Cenizas

2020-05-22

Cenizas


Convertimos la noche en un incendio,
redujimos a cenizas el mundo a nuestro alrededor,
y, al amanecer, no quedaba nada más,
sólo nuestros cuerpos, que seguían ardiendo.


 

Cenizas

Amor


Entrada en poémame (I)


Manto protector

2020-03-26

Manto protector



Mamá,
acompáñame,
no me dejes sola,
el pasillo es tan largo,
tan oscuro el camino
a mi habitación.

No puedo hacerlo sola.
Mamá, por favor,
las sombras ocultan monstruos,
algunos imaginados,
otros no.

Todos quieren comerse mi carne tierna,
esa que esconde
el dinosaurio de mi pecho.
Me ha prometido
que no dejará que nada atraviese
la suavidad de mi piel.

Pero sé que los monstruos
tienen uñas y dientes afilados,
muchos ojos que miran con maldad.
Sé que te sonríen
antes de morderte
y que estarán ahí,
acechando toda la noche
hasta que el sueño me proteja.

Mamá, duerme conmigo,
quédate conmigo
hasta que amanezca.
Hasta que la luz
derrita sus cuerpos peludos
y desfigure
todavía más
sus horribles rostros.

Sólo quiero que ardan
sólo quiero a mamá
y que vigiles mis sueños.

Mamá, acompáñame,
o mejor,
llévame contigo a tu cama.
Deja que en la oscuridad
pueda sentir el calor
que desprende tu cuerpo.
Que con solo alargar las manitas
pueda tocar tu precioso rostro.
Y sentir tu manto protector
cuando sus ojos brillen en la oscuridad.


Manto protector

Paternidad


Entrada en poémame


Ardiendo

2020-03-19

Ardiendo


Días quietos, futuro incierto;
días largos, pluma inquieta,
días sin ti, noches malgastadas.
Y, mientras,
tu ausencia se cuela entre los huecos de las paredes,
no como, no duermo,
sólo escribo, trabajo y trabajo,
pinto con letras paisajes pintados en blanco y negro,
grises como este cielo de cemento.


Ardiendo

Tú te limitas a no estar.
Yo, trabajo y trabajo.
Construyo un palacio de papel
pero tú nunca quisiste reinar
y las paredes están ardiendo.

Y el Antiguo Orden Mundial
da paso a una nueva sociedad
que anhela el amor perdido
entre las cenizas.

Calcinado,
tumbado sobre las brasas
del infierno de nuestros sentimientos,
frustración y deseos incumplidos.


Tahúres zurdos – Arde


Un virus ha invadido la tierra
y, mientras miles mueren,
yo sólo deseo que vuelvas y me contagies.
Pues no tengo miedo a la muerte,
lo único que temo es darme cuenta,
antes de desaparecer,
de que no conservo nada tuyo.


Ardiendo

Y,
en mis paredes blancas
tu rostro
aparece y desaparece
como las caras de Belmez.

Cada vez más difuminado
por mi perspectiva miope
que confunde tu sonrisa,
antes cálida,
ahora extraña y conspiradora.

Extraño es el tiempo
que confunde
mis recuerdos,
como extraña es la persona
que tú eres ahora.


Los enemigos – Claro que arde


Te entregaré mi cuerpo
que no podrás tocar
sin tus guantes.
Te regalaré mi risa
que no podrás escuchar
entre todo este silencio.
Te mandaré bombones
que no te podrás comer
sin infectarte.
Te acercaré mi perfume
que no podrás oler
tras esa mascarilla.


Ardiendo

Los hombres santos rezan a Dios,
le piden que salve a la humanidad,
que detenga esta pandemia,
pero él insiste en no escuchar,
porque nada puede hacer.
El olor a putrefacción no procede del cielo
sino de nuestras almas condenadas.

Ardiendo


Amor

Desamor

Pensamiento críptico


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Cuchillas

2020-02-28

Cuchillas


Eras solamente un niño cuando nací,
cuando ocurrieron todas aquellas cosas terribles
¿Recuerdas?
Esperma y entrañas de animal.
Hombres santos murieron,
víctimas del fanatismo religioso.
Y tú tumbado llorando en el suelo,
frío de azulejos en tu rostro.
Eran el cadáver de tu inocencia.

Pasaron los años
y se repitieron aquellas tardes de alcohol y barbitúricos,
demasiado cobarde para continuar despierto,
enganchado al narcótico sabor de la eutanasia,
volviendo a ver esas imágenes una y otra vez,
construyen un cuadro tan atrayente,
que puedes revolcarte en el placer y el dolor simultáneamente.
Pero nada de esto tiene sentido si no hay público
y tú eres demasiado cobarde para pasar a la acción.

Duerme, niño, duerme,
yo vigilaré tu sueño,
tomaré el control,
te concederé todo lo que deseas:
sangre, entrañas, polución,
la destrucción de nuevos mundos
sustituyéndolos por otros en los que el placer no tenga límites.

Cogí a aquella muñeca,
pasado desesperado en soledad.
Ella tampoco era capaz de controlar sus recuerdos
y me dijo que le gustaba cortarse la piel.
Empezamos el ritual,
los santos lloraban excrementos
y yo acariciaba su cara con aquella cuchilla.
Sabía que Dios no me pondría límites
si conseguía destruir algo tan hermoso.
Entonces, lo tuve claro,
bebí su sangre y nos besamos,
hicimos el amor
hasta que nos explotaron las venas.
Entonces despertaste
y te convenciste a ti mismo
de que nada más había sido un sueño.

Volviendo a tu vida,
a tu dieta de alcohol y medicación,
once cápsulas,
el polvo subiendo por tu nariz,
invadiendo tu cerebro,
otorgándome el control.
Quieres volver a dormirte
pero te da miedo hacerlo.
Pones la música al máximo,
pero es sólo sonido de fondo
cuando yo te grito al oído.

Y llegas a la conclusión de que estás solo y asustando,
de que nadie va a venir a salvarte.
Sabes que volverán a ocurrir cosas horribles
y sólo tienes tres opciones:
verdugo, víctima o ambas cosas.
Te faltará valor para hacerlo solo.
Te harás cortes en los muslos,
buscando una mínima concentración,
algo que te haga olvidarme.
Pero es tarde ya,
seres mitológicos nos han santiguado con su bendito esperma.
Tomaron aquella decisión por ti.
Siempre estarás solo y asustando,
pero descuida, yo estaré siempre por aquí,
dispuesto a tomar el control
y, por mucho que pase,
puedes contar conmigo,
siempre dispuesto a redimirte
cometiendo por ti todos los pecados innombrables
y necesarios para sanar tu alma enferma de horror.


Cuchillas Cuchillas

Cuchillas

Destructor de entrañas


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Tres mesas girando a la izquierda

2020-02-25

Tres mesas girando a la izquierda


Aquí en la oficina es imposible saber si es de día de noche.
No hay ventanas, solamente fluorescentes
que hacen que todo parezca más oscuro.

Mi mesa llena de papeles que ordenar
los leo,
estudio su contenido cuidadosamente
hasta llegar al final a la conclusión de que no entiendo nada
y guardarlos en un archivador
sin perder la esperanza
de que un día arda todo este edificio
y, con él, todos los recuerdos de mi desdicha.

Tú, vete a saber donde estás tú.
Pensé en escribirte una carta de amor
pero me temo que mis musas no están aquí;
deben estar haciendo cola en la fotocopiadora.
Imposible encontrarlas,
aquello parece una manifestación.

Grupos de grapadoras buscan escondites
en cajones, armarios, incluso el cuarto de baño,
jugando a piedra, papel o tijera
temen la venganza de miles de folios agujereados.

Mientras, nosotros, las hormigas,
trabajamos sin descanso
y también sin posibilidad
de guardar reservas para el invierno,
apenas nos llega para acabar el mes.
Pero te prometo, eso sí,
que algún día atracaré un banco
y, en nuestra huida,
visitaremos todos los lugares que vimos en las películas.

Sería maravilloso, ¿no crees?
Bajar cuestas sentados en estas sillas,
desgastar los rodamientos,
disparar pósits contra las lunas
de los coches de policía.
Convertir estos memorándums
hasta ahora plenos de sopor
en una infinita historia de amor.

La verdad es que ni te conozco,
sólo te imagino conmigo fuera de aquí,
solamente sé que te sientas a tres mesas girando a la izquierda,
que vienes cada mañana con tu carita de sueño
y te vas todos los días a las tres en punto.
Me pregunto qué harás cuando no estás aquí,
si sueñas con escapar como yo lo hago.
Sólo sé que un día me sonreíste,
que nadie había sonreído aquí antes
Y que mi vida
no sería un precio excesivo
a cambio de tu libertad.


Tres mesas girando a la izquierda

Amor


Entrada en poémame


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