media vuelta.

Pero el avión está ya a punto de aterrizar.

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Enséñame

1
2019-03-18

Enséñame (a leer en tus lágrimas)

El humo del tabaco recorre esta habitación,
espeso y aburrido como el inicio de Madame Bobary.
Y lentamente va subiendo por las estanterías,
colándose entre las páginas de los libros
y dotándoles de un falso color de uso.

Enséñame a esperar esta noche,
quédate conmigo en este ambiente venenoso
donde el humo del tabaco
es el menor de nuestros peligros.

Dime que tendremos tiempo para leer
todos los libros que nos quedan.
Y enséñame a pedir perdón
de otra manera que no sea torpe y dolorosa.

Y no dejes que mi locura alimente tus lágrimas,
aléjate de mí, aprende a volar,
que yo me refugiaré en mundos imaginados,
interiores y sangrientos, turbadores y penetrantes,
y, sin embargo, sólo míos
capaces de separarme del dolor
y curar cualquiera que sea mi herida.

Enséñame (seré tu esclavo)

Enséñame a esperar.

Enséñame a pedir perdón.

Enséñame a volar sin ti.

Enséñame.
O busca entre la gente
a alguien dispuesto a ser
tan fiel y sumiso como lo seré yo.

Siempre a tus órdenes.

Siempre sufriendo por tu amor.

Enséñame cómo puedes jugar con mis sentimientos:
Aprehender siempre de tus silencios,
que no soy lo suficientemente bueno para ti.

Estar conmigo es sólo una buena obra.
Tan molesta es mi presencia.
Tanto como mis sentimientos interrumpiendo tu felicidad.
Puedo sentir tu decepción, cada vez que me miras.
Y el olvido, de todas mis promesas.

Mi miseria es tu riqueza.
Mi desequilibrio tu ventaja.

Córtame los brazos y la piernas si es necesario.
Lo asumiré con gusto si es para estar sólo a tu lado
o, esperándote, después de ver cada mañana
como te vistes cada mañana para ir a trabajar
y cada tarde para ir a divertirte.

Seré un mueble más,
adornando tu salón.
Nada más te pediré que un plato al día
de comida para perros.

Puede ser la más barata.

Tú, el más caro de mis vicios.

Porque mi alma es tuya,
mi dinero también,
trabajo sólo para ti,
respiro para que tú respires,
sufro para que tú disfrutes.

Sufro para tu disfrute.
Y pienso que nunca llegaré a cansarme.
Porque ya lo estoy.
Harto de ti.

Y aún así no puedo evitar volver a esto una y otra vez.

No puedo dejar de darle vueltas
ni aspirar a un final feliz
en el que me aceptes tal como soy.

Únicamente tu esclavo.

Enséñame.

Enséñame

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2
2019-03-17

El escritor

Algunas veces,
la mejor opción,
es el camino más fácil.
Yo,
sin embargo,
ante cualquier disyuntiva,
no tengo ninguna duda:
siempre escojo el camino imposible.

Resulta mucho más dramático,
un paso más,
junto al alcoholismo,
para saciar mi necesidad de ser recordado
como un poeta maldito.

Esta noche ha sido noticia el fallecimiento del escritor Ernesto Bánegas, famoso, además de por obras como “SITCOM” y “cosas imaginarias”, también por llevar una vida desordenada no exenta de polémicas. El escritor, muerto, de acuerdo con la nota de prensa escrita por la familia, a causa de complicaciones en una operación; solía afirmar que su alcoholismo era consecuencia de las pesadillas que le atormentaban cada noche.

Se despertaba sintiendo que miles de arañas recorrían su piel. Cada noche era para él un encuentro con la desesperación ya que siempre temía morir por una de sus picaduras. Decía que, por esa razón, le resultaba imposible irse a dormir sin antes hacer una larga visita a su mueble bar para beber hasta quedar inconsciente. Además del alcohol se rumorea que también coqueteaba a menudo con el rohipnol y el lormetazepan.

Solía despertarse después en plena noche, en posturas imposibles, tumbado en el sofá o sentado sobre una alfombra con la cabeza apoyada en la mesa de su salón. Decía que en aquellos momentos su ánimo era más débil y su inspiración más fuerte, cuando todas las musas de los siete reinos de la literatura acudían a visitarle y él les pagaba escribiendo un conjunto de palabras mágico, desordenado y sublime. Sin duda no plato de buen gusto para cualquier lector, porque había quien veía en él a un genio mientras otros le acusaban de farsante.

Descanse en paz un héroe literario que, en su vida privada, siempre se mostró como un cobarde ante los vaivenes de la existencia.

 

escritor

 

Supongo que es demasiado largo para un epitafio
y,
sin embargo,
es lo que me gustaría que pusieran en mi tumba.
Algo que no me describiera en absoluto
ser recordado como un personaje literario,
porque las personas siempre mueren
y ellos no:
son dueños de un olvido que nunca llega.

La realidad
es
que
si mi vida fuera literatura
sería mucho más apasionante que la tuya.

Lo cierto
es
que
si bebo tanto
no es para ahuyentar a las pesadillas,
sino para no echarlas de menos al despertar.

Y,
sobre las teclas,
no consigo recordarlas tal como fueron
y vuelo por encima de la realidad,
atravieso las paredes
y escupo rayos láser a través de mis ojos.

O
me quedo,
sin más,
sentado en un sofá,
mirando como el infinito
se transforma en un conjunto de burbujas lisérgicas
hasta que se hace de noche
y mi casa se convierte en un conjunto de luces que proyectan sombras.

Y esas sombras son el lugar perfecto para esconderme.

Y, ahora, empiezo a escribir.

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Recuerdos de cristal

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2019-03-16

Recuerdos de cristal

Su mente se encuentra atrapada
en una mente frágil, de papel,
que sólo libera sus recuerdos
cuando se pone a llover.

Desconoce el paso del tiempo.
Ahora es un niño que mira
los diferentes colores
de los botellines de cerveza
en el almacén del bar de sus padres.

Cinco minutos más tarde
se ha casado y tiene tres hijos
aunque no recuerda sus nombres,
ni su edad, ni la sonrisa traviesa
de la más pequeña,
cuando sólo tenía tres años
y quería tocarlo todo.

Su hija es su hermana ahora
y van juntos al colegio
compitiendo a ver quién de los dos
se sumerge en el charco más profundo.
Él es el mayor y la defiende
cuando otros niños se meten con ella en el patio,
incluso una vez llegó a pelearse
por ese motivo con su mejor amigo.
¿Cómo se llamaba?

recuerdos de cristal

Volvemos a las paredes blancas de su habitación,
dos mujeres desconocidas le han atado a la cama.
Ahora tendrá unos nueve o diez años,
y sólo ve las paredes blancas, las sábanas blancas.
Y una luz en el centro, compuesta por pequeños trozos
de todas las botellas que espiaba de pequeño
y la habitación se rompe en mil pedazos,
en recuerdos de cristal que hubiera deseado olvidar.

Como aquella noche
en la que vinieron a buscar a su padre,
como a tantos otros,
y después se oyeron disparos en el cementerio,
las huellas siguen estando ahí,
en las paredes de su memoria
aunque a veces no sepa quién es
ni por qué se encuentra en ese lugar.

Y aquella noche en el monte,
de entre los matorrales salieron dos mujeres malas
que teniéndole atado le obligaron a tragarse unas pastillas.
Recuerda que le provocaron un sueño tremendo
del que con suerte, no hubiera vuelto a salir.

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