Sólo viento

2022-05-21

Sólo viento

Soy el florete que atravesó mi pecho,
el garfio que desgarro mi cuello,
los cristales sobre los que caminé buscando respuestas
después de despertar, como una mujer lobo,
en un bosque tenebroso que, tras esconderse la luna llena,
está pleno de zarzas y ramas que pueden cortar la carne.

Fui, quise ser, cuando era niña, el humo de aquel cigarrillo
que conseguía escapar a través de las rendijas de la habitación
en la que aquel hombre quiso obligarme a aprender
todas aquellas cosas para las que era imposible que estuviera preparada.

Me hubiera gustado ser viento, sólo viento, huracanado
que disfruta destruyendo todo aquello que encuentra a su paso.
Pero era solo aire, no yo, sino aquello que me separaba
de aquellos otros niños que se acercaban sonrientes y amenazantes,
decididos a desnudarme, vejarme y someterme a todo tipo de humillaciones.

Sólo viento

Ellos crecieron,
se dijeron a sí mismos que aquellas eran cosas de niños,
cosas que habían quedado atrás,
mientras se convertían en adultos crueles
que vendieron la poca humanidad que les quedaba a cambio de un salario.

Mira a tu alrededor e imagina cuantos de ellos
convertirán tu mundo en un lugar inhabitable.
Míralos, están en todas partes,
agazapados,
esperando el momento en el que convertirse en el peor de tus recuerdos.

Está ahí, en la cola del supermercado,
dispuesto a abalanzarse con sobre la cajera
que respondía a su deseo con indiferencia
motivo que le pareció suficiente
para clavar el cuchillo en su carne una y otra vez.

Están encerrados en habitaciones oscuras,
sólo les observa la sombra proyectada en aquella pantalla
en la que visualizan e intercambian porno de venganza,
vídeos de chicas a las que escupen, golpean y penetran con dolor.

Son depredadores, que intercambian aberraciones en la red profunda.
Los mismos que buscan en las discotecas
y las playas chicas que no puedan mantenerse en pie
que vivirán una pesadilla estando dormidas.

Sólo viento

Son los mismos cuerpos sudorosos, de mirada lujuriosa, pegajosa,
que se me clava en todos los putos sitios.
Yo sé que lo hacen, incluso quienes parecen más inofensivos.
Ellos son, muchas veces, los peores.

No temen a nada pero deberían temerme.
Desde aquel día en que decidí convertirme en infierno.
Ahora sólo me dedico a buscarles,
a los peores, lo que no es muy difícil,
porque casi todos lo son.

Soy dueña de mi cuerpo, de mi rostro insinuante,
mi boquita pintada y nada disimulado escote.
Es sencillo atraerles, morderles el labio hasta sangrar
y rozarles el sexo enseñándoles a arder.

Soy la cuerda que rodea su cuello,
la sierra que desmembra sus miembros y
el disolvente que licua sus cuerpos.

Soy el olvido que se niega a olvidar,
el reverso luminoso de Ted Bundy,
el ángel que vigila en la noche,
soy la estrella que convierte el deseo en cenizas.

Y algún seré famosa.
Ya abro todos los telediarios y sé que algún día me encontrarán.
Ese día internet se llenará de mí
y todos vosotros querréis conocer todo sobre mí.
Me convertiré en un ejemplo para muchas otras,
deberíais meteros en algún agujero y no salir jamás.
Porque somo legión
y el mundo no volverá a ser un lugar seguro para ninguno de vosotros.

Sólo viento

Poesía


Entrada en poémame


El médico

2022-04-14

El médico

Si hubiera estudiado medicina, cosa que no hice no tanto por falta de vocación como de capacidad, tengo bastante claro que en el momento en el que has de elegir a qué rama te quieres dedicar yo no hubiera dudado demasiado: me habría decantado por la medicina forense. No tanto por amor a los muertos como por rechazo a los vivos.


No por torpeza, que hubiera sido un buen motivo, sin duda. Cualquiera que me conozca, aunque en realidad puede que nadie lo haga, que nadie conozca a nadie y que yo sea el nadie de nadie, cualquiera que se detenga a observarme durante más de cinco minutos, notaría aún sin ser siquiera mínimamente perspicaz, que el trabajo de cirujano, eso de cortar, extraer, coser y limpiar no es lo mío. Para empezar, nunca he sido capaz de enhebrar una aguja, por más que chupe el hilo, no, qué va, imposible. Y, aparte de eso, soy muy despistado, capaz de sacar un apéndice e intercambiarlo por un reloj, un paquete de kleenex o dónde coño he dejado yo mis auriculares.


Anestesista (¿hace falta ser médico para eso?) acabaría en desastre. Sería de esos que se reparten las dosis con los pacientes, pues tampoco duele tanto eso de que un médico te coloque un ebook donde debía estar tu pulmón izquierdo o que, por despiste o por llevar la contraria, algún compañero te haya cortado la pierna izquierda al entender que eso que escribiste en grande, ÉSTA NO, significara para él no ÉSTA NO ES LA QUE HAY QUE CORTAR sino CORTE ÉSTA PORQUE ÉSTA NO SIRVE. Y, qué coño, imagino que una vida con eterno parche de morfina en el pecho tampoco estaría tan mal.

El médico


Conste que no tengo miedo a la medicina, ni a los quirófanos. Estoy encantado con mi hipocondría y dispuesto a ponerme a las órdenes de un médico para cualquier tipo de tratamiento u operación. Me encanta la comida de hospital y esos pabellones de psiquiatría, con su compañía peculiar, los cigarrillos pautados y sus cinco comidas al día. Ahí es donde descubrí que el Nesquik le da mil vueltas al colacao, o donde aquel hombre me dijo una vez que sí, que todo el mundo sabía que su hermano estaba muerto, que él también lo sabía, pero que nadie podía negarle lo que podía ver: que estaba sentado en la mesa de al lado y que le hablaba.


Me sorprendió, no obstante, la cantidad de libros de autoayuda, misticismos varios que otros pacientes, personal o gente que pasaba por ahí te recomendaban. El puto Osho o el puto Paulo Coelho. Como si estar loco fuera una opción personal y no el resultado de todas las fuerzas cósmicas del universo conspirando en tu contra. Como si fuera algo de lo que no eres consciente cada minuto de cada día. Cada pastilla, una tras otra, que te recuerda el deseo de no volver a tomarlas. El deseo de volver a convertirte en esa persona a la que no puedes dejar de adorar por más que digan que todas esas fantásticas ideas que se le ocurren son perjudiciales para ti.


Y, en fin, lo peor de ser médico, en mi opinión, sin querer ofender a nadie, desde mi punto de vista, etcétera, etcétera, somos los pacientes. Somos quienes pensamos que si alguien nos ve sufrir debe acompañarnos en ese sufrimiento. Desearía ser forense porque nadie miraría mis ojos esperando ver ahí algo. La puta empatía, no sé. Porque no me moriría de ganas de decirle a los ojos que me observan que, en realidad, me importa un comino. Que no me alegro de que tu hijo esté recuperándose ni lloro contigo por la muerte de tu mejor amigo. Que yo no soy así ni quiero serlo y que lo que más detesto en este mundo es cuando acudes a mí para compartir tus miedos, tu tristeza, tu dolor o tu sufrimiento. Odio que trates de ensuciar mi conciencia con todo eso.


Odio recordar que no soy invulnerable. Que existe, en los demás, la capacidad de utilizar palabras y poner lágrimas en sus ojos y, que sólo con eso, conseguirían de mí lo que quisieran. Acabaría tentado de romper la realidad y erradicar la muerte. Y, sí, puede que me digas que eso me pasaría sólo de joven, a esa edad en la que todo parece posible. Pero, ¿sabes? En mi mente sigue pareciendo todo posible. Joder, es posible que toda esa gente a la que hubiera visto morir me visitara y se empeñara en hablar conmigo en esas tardes de soledad, cuando llueve y, con un libro en la mano, miro por la ventana. Cuando me entretengo mirando a la gente pelear contra el viento. ¿No es eso la vida? Tratar de avanzar mientras un vendaval de sentimientos, recuerdos, traumas y fatigas chocan contra ti. Porque crecer supone, de algún modo, tener la certeza de que te vas a morir y todo ese vendaval simplemente desaparecerá, “como lágrimas en la lluvia”.

El médico


No soportaría pensar que no fui capaz de salvar todo ese vendaval ni haber apagado la luz de tantos ojos demandantes. Con los muertos me llevaría mejor. Ellos también me hablarían, a veces me hablan hasta los objetos, pero sería distinto. Porque creo que los muertos se aferran a los recuerdos felices y van olvidando todo lo demás. Me contarían esas historias, me harían reír, hasta que, poco a poco, fueran olvidándose de pequeños detalles. Cómo se llamaba aquel bar, quién era la persona que me acompañaba o por qué ese deseo que apenas recuerdo ha dejado este vacío en mí.


Desaparecerían ellos y sus historias de una manera más paulatina. Buscarían mi simpatía, pero en ningún caso me considerarían un salvador. Sería, simplemente, su amigo. Alguien a quien la resaca le hunde a penetrar la noche con ellos. La noche que todo lo hace desaparecer recordándonos que habrá un mañana, más historias, quizá algunas que contar y otras que, a mi pesar, nunca podré olvidar. Historias que se confundirán con las mías, incapaces de explicarse a sí mismas o de desentrañar el mecanismo que esconde el secreto de tu sonrisa.

El médico


Cuadernos de viaje lunar


Blade Runner

Alguien voló sobre el nido del cuco


Entrada en poémame


Medusas

2021-08-28

Medusas

Medusas

Bajé al mundo
con el alma desnuda
recorriendo aquellas esquinas
donde contigo veía
escenas urbanas,
tejidas de felicidad
y aires de fiesta.

Solo conmigo
la luz de las farolas
ya no es tan brillante
y, donde había vida,
sólo queda soledad,
miseria,
antiguos rencores
y nuevos reproches.

Medusas

En plena resaca
bajé al playa.
Quería ver otra vez
un amanecer rosado
y, junto a la orilla,
las olas mansas
jugaban
a enterrar y desenterrar
los cadáveres de cien mil medusas
que no supieron volver a casa.

Y recordé una infancia
que no era mía.
Una abuela,
un dibujo oriental
cubierto de arrugas.
Cuánto me quería.

Y de noche
cuando todos dormían,
hacía fresco
pero no frío
y caminaba por las rocas.
El mar,
brillo púrpura,
pulmones silenciosos
esperando a algún incauto
para volver
desde el Pacífico
a quemar el mundo.

Entrada en poémame

Poesía

Caminar con los ojos cerrados

2021-08-16

Caminar con los ojos cerrados

Estábamos cansados
sin tener todavía
edad para estarlo.

Escondíamos nuestras palabras
susurrando en la noche:
“es mi padre,
va al baño,
calla,
que no nos escuche conspirar”.

Nadie debía saber que,
más pronto que tarde,
nos escaparíamos juntos.

Que la vida nos esperaba,
lejos,
muy lejos de este lugar
todo sería diferente,
viviríamos nuestra vida soñada,
prohibido mirar atrás.

Caminar con los ojos cerrados

Caminar con los ojos cerrados

Las palabras escritas
en tinta invisible
que sólo tú y yo podíamos leer.
Te las escribía todo el tiempo
y, después, antes de acostarme,
volvía a escribirte en mi diario.

Nos besábamos cada noche,
dulcemente,
sin lengua al principio
y sin descanso durante meses
que ahora parecen casi
el conjunto de toda mi vida.
Al menos de los días felices.

Palpitábamos impacientes
por descubrir los secretos
del mundo de los adultos
aunque no quisiéramos serlo
pues sólo queríamos esa libertad
que no supieron tener nuestros padres.

Y llegó un día en que cada noche
al salir la luna saltábamos por la ventana,
y los caminos, cubiertos de hojas,
salían a nuestro encuentro.

Y ardíamos en el bosque,
varias veces cada noche,
sin descanso, sin consumirnos,
sin decir nunca que no
pidiendo siempre más.

Y desnudos soportábamos el frío,
las ramas que se clavaban en tu espalda,
nuestros cuerpos eran brasas
y nuestra mente un incendio.

Un conjunto de ideas disparatadas,
un final como el de las películas,
una novela,
una llamada a la acción.

No nos importaba sangrar
porque nos teníamos el uno al otro,
no me hubiese importado partirme en mil pedazos,
si hubiera sido
por intentar
hacer realidad nuestras conversaciones interminables.

Pero los sueños, sueños son,
imposibles
y aún así,
no puedo evitarlo,
me siento culpable.

Porque lo fui,
por hacer tantas promesas,
por no ser capaz de cumplirlas
pues sólo son cuchillas
flotando en el aire
y las palabras cortes profundos
que nos infligimos
cuando intentamos caminar
con los ojos cerrados.

Caminar con los ojos cerrados

Entrada en poémame

Poesía

JUST LIKE WE NEVER SAID GOODBYE

2021-03-29

JUST LIKE WE NEVER SAID GOODBYE

JUST LIKE WE NEVER SAID GOODBYE

Vaya. Justo hace un momento de pura casualidad acabo de enterarme de que ha muerto SOPHIE. Inesperado, claro, sólo tenía 34 años. Un resbalón y una caída al vacío en su domicilio precipitaron su muerte. Una de esas cosas que creemos que nunca pasan.

Sólo un disco que yo conozca. El fabuloso Oil of Every Pearl’s Un-Insides que recorre las fronteras entre el pop pegadizo y la música electrónica con una naturalidad poco frecuente, en el que demuestra no sólo una voluntad de sonar en todas las pistas de baile sino también de hacerlo en todos los ambientes.

Un proyecto indescriptible e inclasificable, baste sólo con decir que en RYM se le asignan siete géneros y veintiún tags descriptivos. Para un disco de tan solo ocho canciones en la que sólo dos pasan de los cinco minutos de duración ya es bastante.

JUST LIKE WE NEVER SAID GOODBYE

Tenía un talento innato para las melodías electrónicas, lo que le permitió colaborar y producir discos y artistas como Madonna, Namie Amuro, Charli XCX o Lady Gaga. Estas colaboraciones muestran su capacidad de adaptación desde la música infantil al pop más sofisticado, pasando por la experimentación con la PC Music y los sintetizadores.

Sin embargo, lo que muestra en su disco es una libertad creativa que, sin dar la espalda a una pulsión comercial, navega también hacia territorios más personales. Podía hacer mucho con muy poco, como se demuestra en la canción que he escogido, que no pertenecía al álbum del que hemos hablado sino a uno de sus innumerables singles.

Me sorprende haber tardado dos meses en enterarme. Debí hacerlo cuando se cerraron las fronteras del Pop, pero no lo hicieron, nunca lo hacen, supongo que porque es un territorio acotado para la inmediatez.

No obstante, SOPHIE demuestra que si bien algunos chicles pierden el sabor al poco tiempo hay otros que lo mantienen intacto por más que los mastiques. Porque no siempre el amor a primera vista se consume con el paso del tiempo. Por eso y por muchas más cosas escucharé su música como si nunca nos hubiéramos despedido.

JUST LIKE WE NEVER SAID GOODBYE

La canción del día

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies