Amor en 140 metros cuadrados

2019-01-15

Amor en 140 metros cuadrados

Recuerda, por favor,
que, en aquel instante supremo
en que decidiste aborrecer la vida,
no lo hiciste por puro convencimiento
sino embriagado por las palabras del poeta.

Recuerda que sólo tú decidiste odiarte,
que la vida seguía su curso
sin importarle demasiado
el modo en que tú decidías encararla.

Quizá este momento no es el mejor
que pudiste haber conseguido,
pero el pasado se ha ido.
Nada puedes hacer
salvo construir un nuevo presente.

Empezarás, quizá de nuevo,
a construir la casa por el tejado.
Pero ellas estarán ahí, siempre,
por más que intentes despegarte
con tus rabietas pueriles.

Recuerda, de nuevo,
que ellas son los cimientos
y que todo lo que construyas
por muy torcido,
deficientemente planificado, roto,
por muy desconchadas que estén las paredes,
aunque sea un desastre,
será vuestro desastre, una excusa perfecta
para acercarte a la vida,
y rechazar todo aquello que te lleva a la muerte.

Por eso, esta noche,
recogerás todos los deseos no cumplidos,
el pasado que ya no se puede cambiar,
las cien mil catástrofes que anuncian en tu televisor,
las heridas en tus brazos, tus piernas,
las cicatrices de tu cerebro,
tu nariz tantas veces calcinada,
los monstruos que no tienen
ni nombre ni pasado
y los mandarás lejos,
tanto que serán invisibles para los prismáticos
y quemarás el mapa del tesoro
y, con pintura naranja,
dibujarás un cruz en medio de tu salón.

Y, ahora, tras una pausa dramática,
sé que quieres que te escriba directamente,
y te diga que todas las cosas que te dije
cuando escogí la oscuridad eran mentira.

Y no quieres escucharlo
pero me has salvado la vida tantas veces.
Porque mi silencio
no esconde sólo mentiras,
ni una lucha sin cuartel.

Esconde el agradecimiento
que no puedo expresar con palabras
y la increíble verdad de que os quiero.

De que mi vida ya no es mía sino nuestra.

amor en 140 metros cuadrados

Los finales felices

2019-01-14

Los finales felices

Aquella noche
decidimos pintar
todas las paredes
de chocolate.
Acabamos exhaustos
y, antes de irnos a dormir,
juntamos nuestros labios
y sentimos una descarga eléctrica.

Después nuestras lenguas
acabaron rozándose con suavidad.

Era una noche de invierno
y, por primera vez en tu vida,
no estabas congelada.
Aún así, nos metimos en la cama,
olía a nuestro sudor y sábanas recién lavadas.
Te tumbaste a la izquierda
y yo te abracé por detrás
sólo para sentir tu calidez.

Un mal sueño me hizo despertarme,
alargué el brazo y todavía estabas ahí.
Se disolvieron entonces todas mis pesadillas
y, decidí, por primera vez, no abusar de los psicofármacos.

Recuerdo aquella vez que me preguntaste
por qué los tomaba a todas horas.
Yo te contesté que porque siempre estaba enfadado.
Y, ante una avalancha de preguntas,
Nunca supe decirte el motivo exacto.

No pude dormir durante un tiempo,
Me levanté y alimenté nuestras plantas
con las gominolas que crecen en los árboles del jardín.
Después me hice un café,
mucha leche y mucho azúcar.
Ni la más mínima gota de alcohol.
No porque no lo necesitase,
sino por no romper la noche
ni despertarte con olor a decepcion.

Y volví a acostarme a tu lado,
y con tus manos diminutas me tocaste la cara,
te diste la vuelta
y volviste a roncar de aquella manera tan encantadora.

Y la luna dio paso al amanecer.
El sol de la mañana amenazaba con tocarnos
Intentaba entrar a través de nuestros ojos cerrados.
Eran nuestras primeras vacaciones
en doscientos años me dijiste:
cierra la ventana y vuelve a la cama.

Y pude ver a los hombres de negro esperándome,
preparados para llevarme a un nuevo infierno,
cuando todo acabara.
Intenté decírtelo pero me pusiste un dedo en los labios.

Porque era aquella una mañana soleada,
Y no sentíamos ningún ruido,
ninguno desde el mundo interior,
ninguno desde el mundo exterior.

Desayunaríamos pizza del día anterior,
Café y lameríamos las paredes,
Después de nuestras lenguas,
suave y delicadamente,
como si no pasara el tiempo
y nunca más necesesitáramos nada
que pudiera obligarnos a salir.

los finales felices

El fin del verano

2019-01-01

El fin del verano

Reflexionando sobre mi naturaleza divina
caí en la cuenta de que podía hacer muy pocos milagros.
Que me gustaría convertir el agua en vino
y, sobre todo, saber parar antes de que me siente mal.
Pero todo eso es imposible.

Y otras tantas promesas que te hice
también fui incapaz de cumplirlas.
No pude salvar al mundo.
Carezco de la virtud de amar a los demás
como a mí mismo
Y quizá podría hacer algo más,
pero me aburren vuestras oraciones.

Y esta noche te había prometido
fregar los platos antes de acostarme.
Ni siquiera eso podré hacer por ti.
Tengo que irme a otro lugar.
Dejar abandonados a todos los apóstoles.

Gritar,
cuando llegue la noche,
que yo no soy el mesías,
porque me gustaría resucitar a los muertos
pero eso es imposible.
Y, si alguna vez pensaste que podría hacerlo
fue sólo porque quisiste hacerlo.
No me eches a mi la culpa.
Hoy no cargaré con tus pecados.
Nunca más podré redimirte.

Y aún así esta noche soñarás
que soy tu ángel de la guarda.
Conservas compacta toda tu fe en mí.
Pensarás que hoy puedo hacerte feliz.
Pero no ocurrirá,
Esta noche no.

Sólo te diré que lo que eres es tu mayor pesadilla
y, después, me marcharé
dejando la loza a medias,
sin decirte que seré capaz de hacerte feliz,
porque es imposible.

Lo es,
completamente imposible esta noche,
que no es una noche sino una frontera,
la línea a partir de la cual
dejarás de mirarme como lo hacías.
Porque yo también soñé como tú
que todo sería perfecto,
que podría serlo sólo para ti,
que tu amor podría redimirme.

Y tal vez podría dejar de vaciar
tantas botellas.
Pero siempre lo dejé para otra noche,
como haré hoy.

Porque ésta era la noche del milagro,
pero los milagros no existen.

 

el fin del verano

No despiertes a los monstruos

2018-12-22

No despiertes a los monstruos

 

Y en mis noches desnudas
me consumo,
como el cigarrillo entre mis dedos,
y recurro al alcohol
para apagarme.

Pero nunca es suficiente,
fuego conjuga con fuego
y no me deja dormir,
y, en mis noches más oscuras,
me confundo con mis pesadillas.

En ellas soy el niño
que se tapa entero con la manta
y repite, una y otra vez:
no despiertes a los monstruos,
con tu silencio,
y tampoco con tu llanto.
No te muevas,
no respires
porque no tardarán volver a buscarte.

Tuve fiebre durante una semana,
intenté comer pero me desmayé,
después me llevaron a casa a morir
pero me empeñé en quedarme.

En mis sueños imaginé
que nunca me había encontrado con mi enemigo.
Aquella tarde nunca sucedió
y jamás fui portador de toda aquella suciedad.
Porque no deseaba morirme
sólo parar el tiempo
y despertar en otra vida
donde yo fuera el protagonista
y no sólo aquello que pasó.

Y en todas las malditas noches
te recuerdo sin saber quién eres.
Y todas las madrugadas
que paso despierto
en una diarrea de sentimientos.
Eso es con lo que tú te masturbas.
Y todas las mañanas
me levanto destrozado,
con dolor de cabeza,
sin ganas, perdido, derrotado,
sólo deseando algún día volver a dormir
tantas horas que me debes
todas de un tirón.

Y quisiera maldecirte,
volar hacia ti
y en un momento supremo
darte el toque de gracia.

Dormiré otra vez
y soñaré que te estoy matando
aunque tú ya estés muerto.
Porque necesito matarte para curarme.
Sé que captas la ironía.

Es por ti que cuando veo una luz
me empeño en fabricar oscuridad.
Por ti,
por un recuerdo
que me acompañará
toda mi puta vida.

Haga lo que haga,
aunque lo racionalice
de cien mil maneras.
Toda la puta vida.

Superando,
tratando de despertar al monstruo,
poder salvar a tantos niños mancillados.
Sólo para encontrar un lugar dentro de mí
donde poder esconderme.
Un lugar donde poder descansar.

no despiertes a los monstruos

El infierno

2018-12-19

El infierno

Nos conocimos aquí,
ya hace dos años.
Tomamos una taza de café,
una tarde de otoño,
las hojas amarillas
se amontonaban
bajo nuestros pies.
Hablamos de todo,
te presenté a mis fantasmas
y conocí a los tuyos.
Eran, con diferencia,
mucho más crueles.

Y ahora estoy tumbado
en el suelo de tu habitación
esperando a que vuelvas.
Pero no lo haces
y es gracioso.
Porque me serviría
cualquier persona,
cualquiera podría salvarme
y, sin embargo,
me empeño
en esperarte a ti.

Me dijiste una vez que,
cuando apuntabas al cielo,
siempre había un momento
en que la bala dejaba de subir
para caer con fuerza
sobre la superficie.
Nosotros apuntamos alto,
nos creíamos seres
de la misma especie.
Sin embargo, yo era de marte
y tú del infierno.

infierno

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