Bailar con tus zapatos

2019-02-11

Bailar con tus zapatos

Pinto con los colores de su habitación
en un cuaderno pequeño
pero atestado de recuerdos.
Tantos recuerdos felices,
mínimo uno por día
durante los últimos diez años.

Al principio pensaba
que bailar con tus zapatos
sería una tarea imposible
… y lo sigue siendo.
Porque puedo adivinar tus reacciones
pero tu mente, sin embargo,
sigue siendo un misterio
que no resolvería ni con el Enigma de Alan Turing.

A veces lo único que puedo hacer
es asentir cuando bailas,
intentar llevar el ritmo correcto
y decir que todo va a salir bien.
Pero pierdo el compás durante un segundo
y te enfadas
por alguna tontería.

Pero nunca dejamos de bailar,
y me muevo de izquierda a derecha
intentando esquivar mi trágico sentido del ritmo.
Y, algunas veces, termino agotado
por no saber esquivar tus golpes
o adivinar tus deseos,
el cariño que necesitas
o cuánto necesitas rechazarlo.

A veces pienso
que para estar conmigo
ha sido para ti condición necesaria
poner a régimen tus deseos.

Y mira que he escuchado veces la misma canción.
Y siempre pierdo el ritmo,
sólo por cuestión de milésimas de segundo
se me escapan entre los dedos
como la niebla
que cubre tu masa gris.

 

bailar con tus zapatos

 

Ahora somos tres,
todavía más zapatos.
Joder. Me cago en la puta.
Es imposible ponerse unos zapatos tan pequeños
sin perder la paciencia.
No obstante,
conseguimos momentos plastidecor
en que surge lo inesperado:
todos nos quitamos los zapatos
y bailamos la misma canción,
cada uno a su ritmo.

Se me cae la baba
cuando nos mira
y estalla en carcajadas.
No me digas que a ti no.

Mejor no digas nada,
no digas nada más.
Porque ya lo has dicho todo.
Permaneciendo a mi lado
frente a mí,
contra mi pose de poeta maldito
con ínfulas autodestructivas.

Me has enseñado a ser feliz,
por mucho que me resista a ello.

Me has enseñado
que no siempre es necesario
esperar lo inesperado.

 

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100000 mariposas

2019-02-06

100000 Mariposas

Creí necesitarte
en tiempos oscuros.
Cuando todo me asustaba,
me sentía solo
y me encontraba hundido.

Tú, sin embargo,
decidiste no aparecer.
Por lo visto,
no merecía la pena
el esfuerzo de acercarte

Ahora has decidido estar ahí
todo el tiempo.
Te gusta pensar
que eres algo más que una molestia,
que somos almas gemelas.

Si algún día fuiste importante
es porque necesitaba alguien
a quien culpar de mi complejo de inferioridad.

Total, nunca me hiciste demasiada compañía.

Estoy mal, pero ya no quiero que me salves.
Tampoco quiero creer en la redención
ni que nadie me diga lo especial que soy,
profundo e inteligente,
ni que no tengo necesidad de torturarme.

He tocado fondo, lo confieso,
pero 100000 mariposas me elevan
y me ponen en pie.

Siempre he odiado a las putas mariposas.

Y mientras me hablas de finales felices
pienso que la vida sólo tiene un final.
No hay revelaciones,
ni momentos en los que todo cambio a mejor,
sólo cambios, evolución e involución.

Y toda la paz que traes contigo
no es más que homeopatía
que intentas vender
al primer imbécil
que se cruza en tu camino.

No quiero moverme,
hoy no me quiero levantar,
siento arcadas cada vez que lo intento.
Me paso el día escondido en la vigilia,
soñando catástrofes y
despertando entre penumbras
para volver después a cerrar los ojos.

Y escondido bajo el edredón
apago el móvil
para que nadie intente convencerme
de que mi vida no puede ser siempre así.
Una sucesión de visitas a mundos irreales,
donde yo soy la marea.

Cualquiera puede tocarme,
nadie puede detenerme.

Nadie puede convencerme de que no todos los días pueden ser iguales a éste.

Excepto las putas mariposas.

que

A veces se cuelan en mi habitación
100000 mariposas de diferentes colores.
Vuelan en espiral, hasta caer encima de mí.
Me hacen cosquillas al caminar sobre mi cuerpo,

Mientras aletean cercanas a mi oído
y me susurran que, inevitablemente,
el viento me llevará a otro lugar.

 

100000 mariposas

 

Dibujan cuadros de noches de tempestad
y, después, amaneceres quietos, silenciosos,
en los que mis pensamientos se funden
con el silencio que me rodea.

Me duele el hombro y mis piernas dormidas
me dirigen torpemente hacía algún lugar.
Allí donde puedo perderme en la belleza
de un mundo que a veces parece irreal.
Por un momento deja de pesarme el cerebro;
sé que sólo necesito dejarme llevar.
Andar por la playa, dejar
que el agua cubra mi cuerpo poco a poco
y se lleve toda la suciedad
que un día me regalaste.

Y, después,
después nada.
Simplemente me agarraré a sus alas
y dejaré que me transporten
al siguiente día.

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Imperativo

2019-02-02

Imperativo

Estoy construyendo un cohete.
Para ir a las estrellas.
Para acercarme a ti.

Esta mañana en el parque
me enseñaste unas hojas.
Volaban de una manera peculiar.

Me ordenaste mil veces
que no las intentara coger.
Con esa manera que tienes
de pedir las cosas.
Porque las niñas,
la primera forma verbal que aprenden
es el imperativo.

Y aún así, cada vez que te ven
todos los árboles del parque
aplauden con sus ramas.

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Me gusta que me llames a todas horas,
aunque a veces sienta el deseo
de enviarte a otra dimensión
al menos un par de horas.

A veces te engaño.
Porque no me canso de que me pidas
que te lleve en brazos a todas horas.
Y a veces te castigo prohibiéndote cosas
que, en definitiva,
no te iba a dejar hacer.

Porque es más fácil,
me siento menos culpable.
Porque me paso el día
pensando:
¿Cómo lo hago?
¿Quién quiero ser realmente para ti?

Sólo tengo una cosa clara:
eres mía,
siempre lo serás,
pase lo que pase,
incluso aunque, a veces,
me saques de mis casillas
siempre me dolerá verte sufrir.
Me sentiré inútil e impotente.

Imperativo

Pero sólo hasta que se te pase la rabieta,
te abraces por debajo de mi cintura
y me sonrías como si nunca hubiera pasado nada.

Y, entonces, me olvido de todas las veces
en que me sacas de quicio,
de cuando te da por saltar encima de la cama
cuando mamá y yo todavía estamos acostados,
de la historia interminable
que protagonizas cada vez
que te ponemos un plato encima de la mesa,
de los lloros que parece que no van a terminar nunca
y de las facetas de mi vida anterior
que ya apenas recuerdo.

La sangre no tira,
no es ningún imperativo,
la sangre no sabe lo que es querer,
sólo pasearse entre venas y arterias,
llegar al corazón e iniciar el viaje de nuevo.

Tú eres quien tira de mí,
porque permíteme ser pesado,
siempre serás mía,
siempre seré tuyo,
siempre seremos los tres una familia.

Harás cada día algo que nos haga sonreír
o reír abiertamente.
Nos sorprenderás con tus razonamientos.
Nos desesperaras cuando te olvides de los colores.
Sufriremos cuando estés enferma.

Y, todo eso, todo lo que he dicho antes,
no importa,
hemos renacido contigo.

(Nota: Estas líneas no sólo van dedicadas a ti, sino también a quien ha sabido perdonarme y seguir adelante, y a mis padres, que a pesar de todas mis complicaciones siempre han estado ahí. Os quiero. )

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Degradación

2019-01-31

Degradación

 

Mi mente se degrada,
puedo sentirlo,
en cada error que cometo
y me empeño en negar,
cada vez que te ataco sin sentido,
al encerrarme en un rincón
y gruñir, y aullar como un lobo
solitario, hambriento y asustado.

Mi mente es mi único hogar,
y cada vez me resulta más difícil
sentirme cómodo ahí dentro.
A veces pienso que me sustituirá
un nuevo inquilino,
alguien que me resulta extraño.
Tanto, como la persona
que habitaba este lugar
hace ya veinte años.

 

degradación

 

Cómo pretendes que te conteste
cuando me preguntas cómo estoy.
Ya ni siquiera estoy seguro de ser
la persona con la que hablas.

Me invade la amnesia y la tristeza.
E intento construir recuerdos felices
entre los sueños de un mundo que se derrumba.
Un mundo sin las agallas suficientes
para llevar esa tarea de destrucción hasta el final.

 

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Desde un lugar inexistente

2019-01-29

Desde un lugar inexistente

La noche no se decide por la tormenta.
Te has ido y el mundo sigue girando,
como si fuera posible
que lo único importante que ha sucedido
resultara indiferente al universo.

Y, de entre todas las mentiras,
sólo me pregunto si,
desde el lugar en que ya no estás,
sigue despierta tu imaginación.

Si pueden volver a tu mente
todas aquellas palabras
que nunca llegaste a leer.
Tantas y tantas cartas de amor
que siguen encerradas en un portafolios
decorado con rejas de metal.

Siempre pensé que, de haberlas leído,
te hubieran parecido ridículas.
Te habrías podido incluso reír
de la desastrosa manera
en que describía mis sentimientos.

Aunque hubieras sigo amable, seguro,
como lo ha sido con ese cáncer
dejando que se apropiara,
una por una, de todas tu células.

Y entre todas las mentiras
que han surgido tras la metástasis,
pienso, por un momento,
que desde allí donde ya no estás
has podido leerlas e imaginarnos
perdiéndonos en el corazón del casco antiguo
y besándonos en cada una de sus sombras.

desde un lugar inexistente

 

Tendríamos dieciséis años y toda la vida por delante.
A ti ya no queda ningún sueño frustrado,
a mí demasiados, pero, entre todas las falsas historias
que nos contamos acerca de del otro mundo,
todavía conservo la esperanza
de que exista una dimensión
donde uno de esos sueños por fin se haya cumplido.

 

 

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