Romance neoliberal

2018-11-12

Romance neoliberal

Cada vez que me torturabas
simulaba excitarme.
Cada vez que te follaba
me costaba horrores mantener la erección.

Más de una vez me hubiera encantado desaparecer en los tiempos felices,
porque la parte que me encantaba era aquella en la que destrozábamos todo aquello que había a nuestro alrededor.
Y tú llorabas,
sin derramar ni una sola lágrima.
Todas las que merecía.

Sabías que moriría por ti,
pero también que lo haría por cualquier otra cosa.

Y cada vez que te ibas
me hundía en un mar de ansiolíticos.
Y llamaban por teléfono.
Era la comercial de Vodafone.
Si algún día había un final entre nosotros,
ella me esperaría con una gran oferta.

Y créeme si te digo que ya estoy cansado de intentar ser la persona que imaginaste,
que sólo quiero volver y descansar,
a la infancia,
al último día que estuve en los columpios.

Porque quiero vivir siempre al final de una era.
Donde me libere de todo y la necesidad de volver a atarme sea más fuerte que yo.
Y pueda vivir la fantasía de que no nací sólo para desaparecer,
vivir la vida del mendigo al que, en las peores circunstancias, le sigue quedando siempre un día más, una noche más, sí o no a tu lado,
sí o no, ¿volverás a golpearme?
¿Hasta rasgarme la piel? ¿Hasta que todo mi cuerpo se llene de marcas?
Ni aunque me desollaras serías capaz de hacerme sentir algo.
Y, si no siento nada, ¿a qué viene tanto miedo a perderte?

Recuerdo la noche en que te conocí.
Salí a la calle buscando un hogar, porque me habían echado del único que tenía.
Me tumbé en el sofá, sobre tus muslos y tú acariciabas mi mente,
sobre mi pelo, que rodeaba tus delicados dedos.
En aquel momento,
no sé como explicarlo:
Sentí, por primera vez, ser una pieza de toda esta maquinaria.
Después de follar desee, con todas mis fuerzas, que una explosión de gas eternizara nuestros universos en plena simbiosis.
Pero no fue así.
Y ahora follo con muchas.
Y después me masturbo pensando en ti.
Y después follo contigo.
Y nunca siento nada,

sólo la esperanza de desaparecer.

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Bichos

2018-11-07

Bichos

Eres como aquella herida de la que hace un tiempo brotaba sangre.
Aunque ahora se está curando sigue presente el recuerdo del dolor.
Y la piel se siente tan frágil,
como una mañana de invierno
en la que el frío helador se confunde con el sol de la mañana.

Tus lágrimas me hacen sentir,
la manera en que te quiero,
confusa pero intensa.
Si te caes me asusta, pero creo que no caes en la cuenta:
Quien se asusta más soy yo.

Borraría todos los deseos de mi lista
con tal de poder tachar uno de la tuya.

Y si yo me siento inmortal,
o sólo es que me da igual lo que me pase,
eres tú la que me hace sentir
todos los peligros de este mundo.

Y no te gusta dormirte sin dar vueltas,
ni comer sin refunfuñar,
vestirte cuando te lo piden
ni cuando pides que te hagan esperar.

Y conoces el miedo en lugar de la prudencia,
coleccionas marcas en la piel,
tatuajes naturales
sólo heridas de guerra,
la guerra imaginada,
una y mil veces,
contra aquellos que son simplemente malos
y sólo existen cuando los dibujas en un papel.

bichos

Ruptura

2018-11-02

Ruptura

Sé que no tienes mala intención,
pero tus palabras, a veces, hacen daño.
Y me quedo con ganas de decirte:
te odio, no quiero volverte a ver.
Pero luego me sonríes y cambio de opinión.

Si quieres drogarte, drógate.
Pero por favor, no me cuentes historias.
Estoy hasta los cojones de tus cuentos.
Si la homeopatía te va bien
a mí me va mejor la eutanasia.

No quererte, odiarte, no pedir perdón
ni esperar que tú vengas a pedírmelo.

Y si te vas esta noche me igual.
Si no te vuelvo a ver me daré por satisfecho.
Volveré a mis antiguas costumbres
y sólo te escribiré algún mensaje borracho a las dos de la madrugada.
Sólo para que recuerdes quién soy.
Para que caigas en la cuenta
de que estoy en tu lista de personas
que no merecen la pena,
que no buscan redención,
que no se esconden tras cien mil escusas,
a las que no les pareces especial,
que ven en ti sólo una pose.

Mar del cantábrico que, con toda su furia, choca contra mi carne.
Un frío helador que se te mete hasta los huesos.
Me dijiste una vez que mejor suicidarte.
Que no querías que nadie escogiera por ti.
Que querías ser sólo una canción o un personaje literario.
En boca de todos y en posesión de nadie.

Y ahora sólo pienso en todos esos libre que te dejé y nunca leíste.
En esos cedés de varios cuyas canciones nunca llegaron a emocionarte.
En un mundo en el que tú y yo sólo nos hacíamos daño por costumbre.
Dolor sentimos, dolor vivimos y sólo dolor nos gustaba ser.

Porque necesitábamos toneladas de ruido.
Porque nos asustaba el silencio.
Porque necesitábamos la compañía del otro.
Porque nos asustaba estar solos.

Y así rehuías mi contacto cuando quería follarte,
y así me follabas cuando quería estar solo.
De la misma manera que hablabas a todas horas cuando no me apetecía escucharte.
Y desaparecías toda la noche cuando necesitaba verte.
Y me escondías en tu cofre de recuerdos todavía estando vivo.
E imaginabas cien mil maneras de torturarme.

Y con cortes en los brazos y la piel desgarrada
yo te esperaba a que volvieras con ganas de jugar,
de penetrar mi carne o de que me corriera en tu boca, da igual.

Ahora escóndete que yo no dejaré de contar.

Estoy asustado, pero tú sabes que es mi estado natural.

Que después de ti nada siento, apenas existo.

Y es ésta la más agradable de las sensaciones.

¿Quieres perderte? Adelante.

¿Quieres morir? Es fácil, hay mil maneras.

¿Quieres volver? Sólo te pido una cosa.

Hazlo antes de que deje de ser divertido.

Antes de que te convierta en una más.

Otra persona destinada a olvidar.

Una nueva ruptura.

Otro lazo que se suelta.

Y yo cada vez me desconecto más de la realidad.

ruptura

Resumen de nuestras primeras citas

2018-10-30

Resumen de nuestras primeras citas

Las mismas palabras se repiten en mi mente una y otra vez:
has llegado para iluminar mi cielo gris,
desposeyéndome del transeúnte que caminaba entre gente ya olvidada.

Pienso a veces que alguna mañana desaparecerás,
como el sueño anhelado que eres.

Si lo hicieras, no podría olvidarte.

No sé cuáles son tus miedos,
sólo sé que, de repente, te has convertido en parte de nosotros
y que entre los tres podremos vencerlos a todos.

De eso estoy seguro.

Y veo, después de la tormenta, esta noche el mundo en calma.
Y espero mañana, a que la tormenta vuelva a empezar.
Con el desayuno, en los columpios del parque,
los chichones que se reproducen, las zapatillas que caen de los pies,
los pasos que corren constantemente por el pasillo,
tu sonrisa seductora, tu risa explotando, tus gritos perfectos,
ese menú que vuelve loca a tu madre
y esa madre loca que me vuelve loco a mí,
los saltos en la cama, el juego del escondite,
pepona, el bebé, Rudi, la chupa, la lámpara del padrino,
el abuelo Antón, los chupa chups de la abuela,
tu simpatía, tu espontaneidad,
todo lo que te hace tan especial,
tu valor, tu nunca pensar en las consecuencias,
los besos, las caricias y los golpes juguetones.

Estos tiempos tan felices que, desde ahora, siempre permanecerán.

Congelados los pies

2018-10-29

Congelados los pies

La noche es fría,
diluvia
y el viento me da de frente.
Mis ojos no descansan.
Tengo el abrigo empapado,
congelados los pies.

Trato de quedarme con todos los detalles,
debo quedarme con este momento para siempre.
Nunca me he sentido tan frágil y tranquilo al mismo tiempo.
Podría llegar cualquier enfermedad y llevarme con ella.
Quisiera descansar,
pero veo demasiado clara la línea que marca el camino.

Y la lluvia no cesa.
Y está tan lejos ese hogar.
El que inventamos los dos
más allá de cualquier mundo.

Y la luna se esconde detrás de las nubes.
Nada hay que me recuerde tu cálida sonrisa
salvo mi imaginación.
Quisiera quedarme contigo,
confundirme con estas gotas que no cesan.

Ser un charco en medio de la ciudad,
y así poder espiarte.
Y pegarme a tus pies.

Confundir nuestros caminos.
En noviembre.

congelados los pies

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