La tristeza que diluyes

2022-06-19

La tristeza que diluyes

Camino en un desierto de arena y niebla,
no me atrevo a avanzar ni retroceder,
tampoco sé si tengo que hacer una cosa y la otra.
Si debo caminar hacia la luz
o perderme entre los recuerdos de miles de colores.

Estoy empapado, siempre,
No sé si en el purgatorio o el infierno.
Cada gota de sudor es un trozo de vida que se escapa entre mis dedos
y siento dolores inefables,
que te tengo que agradecer a ti Señor
por todas las molestias que te tomas en alargar esta agonía.

Tenía un cuerpo, ahora no lo tengo,
sólo me queda esta sensación de malestar
y, aunque no te lo creas,
puedo sentir como cada una de mis células
se pudren, mueren y desaparecen.

En esta cama de hospital, pienso Señor,
cuando podré conocerte,
si lo haces cuando llegas o debe pasar un tiempo
o si nunca te relacionas
y sólo te dedicas a crear catástrofes,
grandes o presencias,
con las que demostrar tu poder.

La tristeza que diluyes

La tristeza que diluyes

¿Crees que cuando llegue me recordarán?
Te pregunto ahora a ti que,
sentada en esa silla,
te ves obligada a ser testigo principal
de este caso de envenenamiento.

Debí saberlo;
el tabaco es veneno,
el alcohol es veneno,
la comida es veneno
y el aire que respiramos.

Mis recuerdos son cada vez menos y se mueven más despacio.
Te observo a cámara lenta,
con esa sonrisa que iluminaba mi lívido
y ese olor que inundaba nuestra habitación.
El sexo que tantas veces devoré,
los abrazos que rechacé y ahora echo de menos.

Ahora quisiera volver a ver el mundo cuando media más de veinte metros
y las vistas daban a las montañas
y no a un patio interior plagado de camas de hospital.
Cuando clavábamos puñales en la espalda de la vida,
que era como un caballo desbocado, al menos para mí.
Antes de que me encontraras,
cuando la vida me sangraba
y me adoptaste como a un chucho malherido.

La tristeza que diluyes

La tristeza que diluyes

Ahora que soy todo destemplanza y excitación,
cuando la vida se me escapa sin remedio.
De vez en cuando, entre las luces,
Puedo ver tu sonrisa,
siempre tierna, sincera y balsámica

Ahora que me abandono al sueño reparador de los opiáceos
creo que he dejado atrás el dolor y la melancolía
que siempre me han caracterizado.
“¿Por qué te empeñas siempre en ser infeliz?”
Fue una pregunta que nunca pude contestarte.

Hoy, ya casi carne de crematorio,
Tras una vida de no creer en nada,
con tu permiso, ¡oh Señor!,
me reservo la esperanza de quedarme aquí para siempre.

Sólo flotar, confundirme con todas las cosas bellas que hay en el mundo,
convertirme en la tierra y el agua
que te abraza en esta tormenta
que ha convertido en papel mojado esa carta que nunca te escribí.

Aquella en la que te confesaba que siempre me hiciste feliz
por más que yo me empeñara en demostrártelo;
en poner tu vida patas arriba cometiendo,
una y otra vez,
los mismos errores.

Que sólo desearía que,
en un futuro lejano o no,
nuestras memorias volvieran a repetirse una y otra vez.

Cabalgando, arañándonos la espalda cada noche
e iniciando intactos de nuevo el camino,
envueltos en la ilusión de que ese nuevo día
volveríamos a repetir, de nuevo,
cualquiera de nuestras cien mil primeras citas.

La tristeza que diluyes

La tristeza que diluyes



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La ira de Dios (Sebastián Schindel, 2022)

2022-06-18

La ira de D(Sebastián Schindel, 2022)

Sebastián Schindel no es un mal director, tampoco especialmente bueno. Competente a veces y, en esta película, disimuladamente negligente. Pues no se puede decir que no haya sabido crear una atmósfera típica de thriller psicológico, sí, lo hace, se ha leído el manual y lo ha seguido, punto por punto, hasta obtener al final un resultado que supongo que no es el deseado, pues es una película aburrida, predecible e incluso irritante.


El problema de esta película es Kloster, interpretado por Diego Peretti, una especie de Dios que siempre consigue lo que quiere y busca vengarse de Luciana B. (Macarena Achaga) no me queda muy claro que si por despecho o porque la culpa de una tragedia que sucede en su familia y que el mismo provocó.

La ira de Dios


Los miembros de la familia de Luciana van muriendo uno por uno siempre en extraños accidentes y, ahí, en medio, se encuentra el personaje de Esteban Rey (Juan Minujín), un escritor frustrado ahora periodista que culpa a Kloster del fracaso de sus ambiciones literarias.


Esteban Rey investiga las muertes, en teoría, porque finalmente no descubre nada de nada, igual que le ha pasado a Luciana. Es una historia de perdedores que se enfrentan a ser todopoderoso interpretado con el método de poner todo rato cara de acelga y desvariar sobre la ley del Talión.


A Kloster nunca le ponen en apuros. Hay una trama, sí, crímenes que investigar, pero ningún descubrimiento. Sabemos lo que has hecho, sí, pero lo has hecho de una manera tan inverosímil que es imposible que sepamos como lo has hecho y, por supuesto, tampoco lo vamos a explicar.

La ira de Dios


Todo se reduce a Kloster siempre gana, excepto en la tarea de captar mínimamente nuestra atención.

La ira de D(Sebastián Schindel, 2022)



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Resaca

2022-05-28

Resaca

El hambre, el vacío,
mis recuerdos,
la sed mortal,
mi estómago revuelto
y las sábanas pegadas
a mi piel sudorosa.

Y, a veces,
un pequeño y engañoso
instante de luz.
Cuando creo que lo entiendo
para, después, dejar de recordar
cómo llegué a entenderlo.

Y hoy soy un cuerpo más,
apilado en un carro
junto al resto de almas perdidas
después de la batalla.

Y me empeño en pensar en ti,
en maldecir tu nombre
y entregarme a tus recuerdos traicionados.

Porque es peor no sentir nada
que entregarme ese dolor
que siempre vuelve.

Resaca

Resaca


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Adán y Eva

2022-05-27

Adán y Eva

Cuando Eva decidió comerse una manzana y así infligir el mayor castigo posible, la necesidad de trabajar, a todo el género humano, ésta no fue la única de las consecuencias de sus actos. Dios les dijo también algo así como que se avergonzarían de su desnudez, es decir, convertiría al hombre y a la mujer en los únicos animales que necesitarían ir vestidos para no pasar vergüenza.


E inventarían la ropa. Esa herramienta que usamos para esconder nuestros defectos, por ejemplo, con ropa ancha que disimule nuestros michelines, o crear una falsa ilusión sobre nuestras virtudes con el maquillaje, las fajas o los sujetadores push up.

Adán y Eva


Quizá porque fue una mujer la que cometió aquel pecado imperdonable, son las mujeres las que más sufren la necesidad de esconder sus defectos a toda costa. Porque Dios decidió crear una sociedad donde convertirlas en objeto de deseo y disfrute del sexo masculino.


Dirán que eso está cambiando porque cada vez somos un poco más feministas y ateos, al menos los wokes y los progres, a quienes a veces se podrá criticar diciendo que sólo defienden esos ideales para no desentonar en la dictadura judía puritana de pensamiento único. Aunque, en cualquier caso, da igual, porque no consigo encontrar la diferencia entre ser y parecer o adaptar nuestro comportamiento a lo que se espera de nosotros.


Pero, si lo pensamos fríamente, quizá una mujer hermosa pueda conseguir muchas cosas con sólo pedirlas. Cosa que no es capaz de conseguir el más apuesto de los hombres que, compartirá con todos los de su especie, unos genitales exteriores que, en todo momento, le recordarán lo ridículo que es en realidad su deseo sexual.


¿Por qué una mujer masturbándose resulta sensual y un hombre haciéndose una paja en el wáter sórdido? No por otra razón más que la de que el zumba zumba resulta altamente ridículo. Tanto como ese bulto marcado en el pantalón que nos convierte en tan predecibles como ridículos, desnudos, con un preservativo colgando, intentando penetrar a nuestra pareja sexual en una situación casi siempre problemática tanto cuando no conseguimos que nuestro soldadito esté lo suficientemente firme, cuando se nos sale continuamente, cuando nos vamos demasiado rápido o cuando no conseguimos concentrarnos lo suficiente como para hacerlo. Y, después, nos convertimos en una masa sudorosa, agotada, triste sempre post coitum y despreocupada del placer ajeno, en parte porque siempre tenemos ahí a la otra parte dispuesta a darnos unas palabras de ánimo independientemente del nivel de su disfrute.

Adán y Eva


No, creo que Dios no castigó a la mujer con la vergüenza que provoca su desnudez, o no solamente con ello sino con la tortura de convivir con seres que consideran el sexo como fuente de placer propio, que suplican en la cama date la vuelta que necesito correrme. Incapaces de controlar sus instintos y preservar su identidad. Y capaces de violar a mujeres y a niños sólo para conseguir unos segundos de satisfacción que nunca son suficientes ni consiguen saciar esa inherente crueldad que oculta un ese profundo sentimiento de insatisfacción que forma parte de su naturaleza.

Adán y Eva



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