Arde

2019-05-03

Arde

Me enseñaste cómo ardían nuestras pieles
al entrar en contacto una con la otra.
Eran tiempos felices;
venías,
nos pasábamos el fin de semana encerrados en casa.
Después dejabas tu olor en mi cama
para recordarte hasta la siguiente ocasión.

Años después,
descubrí que ese olor nunca se va
por mucho que laves las sábanas.

Pero no es ésa la historia que voy a contar ahora.
Ahora quiero hablar de los abrazos en el balcón,
de llegar al atardecer besándonos
en un banco de piedra de un parque olvidado
y de cuando me quitabas los gusanitos
porque a ti te gustaba comértelos de uno en uno
y a mí a puñados.

Quizá fue aquel mi problema:
yo quería que aquella intensidad
se quedara para siempre.
Y por eso hoy no puedo hacer otra cosa
que recoger de mi armario mi vieja máquina de escribir
para contarte, una y otra vez,
como soy también capaz de arder sin ti.

Tac, tac, tac, tac,
tecla a tecla,
pasan las horas
en esta habitación.

A veces soy yo el que escribe,
el mismo que te odia.
El mismo que el otro
al que le toca estar enamorado
y echar de menos tu piel,
mojada y suave,
de perfume penetrante.

Soy quien no sale de esta habitación
e imagina millones de vidas alternas;
todos los lugares que nos quedaron por visitar.
Somos el que va de sobrado
y el que se siente inseguro.
El que te echa de menos
y también se niega a hacerlo.
El que escribiría hasta el final de los tiempos
y el que sólo está cogiendo carrerilla.
El que se levantará un día sobre todas estar ruinas
y saldrá a comerse el mundo.

A veces soy yo el que escribe,
el mismo que te odia,
quien te echa la culpa
de que se hayan terminado
las agradables tardes soleadas
de nuestra primavera.

Arde

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Todo que perder

Entrada en poémame

Todo que perder

1
2019-04-26

Todo que perder

La luz del sol atravesaba
los cristales de la terminal
e iluminaba nuestros rostros.

Pegábamos nuestros cuerpos,
nuestras pulsaciones se aceleraban
y nos besábamos como si aquel
realmente fuera el final.

Nada aseguraba que hubiera una próxima vez
y nos limitábamos a aprovechar cada momento
como si de verdad fuera el último.

Con melancolía burguesa
recuerdo ahora las habitaciones
pobremente acondicionadas
en las que hacíamos el amor,
una y otra vez. Parando sólo
para alimentarnos de algo
diferente a nuestros
jóvenes y agotados cuerpos.

Hasta que un día tu mirada
se volvió hacia un mundo exterior
diferente a mí,
aún por descubrir.
Y el frío que desprendía
se me metió en los huesos.

Hasta hoy, que todo ha cambiado
ya no cojo ningún avión nervioso por verte
sino deseoso de que ocurra algo
cuando las ruedas se separen del suelo.
Pensando que no estaría tan mal,
que sería indoloro,
si algo fallara
y muriera, cubierto de alcohol,
entre un amasijo de metal candente.

Porque el mundo nos destruyó
y te echo de menos.
Por eso ahora vivo en los aeropuertos,
mendigando un poco de compañía
y comiendo los restos
atrapados en las máquinas de vending.

Y pensando que fuimos tan jóvenes,
lo suficiente como para creernos todas nuestras mentiras
y que ya no quiero ser mayor.

Y que tengo todo que perder,
y que lo haré alegremente
porque ya no estás
y sólo me queda el miedo.

Y escribirte cartas desesperadas,
confusas, donde explicarte fatal
todo lo que siento. Porque a mi
melancolía burguesa,
le queda todo que perder.
Todo que perder.

Aunque a veces piense
que no me queda nada que perder,
excepto el miedo a estar solo.
Nada que perder
excepto el miedo.

Excepto el miedo a estar solo.

Nada que perder.

Perder

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Eutanasia

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Diciembre

2
2019-04-13

Diciembre

Como el pez que,
haciendo un último esfuerzo,
sube a la superficie
para despedirse.

Como en diciembre,
cuando los muertos
abandonan sus tumbas
para colarse en nuestros recuerdos.

Como si tú vivieras en la realidad
y yo en una dimensión paralela.

Como una cebra
corriendo sin mirar
en la explanada
mientras le persiguen los depredadores.

Como en el invierno,
caminando por el bosque
sin lugar donde refugiarme.

Como mi mente se hubiera averiado
y ya fuera incapaz de saber dónde estoy.

Y lo he perdido todo,
corriendo por las calles,
buscando sin encontrar,
sintiendo sin descanso.

Caminando entre la lluvia,
empapado de arriba abajo,
mientras mi corazón
se encoge ante tanta belleza.

Y ante toda esa belleza
no puedo entender
por qué siempre me he sentido tan triste.

diciembre

Tan solitario,
ahora que lo he perdido todo
porque no aprendí de mis errores.
Simplemente me limité a recitar
el papel que me había tocado
y, en la intimidad de mi hogar,
me convertía en la persona que era.

Y vivía entre sangre y pesadillas
y bebía hasta perder el conocimiento.
Y, entonces, soñaba contigo,
que habías venido a visitarme en mi mundo
y ya no existía una distancia infinita entre los dos.

Los universos desaparecían,
las nubes cubrían nuestro cielo
y, en medio de ellas,
volábamos los dos.

Y, después, me despertaba
en una realidad sin sueños,
donde no coges el teléfono
porque no te quieres quemar.

Como la víctima
de un accidente de tráfico
cuando todo salta por los aires,
entre olor a gasolina.

Como si no hubiéramos sido nosotros
los que trajimos el fuego a nuestra existencia.

Como si tú siguieras dormida
y el frío que siento fuera la realidad,
y no pudiera escapar de él
ni quemando todos los bosques.

Y ahora lo he perdido todo,
despierto,
en una casa sucia,
desordenada,
dispuesto a interpretar mi papel
y volver a decirle a todo el mundo
que ya te he olvidado.



 

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La inmediatez de mi silencio

2019-04-11

La inmediatez de mi silencio (universos)

Vivo perdido en la línea que separa la imaginación de la realidad,

en miles de universos,
infinitos todos ellos,

donde suelo perderme cuando me persiguen los fantasmas.

 

Cada mañana me levanto,
y tardo un tiempo en saber exactamente en cuál de ellos me encuentro.
Demasiado tiempo en saber exactamente cuál de ellos es el real.
En qué momento empecé a perderme y en qué momento estoy ahora.

En medio del tiempo, me dices que me vaya contigo
pero yo te contesto que ya es tarde para eso,
ya es tarde para todo.

Y me pierdo en tu universo, de caricias y ternura
mientras te miro con los brazos cruzados
y te contesto con monosílabos.
Todo porque mi yo en este universo ha vuelto otra vez a fallar.
Sin saber cómo, ni cuándo, ni por qué,
o sólo sabiéndolo cuando ya es demasiado tarde.

Me perdí en mi mundo
y tú me pides que vuelva a la realidad.
Podría hacer todo por ti,
pero ¿qué pasa si yo no quiero volver?
¿Qué pasa si ya no necesito sentir
que sigo formando parte de este horror?

Porque aquí sólo soy un actor,
que se aprende el guion y trata de adaptarse a su papel.
Todas las noches hay función
y, en todas y cada una de ellas,
muere,
de forma heroica o miserable,
da igual,
porque,
lo único importante,
es que por fin,
puede cerrar los ojos y descansar.

Y tú quieres que me pierda en tu universo.
Y si estás agotada yo también lo estoy.
Y si crees que lo hago a propósito,
puede que sea verdad,
no lo sé,
lo estoy estudiando.
Pero siempre suspendo.

Y salto a otro universo,
ya no necesito vivir más aquí.
Y lo sé,
soy consciente,
algún día,
llegará,
el momento
en que decidas,
que ya no necesitas volver a saltar conmigo.

universo

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Princesa / Pequeño demonio

2019-04-09

Princesa / Pequeño demonio

Princesa

Princesa desnuda
cuéntame un cuento
y, después,
deja que duerma a tu lado.

Deja que yo me preocupe por el futuro
tú sólo descansa
y asegúrame que no vas a cambiar nunca.
Que la vida no te tocará
en nuestro mundo de fantasía.
Literatura muerta, quizá
retazos de poemas que nadie lee,
para ellos son sólo palabras
y para nosotros todo un mundo.

Pequeña princesa
que sonríe a la luna,
mientras las estrellas vuelan
y la ciudad llora.

Y, siempre que me preguntes si te quiero,
tendrás la misma respuesta:
Sí, incondicionalmente.
Porque eres incondicionalmente mía.
Porque llenas mi mundo de alegría
y de dolores de cabeza.

Sirena en el agua,
emperatriz en el desierto,
en los castillos helados
y en palacios de cristal.

Nunca te acerques a la ciudad,
rechaza su contaminación,
tóxica, moral y acústica.
No dejes que el mundo te cambie.
No crezcas.
Enfádate desproporcionadamente por cualquier tontería.
Duerme sólo cuando tú quieras.
Y nunca dejes de sonreír.


Pequeño demonio

Naciste para acabar con la paciencia de cualquiera.
En algún lugar, el demonio decidió que tú fueras nuestra
y nosotros tus rehenes, desarmados ante tu encanto mortal.

Siempre que te digamos una cosa, harás la contraria
es tu naturaleza,
y, tu obligación, darle la vuelta a nuestro mundo.
Eso y pedir chicles y chocolate todo el tiempo,
comer más que una piara hambrienta,
obligarnos a malgastar el tiempo
que podríamos haber invertido
en terminar la sagrada familia
en ir a los columpios,
y correr más que el hijo del viento.

Porque todo lo haces así;
pasas por nuestras vidas como un terremoto
y se supone que debíamos estar preparados.
Pero, te confieso, pequeño demonio:
No lo estamos.
Ni de lejos.


 

Princesa

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